...negarse a reconocer la imposibilidad de gobernar una Nación con la colaboración de aquellos cuyo objetivo es destruirla, o es ceguera o es traición.

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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.

02/01/2005

ERC QUIERE UN PACTO DE LEGISLATURA

Pues sí: ERC se ve asaltada súbitamente por un ataque de responsabilidad institucional y se siente en la obligación de garantizar la estabilidad del gobierno de España, y para ello ofrece al PSOE un pacto de legislatura con el doble y confeso objetivo (eso sí, a estos chicos no se les puede negar sinceridad) de arrinconar al PP y de garantizar que el proyecto de estatuto catalán sea aprobado aquí y allí (o sea, en Barcelona y en Madrid).

Bueno. Lo de arrinconar al PP es chocante. Parece que alguien olvida que, pese a todos los avatares que ha atravesado, atesora la nada despreciable cifra de 10.000.000 de votantes. O sea, casi la mitad del censo electoral, "arrinconado" por voluntad de un partidito que tiene 600.000 votantes. Me recuerda aquel chiste de 100.000.000 de chinos jugando al fútbol en una cabina telefónica. Se oye gritar ¡gol!, y al portero que protesta: ¡si es que me dejais solo...! Diez millones de votantes arrinconados... ¡vaya rinconazo!

Pero está claro que, merced a nuestro benemérito sistema electoral, los partidillos como ERC pueden acabar consiguiendo aislar a otros 15 veces mayores que ellos.

Es evidente que ERC hará todo lo que pueda por atar a Zapatero para el resto de la legislatura, tiempo suficiente para que, mandando en Madrid y Barcelona, puedan acometerse cambios irreversibles. Se retorcerá la constitución hasta límites insospechados, se nombrarán magistrados del TC con "sensibilidad autonómica", se liquidarán con cargo a todos los españoles "deudas históricas" como la de la sanidad catalana, etc. En suma, se habrá dado el último empujoncito para que la gran roca supere la cumbre y empiece a descender por inercia el otro lado del monte. Ya nadie la parará.

Creo que el PP desaprovechará una oportunidad de oro si no inicia de una vez por todas una oposición férrea. Y este es un argumento de oro: ERC quiere arrinconar al PP porque es el único partido que puede frenar la desintegración de España, y porque no ve en el PSOE freno alguno a sus ambiciones secesionistas. Este argumento tiene forzosamente que dar réditos electorales en casi toda España, e incluso motivar a los últimos mohicanos que quedamos en los territorios catalán y vasco. Un liderazgo firme que atraiga, con la bandera de ladefensa de la Nación, a intelectuales y políticos que huyan del marasmo del PSOE, a medios de comunicación y a empresarios y profesionales. Se puede conseguir, pero falta un líder.

Es más, yo me lanzaría a tumba abierta a proponer con todo el descaro una reforma constitucional a la inversa. ¿Imposible? Me gustaría ver que piensa el ciudadano si alguien le dice en voz alta que esto hay que frenarlo, que se nos ha ido de las manos. ¿No pretenden los separatistas el máximo? Pues al contraataque, y no a la defensa de cerrojazo. Recordad aquel artículo de Vidal Quadras que un día os cité o transcribí: si la independencia es el 2 y el estado centralista el 0, las negociaciones siempre empiezan en el 1, y siempre avanzan en la misma dirección, con lo cual el final está claro. Primero el 1, luego el 1,2; después el 1,5 porque hacemos ver que nos conformaremos con el 1,8,... y así hasta el ineludible 2. Volvamos a situar las reglas del juego. ¿No quieren romper ellos el consenso constitucional? Pues venga: o todos moros o todos cristianos.
02/01/2005 10:06 Enlace permanente. Tema: españa No hay comentarios. Comentar.

MIEDO

He leído con calma los tres artículos que hoy publican en diarios nacionales Alfonso Ussía, Alejo Vidal Quadras y César Alonso de los Ríos. No puedo evitar sentir una profunda desazón, porque todos ellos, cada uno en su estilo y en su tono, unos más iracundos y otros más melancólicos, destilan una sensación de derrota, de fatalidad, de asistencia impotente al fin de una era, al derrumbe de una nación, al inicio de una incertidumbre y quién sabe si al de un enfrentamiento.

Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, y también que los dioses ciegan a aquellos a quienes quieren perder. Muy mal deben querer los dioses a España y a los españoles cuando los han mantenido ciegos durante los últimos 28 años. Lo que ahora empieza a contemplarse con auténtico terror, como quien ve acercarse una ola gigante contra la que ya no cabe muro de contención ni huida, era algo perfectamente previsible desde el inicio del porceso autonómico para cualquiera que tuviese dos ojos, dos oídos, dos dedos de frente y dos gramos de sentido de Estado más allá de la ambición miserable y de vuelo corto de los políticos que solo viven el día a día.

Nunca, jamás, el nacionalismo ha pretendido otra cosa que el objetivo final de la independencia. Ni por un instante han perdido de vista ese faro en el horizonte que ha guiado su navegación hábil y traicionera. Todo lo demás han sido simples pasos intermedios, con fecha de caducidad, en su camino hacia ese destino que, paradójicamente, no es símbolo de progreso por más que se empecinen en repetírnoslo, sino que está anclado en un pasado que el paso de la historia se encargó de superar.

La tenacidad tiene un premio, y el nacionalismo vasco y catalán está a punto de conseguir sus últimos objetivos. Y todo ello con la colaboración entusiasta de los sucesivos gobiernos españoles. No salvo ni a uno solo, si bien es cierto que hay algunos, como el actual, que están acelerando el proceso hasta extremos que incluso a los más descerebrados nacionalistas les empiezan a parecer increíbles. Otros, en el mejor de los casos, se atrincheraron en sus posiciones y consiguieron simplemente ralentizar algo el avance de la marea. Pero ninguno hizo el más mínimo esfuerzo por denunciar de manera creíble lo que está sucediendo, y menos aún por invertir la marcha de los acontecimientos.

Hoy, los nacionalistas están al timón de la nave que desean hundir. Los zorros guardan el gallinero. Todo empezó con unas demandas de autonomía administrativa, y luego política, enmascaradas de moderación, de proximidad en la toma de decisiones. Hoy se ve claramente que la táctica del café para todos estuvo probablemente inducida por estos propios nacionalistas, puesto que el hecho de igualarles a los demás es precisamente lo que les daba derecho, basándose en su célebre "hecho diferencial", a dar un paso más en su reivindicación. Cada vez que una comunidad de las llamadas "no históricas" consigue legítimamente, por pura razón de igualdad, una competencia de que disponen las históricas, éstas disponen de un trampolín más para exigir otro plus de especialidad, otro trato diferenciado, otro reconocimiento de sus peculiaridades. Y así ad infinitum... o no: simplemente hasta que el único grado posible de distinción sea la soberanía, la independencia.

Estatutos, transferencias, competencias,... son y han sido considerados siempre por los nacionalistas como nuevos instrumentos con los que debilitar más eficazmente al Estado. Lo suyo es intocable, indiscutible, innegociable. Es un derecho ancestral cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. De forma muy adecuada, por cierto: cuanto más perdido esté y más mítico resulte, más difícil será rebatirlo. Una especie de Volksgeist que está por encima de leyes y normas pasajeras, porque entronca directamente con la noción de pueblo, de nación.

Merced a esas competencias transferidas, que para ellos nunca han sido el fin, sino el medio, han ido constituyendo, instaurando y ensayando sus esbozos de estados. Y merced a la más importante de todas ellas, la educación, han conseguido falsear la historia, educar a toda una generación en sus planteamientos separadores, y hacer auténticos experimentos sociales con el único fin de que el verdadero objetivo que siempre han tenido caiga finalmente por su propio peso, como fruta madura, no como resultado de un debate profundo y razonado, sino porque nadie se planteará lo contrario cuando esta generación llegue (ya lo está haciendo) a los puestos de decisión en la enseñanza, en la empresa, en la banca, en la justicia, en los
colegios profesionales, en la sociedad civil, en suma. Una generación que solo ha recibido una versión, una información. Una generación sometida a una auténtica Formación del Espíritu Nacional mucho más eficaz que la del franquismo.

Cadenas de televisión y de radio, prensa, entidades clave como clubes deportivos o cajas de ahorro, ... toda una inmensa y rica maquinaria, pagada con los impuestos de todos los españoles, volcada en persuadir de que no somos españoles. Toda una mastodóntica administración autonómica, y la mayoría de la local, dedicada en cuerpo y alma a la
creación artificial de un sentimiento nacionalista al que no haya alternativa. Con especial dedicación, claro está a la lengua. ¿Por qué? Porque como muy bien dicen, es un signo de identidad. El signo de identidad, el único, porque en todo lo demás resulta, para su
desesperación, que nos parecemos enormemente al resto de España. La lengua es lo que nos ha de hacer diferentes, por decreto, y es por ello que ahí la lucha es sin cuartel. Pero ya hemos dicho que también controlan la educación, con lo cual también es cuestión de tiempo. La
demanda de castellano irá disminuyendo, y las empresas se plegarán dócilmente a las exigencias del mercado: si el mercado les pide catalán, catalán tendrá.

Curiosamente, en el caso de España se da algo que va más allá de los cánones habituales en cualquier separatismo. Lo normal en el separatismo es la voluntad de una región, de un territorio, de separarse de un estado. Ni siquiera eso basta ya a nuestros nacionalistas, que se atreven a ir mucho más allá, sobre todo ante la pasmosa ausencia de resistencia visible. Ellos han de destruir el concepto mismo de España. Más aún: negar que jamás haya existido como
nación. Ahora, en un gesto de magnanimidad grotesca, nos "conceden" que España sea una "nación de naciones". Nada con gaseosa, en definitiva. O más bien un engaño mastodóntico, que se recrea en jugar incesantemente con las palabras para que, de tan manoseadas, dejen de
tener cualquier valor. Ya no es cuestión de "nosotros somos una nación diferente", no. Ahora el lema ya es "nosotros somos una nación, ellos no". Hay que negar la existencia misma de España como nación, como sujeto político con capacidad de decisión.

Lógico, por otra parte: la capacidad de reacción, incluso por la fuerza, de España, quedará reducida a la nada si el problema no se limita a la secesión unilateral de una región díscola, sino que lo que se produce es el estallido total de España para convertirse en
una constelación de naciones, nacionalidades, regiones y cantones.

Todo está perfectamente sincronizado.

Y eso para empezar: ya ha advertido Maragall (ése sí sigue siendo
Molt Honorable, porque las naciones sí tienen protocolos y símbolos y
tradiciones) que, accediendo a sus máximas aspiraciones, se consigue
como mucho un par de décadas de calma, pero que el modelo de
Estado "no se cerrará nunca". Claro: hasta que España, que ahora
dejará de ser nación para convertirse en simple Estado, entidad
puramente administrativa, deje de ser necesaria incluso como tal.
Pero esa promesa de permanencia temporal probablemente lo que
pretenda conseguir sea el silencio de la única institución que
teóricamente debería representar a la Nación Española: la Corona.
También los reyes son humanos (y el nuestro probablemente más que
ninguno, por desgracia) y como cualquier otro quiere asegurar el
futuro de sus hijos. ¿25 años más? Suficiente para poder organizar el
futuro con cierta seguridad...

No me quiero extender más. Toda esta reflexión venía al hilo de que
en los articulistas al principio citados he detectado una rara y
aterradora unanimidad en una especie de sentimiento de derrota, de
irreversibilidad. Y no es que no tengan razón: es que lo lamentable
es que lo descubran ahora. Parece que ha tenido que llegar un
gobierno entregado a la voluntad de los separatistas para que se den
cuenta de que esto es así cuando, repito, hace 28 años que se podía
ver.

Como dice uno de ellos, creo que Alonso, la única esperanza de
supervivencia inmediata, de prolongar la resistencia (lo de revertir
la situación es mucho más difícil), es una rebelión en el seno del
PSOE. Ibarra, Bono, Rosa Díez, Redondo Terreros, Paco Vázquez,...
pero unos ya no mandan nada, y los demás mandan demasiado como para
dejarlo todo por... ¿por qué? ¿por España? Eso ya no se lleva ni
entre la realeza, imaginad entre los políticos...
02/01/2005 10:37 Enlace permanente. Tema: españa Hay 1 comentario.

19/01/2005

¿QUÉ OS PARECE EL PACTO DE RAJOY CON ZP?

zp y rajoy mediana.jpgPues a mí me parece que bien.

Es más, aplaudo la decisión. La aplaudo porque de esta manera podemos llegar a la solución de los problemas que sacuden la unidad de la Nación Española. Bueno, sobre todo EL PROBLEMA. Que no es otro que la indefinición nacional del PSOE. Porque ese es el verdadero problema.

Muchos en este país, pero sobre todo, los más radicales derechistas, nacionalistas y retrógrados, no hacen más que pensar que el problema son los ibarreches, atuchas o roviras. Pues no. Esos son simplemente los actores de una ópera bufa que se fragua en la rendición de una parte de la derecha social de éste país, acomplejada y timorata, a la hora de la redacción de la muy mejorable, y para mi, necesariamente reformable, Constitución Española de 1978, origen de todos estos males.

Teniendo en cuneta la correlación de fuerzas de aquellos momentos, mayoría absoluta, pero absoluta del todo de los partidos nacionales (como ahora) en el Congreso (sumemos AP, PDP, UCD, PSOE, PSP, PCE y algún otro que se me quedará por ahí) se cedió ante ellos por las
debilidades de unos y de otros.

Ahora, pasado el tiempo podemos comprobar cómo la derecha, PP, tiene clara la idea de España (eso espero) y el PSOE está preso de sus indefiniciones y de sus complejos pactictas y progres, verdadero cáncer para la unidad Española.

Pues bien, si entendemos que el diálogo es mejor que la confrontación, siempre habremos de dialogar. Porque dialogar no es ceder, es plantear cada uno sus cuestiones y sus ideas, confrontarlas y si se Llega a una conclusión en común, bien, y si no, pues a otra cosa mariposa. Y esa cosa puede ser la derrota parlamentaria, la derrota en las urnas del PNV y el separatismo vasco en las elecciones vascas (con lo cual después caería Cataluña), o incluso la
celebración del referéndum y dejar así que el pueblo vasco se exprese sobre la unidad con España.

Y

Otro igual en España para afirmar la forma en que todos los españoles queremos estar unidos.

¿O es que pensáis que es bueno mantener unido un matrimonio que se llevan a matar? ¿O es que pensáis que el dar la oportunidad al pueblo de que se manifieste es negativo? ¿Qué clase de demócratas seríamos si no contempláramos esa posibilidad?

¿Qué sería ilegal? Pues si, igual que un improbable (desgraciadamente) referéndum que se celebrara promovido por los ayuntamientos de las ciudades gobernadas por el PP sobre el aborto, la eutanasia o la clonación y el uso de embriones humanos para la investigación. Si la Constitución Española contemplara una más ágil y menos enrevesada manera de celebrar refrendos, podríamos haber planteado esa posibilidad y dar la responsabilidad sobre esos temas y otros a los ciudadanos. Y de esa manera los políticos no estarían todo el día interpretando lo que dicen los ciudadanos sobre temas específicos usando para ello encuestas hechas a medida sobre muchas de las cosas sobre las que nos dan lecciones.

Por otro lado, y volviendo al tema inicial, el hecho de que el PSOE acepte hablar con el PP sobre estos temas, nos da a todos la posibilidad de decir lo que pensamos sobre cómo se están llevando las cosas. Y podríamos plantear las siguientes cuestiones:

1º.- No aceptamos imposiciones de adhesión.

2º.- No aceptamos diferencias ente españoles ni por lengua, ni por historia, ni por situación económica o geográfica.

3º.- Exigimos la defensa del español en todas las comunidades españolas así como el derecho a elegir la lengua en qué dirigirse al Estado en cualquier parte del territorio.

4º.- Exigimos al gobierno que no ceda más competencias a las autonomías, recupere aquellas que inicialmente se cedieron de las no asignadas en exclusividad al estado, e incluso.....

5º.- Se haga una reforma constitucional que elimine de raíz cualquier referencia a diferencias territoriales algunas, máxime si dichas referencias pueden llevar aparejadas diferencias en las relaciones entre comunidades y el Estado.

Y 6º.- que en la reforma de la constitución o en la ley electoral se aminore la importancia de los territorios con una lista nacional o con distritos unipersonales para acercar al candidato a los ciudadanos y poder elegir directamente a nuestros representantes sin
listas cerradas y en dos vueltas. Esto es una coda.
19/01/2005 17:58 Enlace permanente. Tema: españa No hay comentarios. Comentar.

20/01/2005

UN MAR DE MEDIOCRIDAD

sala martin.jpgXavier Sala-i-Martin es un economista catalán. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona en 1985, obtuvo el doctorado por la de Harvard en 1990. Desde 1996 es catedrático (full professor) de Economía en la Columbia University y profesor visitante de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). Ha sido profesor también en Yale (1990-1996). Describe en este artículo la educación en España.

3, 2, 1… Empieza la última prueba de estas olimpiadas: ¡la maratón! Los corredores ponen en marcha sus cronómetros de muñeca y empiezan a mover lentamente las piernas en dirección al estadio olímpico. Súbitamente, el representante español (parece que lleva boina) sale
disparado, corriendo como si estuviera loco, y deja muy atrás a todos sus adversarios. A los 100 metros cae al suelo, destrozado y exhausto, y abandona la prueba. Se abraza jubiloso con su manager porque, aunque no han ganado la carrera, han conseguido el objetivo para el que
entrenaron durante cuatro años: ¡salir por la tele liderando el pelotón a los 100 metros!

Me ha venido esta imagen a la cabeza después de las muchas críticas que nuestras escuelas, profesores y estudiantes han recibido a raíz del informe del PISA que evalúa la capacidad matemática, de lectura y de resolución de ejercicios de miles de jóvenes de países de la OCDE.
El problema, dicen, es que nuestros niños no quedan demasiado bien.
Lejos de representar un fracaso, yo interpreto los resultados como un éxito espectacular: nuestros estudiantes y educadores han conseguido exactamente lo que los legisladores, hechizados por el papanatismo progre que invadió España durante los ochenta, buscaban con la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE). Como el cómico corredor descrito en la cabecera, la LOGSE no ha servido para ganar la carrera importante, pero ha conseguido los absurdos objetivos que buscaba.

Nuestros líderes políticos quisieron un sistema en el que los niños más listos o más trabajadores no destacaran por encima de los demás – supongo que para no herir sensibilidades con injustos agravios comparativos- y eso es exactamente lo que se ha conseguido: un sistema
educativo en el que todos los niños son igual… de mediocres. Cuando se busca simultáneamente la educación universal y la igualdad de resultados, se consigue la homogeneización a la baja. ¡Si! Es cierto que debemos garantizar la escolarización para todos. Pero no al precio
de bajar niveles e impedir que los más brillantes destaquen, progresen o sobresalgan. El fracaso escolar es malo, pero el fracaso del sistema escolar es todavía peor.

Nuestros legisladores quisieron que los niños no tuvieran que pasar por esos supuestos traumas llamados exámenes y evaluaciones y eso es lo que tenemos: niños incapaces de aprobar exámenes… y por eso quedan de los últimos en los ránkings internacionales. Las evaluaciones deben ser una parte importante de la educación. Primero, porque sirven para ver si el niño aprende lo que se le enseña. Segundo, y más importante, porque el sistema educativo debe preparar para el futuro, un futuro que, nos guste o no, ¡estará lleno de exámenes! En el mundo de evolución constante en que vivimos, los jóvenes tendrán que cambiar de trabajo en infinidad de ocasiones y cada una de ellas representará un exhaustivo examen de sus capacidades y conocimientos. No sólo no ayudamos a nuestros niños a prepararse para ello sino que hacemos exactamente lo contrario.

Nuestros representantes quisieron que el aprendizaje estuviera ligado al juego, a la diversión y a la falta de esfuerzo y que se eximiera a los niños de toda responsabilidad… y eso es exactamente lo que hemos obtenido: niños irresponsables, incapaces de hacer algún esfuerzo que no tenga gratificación inmediata y que no dominan herramientas tan esenciales para ir por el mundo como las matemáticas o la lectura. Un buen sistema educativo debe enseñar que la vida no es una gran casa de Gran Hermano donde analfabetos y vagos pueden ganar fama y dinero sin trabajar, esperando simplemente que se produzca un golpe de suerte.
Los niños deben aprender que, en la vida real, no se pasa de curso sin hacer un esfuerzo.

Todo esto es lo que han querido los políticos y todo esto es lo que han conseguido. El problema es que, ahora que cada vez es más patente que los maestros y los estudiantes hacen exactamente lo que les encargaron los que diseñaron la LOGSE, resulta que los responsables de
aquella patraña sacan pelotas fuera y culpan a las televisiones, al profesorado, a las propias familias o incluso a las consolas Nintendo. Y no sólo eso: muchos tienen la cara dura de pedir un ¡aumento del gasto público en educación!

Pero no, señoras y señores ministros, consellers, parlamentarios, senadores y demás comensales del erario público: nuestra educación tiene un grave problema, y su solución no pasa por dilapidar más dinero en un sistema que no funciona. La solución pasa, primero y ante
todo, por que ustedes se den cuenta de que los experimentos progresistas con los que han castigado a toda una generación de chavales inocentes han sido un ostentoso fracaso. Una vez admitida la derrota, dense cuenta de que el verdadero progreso sólo se puede alcanzar con una educación que permita a las futuras generaciones vivir con garantías en el mundo real y no en el país de las maravillas que dibujan las escuelas lúdico-sostenibles. Acepten que la verdadera justicia requiere que todos los ciudadanos tengan garantizado poder
correr y empezar la carrera en igualdad de condiciones. La justicia no consiste en que todos lleguen a la meta al unísono y en que todos tengan medalla aunque no se la merezcan. Y finalmente, percátense de que la vida es una maratón y que si ustedes insisten en seguir
preparándonos para los 100 metros, no sólo seguirán siendo ustedes unos irresponsables, sino que seguirán condenando a nuestros jóvenes a seguir sumergidos en un mar de mediocridad.

© Xavier Sala-i-Martín, 2005
20/01/2005 21:58 Enlace permanente. Tema: otras opiniones No hay comentarios. Comentar.

LA TOZUDEZ DE LOS HECHOS

eta.jpg¿Esta pactando Zapatero con ETA? ¿Son rumores sin fundamento? Desearía que estas reflexiones no fueran mas que un mal sueño.


Un escalofrío ha recorrido mi espalda cuando he escuchado y visto la intervención de Cesar Alonso de los Ríos en el informativo nocturno de Telemadrid. Según su criterio, contrastado, según ha dicho, con otros colegas periodistas testigos de la entrevista a ZP, de sus manifestaciones se evidencia que se está negociando con ETA y que esa negociación tiene como objetivo fundamental conseguir como sea que ZP cumpla su promesa de que en su gobierno ETA se acabaría. Y, como podemos deducir facilmente de la experiencia en la forma de conseguir anteriores promesas, no le importa el precio que haya que pagar con tal de conseguir la foto.

De la misma forma César ha confirmado que se sabe que miembros del PSE ya vienen teniendo contactos con la banda al otro lado de los Pirineos desde hace meses.

De hecho ha indicado que una hora y media antes de la entrevista y a pesar de desconocerla todavía, fiándose de su información y de su instinto, había enviado su colaboración al ABC del jueves, con un premonitorio titular; "Paz por territorios".

Tenemos aquí la explicación de las cuatro horas de entrevista con Ibarreche.

Ahora encaja el inesperado giro en el PP y su oferta "incondicional y sin fecha de caducidad" (como ha repetido esta misma tarde Rajoy después de la representación teatral de la mesa del Congreso).

Se explica que dicha mesa se haya pasado por la piedra una sentencia del Tribunal Supremo que hace ilegales los tres votos de ETA que han permitido la aprobación del plan, con lo que tenían servido en bandeja el asidero jurídico para rechazar el trámite sin entrar en el fondo del asunto.

Se entiende que López Aguilar se apresurara "en caliente" a dejar claro que en ningún caso se recuriría al constitucional ni se haría ejecutar el mandato del supremo para que Atucha cumpliera la ley (y consiguientemente quedara anulada la votación por vicio de forma, independientemente de la prevaricación cometida).

Se ve claro por qué Montilla ha podido tranquilizar a sus socios.

Quizá ese haya sido el motivo real de la reunión a tres con el Rey.

Los primeros plazos del pago ya se están pagando.

Los siguientes serán algunas triquiñuelas y pases hipnóticos en el trámite parlamentario en el que ¡espero equivocarme! habrá sorpresas e inverosímiles cambios en el voto porque nada es lo que parece y nadie está diciendo la verdad.

¿Y el precio total? Seguramente dejar a su suerte a un considerable número de españoles que, siendo también vascos, no renuncian a serlo y despreciar una vez más ¿cuántas van ya? a mil muertos y sus familiares y amigos.

¿Y el premio? "Zapatero el pacificador" y mayoría absoluta por la patria agradecida y deseosa de que no haya mas sangre, aunque sea cayendo en la sima de la abyección (igualito que en el 14 M).
20/01/2005 22:16 Enlace permanente. Tema: españa No hay comentarios. Comentar.

25/01/2005

LENGUA Y CORRECCIÓN POLÍTICA

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB, nos acerca en este artículo a esa Cataluña con miedo a manifestarse en público en contra o al margen de los políticamente correcto, como en el caso de la lengua.

Hace tan sólo dos días Miquel Roca Junyent publicó en estas mismas páginas un estupendo artículo en el que ponía de relieve el miedo a manifestarse en público en contra o al margen de lo políticamente correcto. Y añadía: "Mucha gente dice en privado lo que no se atreve a decir en público. Es más, mucha gente dice en público lo contrario de lo que dice en privado". Si ello es cierto, en general, respecto a muchas materias, en Catalunya es especialmente exacto en un campo particular: en la política lingüística.

En efecto, el debate sobre esta materia está estrictamente delimitado: sólo se aceptan las voces que exigen una mayor imposición del catalán y se descalifica con todo tipo de improperios a quien se atreve a discrepar en sentido contrario. Lo genera un clima de temor generalizado que permite a las autoridades ir tomando medidas sin que en la opinión pública tenga lugar, previamente, discusión alguna. En todo caso, lo políticamente correcto consiste en decir que hay un gran acuerdo social en esta materia y que las críticas no son otra cosa que intentos de crear problemas donde no los hay. Ciertamente, alguna razón hay en ello, pero, como solía decir un amigo mío sobre otras cuestiones, la razón que hay es poca y, además, no es aplicable a este caso.

En efecto, la convivencia en nuestra sociedad entre personas que preferentemente hablan en castellano y las que lo hacen en catalán es modélica. Puede haber algunos casos de intolerancia, tanto por una como por otra parte, pero se trata de raras excepciones que no hacen otra cosa que confirmar la regla. En una tienda, un bar o una oficina pública, unos hablan con total libertad en catalán y otros responden con la misma libertad en castellano, o viceversa, y nadie se enfada, como es natural y propio de personas civilizadas y bien educadas. Todo ello viene facilitado por el hecho de que se trata de dos lenguas muy parecidas cuyo conocimiento es común a la mayoría de los ciudadanos: un reciente estudio muestra que en la región metropolitana de Barcelona el 90% de los ciudadanos entiende y habla catalán y castellano. Por tanto, en la sociedad, es decir, en las relaciones entre ciudadanos particulares, el bilingüismo es usual.

Otra cosa, sin embargo, sucede en la esfera pública, en las relaciones entre poderes públicos y ciudadanos. Alegando el hecho cierto de que el catalán es una lengua minoritaria en el mundo y que el castellano es todo lo contrario, en Catalunya se fue creando en tiempos de CiU una legislación y una práctica en las instituciones políticas que casi ha eliminado el castellano de la vida pública, incluida la enseñanza primaria y secundaria.

Con el nuevo Gobierno tripartito, la política lingüística anterior de imposición del catalán en la esfera pública no se ha modificado y, además, se comienza a regular el comportamiento lingüístico de los ciudadanos en el ámbito privado: en especial, en las actividades empresariales y en las relaciones entre comerciantes y consumidores. Veamos.

Por un lado, a fines de año se promulgó un decreto en el que se exige a los proveedores de la Generalitat -los cuales facturarán este año 8.550 millones de euros, cerca de un billón y medio de pesetas- a etiquetar en catalán. Por el otro, en el proyecto de nuevo Estatut que elabora la ponencia parlamentaria, parece que hay acuerdo en obligar a etiquetar en catalán los productos no sólo fabricados, sino también distribuidos, en Catalunya.

Analizar la racionalidad de estas medidas nos llevaría a hacer consideraciones de distinto género: desde la legitimidad de los poderes públicos para regular ciertos ámbitos privados hasta el coste económico de tales medidas y la repercusión que ello tendría en la economía catalana y, por tanto, en el empleo y en el biesnestar de los ciudadanos, pasando por la compatibilidad de todo ello con un mundo diverso y globalizado. ¿Deberá exigir un importador de productos de Extremo Oriente que éstos ya vengan etiquetados en catalán o una vez ya importados deberá efectuar unos gastos adicionales correspondientes para cumplir con la normativa de la Generalitat? ¿Cómo repercutirá todo ello en el coste de la vida y en el ya excesivo diferencial de inflación de Catalunya respecto al resto de España? Más allá de los dogmas fundamentalistas identitarios, a estas preguntas deberían responder nuestros políticos si los controladores de la corrección política no lo impidieran.

Con todo ello, quizás estamos construyendo una sociedad que tiende a una cierta esquizofrenia: MESEGUER a un lado, los ciudadanos en sus relaciones lingüísticas privadas solucionan fácilmente y con naturalidad sus problemas de comunicación mediante el libre acuerdo; y, al otro lado, los poderes públicos están creando un sistema legal para que no sólo en la vida pública, sino también, cada vez más, en las actividades privadas se actúe de una manera muy distinta. ¿No hay algo de irrazonable en todo ello? Sobre todo si tenemos en cuenta que cada año aparecen datos estadísticos que muestran cómo decrece el uso social del catalán. ¿No será que la tendencia a imponer coactivamente una lengua es equivocada y resultaría mucho más provechoso para la salud del catalán dejar que aquello que es real en la calle -es decir, la libre opción lingüística- lo fuera también en las instituciones y en la normativa sobre el uso de la lengua?

Pero de todo esto no se habla en público: la corrección política catalana lo impide.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB
25/01/2005 20:38 Enlace permanente. Tema: españa No hay comentarios. Comentar.

DOS VISIONES

Presentamos dos artículos, uno de Juan Manuel de Prada, valiente e inteligente periodista y aportando la otra vision a Mario Vargas Llosa.



LAS IDEAS DE LA IGLESIA Por Juan Manuel de Prada

ESCRIBÍA Chesterton que el catolicismo es «la única religión que libera al hombre de la degradante esclavitud de ser un hijo de nuestro tiempo». Quienes acusan a la Iglesia de no acomodarse a los tiempos no entienden que ser católico consiste, precisamente, en oponerse a la mentalidad dominante, en conquistar un ámbito de fortaleza y libertad interior que, impulsado por la fe, permita nadar a contracorriente. Se repite machaconamente que la Iglesia es una enemiga de las ideas nuevas; machaconamente se la tilda de «carca», «casposa» y otras lindezas limítrofes. Un análisis serio de la Historia nos enseña, sin embargo, que los católicos se han caracterizado siempre por brindar ideas nuevas; y que, por sostener tales ideas, han padecido incomprensiones sin cuento. Cuando San Pablo, y con él las primeras comunidades de cristianos, se oponían a la esclavitud no estaban, precisamente, «acomodándose a los tiempos». Chesterton destaca que los católicos siempre han vindicado ideas nuevas «cuando eran realmente nuevas, demasiado nuevas para hallar apoyos entre las gentes de su época». Así, por ejemplo, el jesuita Francisco Suárez elaboró una lucida teoría sobre la democracia doscientos años antes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Francesa; pero, desgraciadamente, aquella teoría fue formulada con dos siglos de adelanto, en una época en que los monarcas fundaban su tiranía sobre un inexistente Derecho Divino. Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito. Cuando, en nuestros días, se caricaturiza a la Iglesia como una enemiga de las ideas nuevas se quiere decir, en realidad, que es -cito de nuevo al autor de El hombre que fue jueves- «enemiga de muchas modas influyentes y gregariamente aceptadas, muchas de las cuales se pretenden novedosas, aunque en su mayoría estén empezando a ser un pequeño fósil. La Iglesia se opone con frecuencia a las modas perecederas de este mundo; y lo hace basándose en una experiencia suficiente para saber cuán rápidamente perecen . Nueve de cada diez de las llamadas «nuevas ideas» no son sino viejos errores. La Iglesia Católica cuenta entre sus obligaciones principales con la de prevenir a la gente de incurrir otra vez en esos viejos errores No existe ningún otro caso de continuidad de la inteligencia parangonable al de la Iglesia, pues su labor ha consistido en «pensar sobre el pensamiento» durante dos mil años. De ahí que su experiencia cubra casi todas las experiencias; y, en especial, casi todos los errores».

Las palabras de Chesterton resuenan hoy con una renovada clarividencia. El error principal de nuestra época se resume en una forma deshumanizada de hedonismo que niega la intrínseca dignidad de la vida; así, se han fomentado prácticas aberrantes, como el aborto, que hoy son cobardemente aceptadas, pero que dentro de doscientos años provocarán el horror y la vergüenza de las generaciones venideras. La idea de defensa de la vida, que los apacentadores del rebaño tachan de vieja, es rabiosamente nueva; vindicarla es un modo -incómodo, por supuesto, pero por ello más excitante- de nadar a contracorriente. Naturalmente, los apacentadores del rebaño procurarán siempre soslayar el debate de las ideas, sustituyéndolo por un ofrecimiento indiscriminado de «modas influyentes» y perecederas. Frente a polémicas profilácticas con fecha de caducidad que no alcanzan el rango de verdaderas ideas, la Iglesia propone una visión humanista del sexo, encauzado por la responsabilidad y no reducido a un mero ejercicio lúdico, trivial y, a la postre, autista. Defender esta idea nueva condena a la soledad y el ostracismo; es el precio -y el premio- que acarrea liberarse de la «degradante esclavitud de ser hijos de nuestro tiempo».

VARIACIONES SOBRE EL CONDÓN Por Mario Vargas Llosa


Lo que parecía un paso de la Iglesia católica con la bota de siete leguas del gigante del cuento para salir de la caverna y adaptarse a la modernidad ha quedado en agua de borrajas. La declaración de la Conferencia Episcopal Española, transmitida el 18 de enero por su portavoz y secretario general, el padre Juan Antonio Martínez Camino, según la cual el uso de preservativos estaría autorizado a los creyentes en el "contexto de una prevención integral y global del sida", fue rectificada al día siguiente por la autoridad pontificia. El obispo José Luis Redrado Marchite, secretario del Consejo Pontificio para la Salud del Vaticano, recordó en Roma que el condón "es un medio que la Iglesia católica condena" y, poco después de recibir ese jalón de orejas, el propio monseñor Martínez Camino daba marcha atrás, afirmando en un comunicado que el empleo del condón sigue siendo, a juicio de la Iglesia, "inmoral".

Parecía cuando menos difícil, para no decir imposible, que la jerarquía católica de España, la más ortodoxa y leal a Roma, pudiera haberse atrevido a formular una toma de posición de esta índole, sin la anuencia, o por lo menos el conocimiento previo, de las altas instancias vaticanas. ¿Fiel a su proverbial astucia, lanzó la Iglesia un globo de ensayo a partir de la complicada España de nuestros días para el catolicismo -donde un Gobierno socialista con amplio apoyo de la opinión pública aprueba los matrimonios gay, reduce o anula los cursos de religión y promueve campañas a favor del sexo seguro- a favor de un aggiornamiento en una materia en la que su posición intransigente le acarrea más críticas y la aleja más de la realidad contemporánea, sólo para dar un paso atrás al advertir la conmoción que aquel anuncio causó en sus estratos más graníticos?

De todos modos, en su declaración a la prensa, el precavido portavoz de la Conferencia Episcopal había dado a entender, de manera un tanto anfibológica, que no se trataba de un cambio radical de la postura de la Iglesia sobre el control de la natalidad por métodos artificiales, sino, más bien, de algo parecido a una licencia provisional y circunscrita, determinada por la gravísima emergencia que constituye la diseminación del sida en ciertas regiones del mundo, sobre todo en África. Y, citando un número reciente de la prestigiosa revista médica inglesa The Lancet, añadió que la Iglesia coincidía con la estrategia propuesta por esta publicación para combatir el sida combinando el uso de preservativos con la abstinencia sexual y la fidelidad conyugal. ¿Qué pasó exactamente? Ya se sabrá. Lo único que debe descartarse es una simple metida de pata de monseñor Martínez Camino, cura inteligente y astuto si los hay para resbalar de esa manera, y quien, sin duda, no ha sido más que un chivo emisario sacrificado en una operación de alto vuelo que falló.

Sea como sea, y pese a la rectificación, hay que ver en este pequeño amago una resquebrajadura en la sólida muralla de la intolerancia vaticana por la que, más pronto que tarde, acabará por desmoronarse su resistencia feroz a admitir que el transparente e incómodo preservativo intervenga en la vida de la pareja a la hora de hacer el amor y libere a los cónyuges, además del riesgo de contagio de una enfermedad, de una gestación no querida. Porque éste es el fondo del problema. Para la Iglesia, el acto sexual no tiene ni puede tener otro objetivo que fecundar a la madre y traer a este valle de lágrimas nuevas almas que sirvan al Señor. La perpetuación de la especie, el mantenimiento de la vida humana, es lo que santifica a la familia y justifica el acto del amor.

La sola idea de placer ha sido siempre motivo de recelo para la moral católica, y de escándalo y abominación si se trata específicamente de placer carnal. El goce de la pareja sólo es admisible, dentro del matrimonio, como consecuencia no buscada de la razón primera y única del encuentro amoroso: la procreación. Desaparecida esta razón por injerencia del discreto capuchón de plástico, o, en el caso de la mujer, de la T de cobre, los parches anticonceptivos o el anillo vaginal, el acto sexual pierde todo asomo de espiritualidad, deja de ser una acción de servicio a favor de la vida, y se convierte en refocilo animal, mera satisfacción de los bajos instintos y rendición a lo más material y sucio de lo humano. Hacer el amor por el mero deseo de gozar, es fornicar, sucumbir a la concupiscencia, pecar.

Esta concepción de la vida sexual, contrapartida inseparable del culto a la virginidad y a la castidad como virtudes supremas de la conducta humana, tan poco realista, y, en nuestro tiempo, en entredicho tan estruendoso con la liberación de las costumbres y de los parámetros morales reinantes en los países modernos, ha alejado de la Iglesia católica a millones de hombres y mujeres y ha ido convirtiendo la adhesión de un gran número de creyentes a la institución en una hipócrita representación de circunstancias, desprovista de contenido y convicción, en la que las prohibiciones de esta índole son poco menos que universalmente desobedecidas por los creyentes, aunque vayan a misa los domingos y se casen y entierren según los ritos católicos.

No es de extrañar que la cuidadosa y rápida alusión del portavoz de la Conferencia Episcopal española a la posibilidad de autorizar el uso de preservativos para combatir el sida haya provocado nerviosismo y cólera en las intimidades del Vaticano y precipitado un desmentido. Porque en el momento mismo en que se resigne a tolerar la presencia de aquel adminículo en la intimidad sexual, la Iglesia se verá obligada a reconocer esta verdad que siempre ha negado (pero que todos los católicos conocen de sobra): que la incitación primordial para hacer el amor, desde los apareamientos de la caverna primitiva hasta los sofisticados debates amorosos de la permisiva sociedad moderna, en todos los seres humanos sin excepción, ha sido la búsqueda del placer y no la fabricación de descendientes. Cuando el ser humano descubrió que había una relación de causa a efecto entre la cópula y el embarazo habían pasado muchos siglos que las parejas llevaban haciendo el amor y no existe, ni ha existido nunca, espécimen humano capaz de experimentar una erección y producir un orgasmo inflamado sólo por la evangélica idea de fecundar a su cónyuge y engordar con nuevos cachorros a la humana grey.

El rechazo sistemático de la Iglesia a admitir que la búsqueda del placer en el ámbito sexuales una legítima aspiración del ser humano y una de las predisposiciones de su naturaleza, contrasta con la tolerancia que siempre ha mostrado con las debilidades de hombres y mujeres (de aquéllos sobre todo, con éstas ha sido siempre mucho más severa) en otros campos, como los placeres de la mesa, el apetito de poder, de riquezas, de lujo y de dominio, entre otros, y a pasar por alto, en muchas épocas de la historia, abusos y desafueros a veces enormes de tiranos y sátrapas que obtenían su bendición. Pese, y acaso como consecuencia de, esa abjuración y horror del sexo y el placer carnal que ha mantenido, su historia se ha visto plagada de caídas en la tentación tan satanizada y combatida, al extremo de que, paradójicamente, la Iglesia católica sea tal vez la materia prima que más ha enriquecido con sus ceremonias, escenarios, atuendos, príncipes, pontífices, mitrados y pastores a disparar la imaginación erótica -no hay pornografía ni erotismo dignos de ese nombre sin hábitos y conventos- y la institución religiosa que protagoniza, hasta nuestros días, los más sonados escándalos sexuales que registra la historia de las religiones en actividad.

Tengo la convicción absoluta de que el condón y sus equivalentes acabarán por ganar la aquiescencia de la milenaria institución y profetizo que el desenlace de esta antigua guerra ocurrirá en un futuro más bien próximo. Veo en este confuso episodio sucedido en estos días en España el vislumbre anticipatorio de la gran revolución, en la que el Vaticano bendecirá el condón como terminó, a regañadientes al principio, por bendecir la democracia, la libertad, el mercado, que antes anatematizaba en nombre de la fe. El anacronismo que representa la doctrina de la Iglesia católica en materia sexual es tan absoluto en nuestros días que, si Roma no cede y se adapta a la realidad, como le piden tantos católicos convictos y confesos, y como lo ha hecho en tantos otros campos, corre el riesgo de verse poco menos que acorralada y marginada como una reliquia vetusta por otras iglesias, las aguerridas, incansables y aburridas iglesias evangélicas por ejemplo, que de un tiempo a esta parte vienen arrebatándole la adhesión de los sectores más empobrecidos del Tercer Mundo.

Conviene que lo haga y que se adapte a su tiempo, porque nada bueno sobrevendría a la humanidad si, por valetudinaria y reacia al progreso, la Iglesia católica terminara siendo un cascarón vacío, sin audiencia. La religión es importante para encausar la ansiedad y el desasosiego que produce a los seres humanos su condición mortal, su incertidumbre y su miedo frente al más allá, y para embridar aquellos instintos que, dejados en libertad, provocarían hecatombes y podrían retrocedernos a las formas más primitivas de la barbarie, como escribió Georges Bataille. Sólo una minoría de seres humanos puede vivir sin religión, suplantándola por la cultura. Para el común de los mortales, además, la moral sólo es comprensible, admisible y practicable encarnada en los preceptos de la religión. Pero, para poder seguir existiendo como esa fuerza viva y operante que fue en tantos momentos del pasado, cuando representó un progreso intelectual, político, científico y moral sobre los cultos y religiones de la antigüedad, o en la Edad Media, cuando fue prácticamente la sola institución capaz de aglutinar y dotar de un sentido y un orden a una comunidad estremecida por el miedo, la confusión y las guerras, la religión necesita adaptarse a las realidades de la vida y no exigir a sus adeptos lo imposible. ¿Acaso la supervivencia de la Iglesia católica no vale un condón?
25/01/2005 21:07 Enlace permanente. Tema: otras opiniones No hay comentarios. Comentar.

GREGORIO ORDÓNEZ

ngoyoordonez.jpgSe conmemoran los diez años del asesinato de Gregorio Ordóñez. Con él, la ETA inició un nuevo camino en su estrategia, encaminado a exterminar físicamente a quienes desde los partidos democráticos se oponían a sus designios. Doble resultado, dos por el precio de uno: se mata al líder y se aterroriza a sus seguidores. La conmoción fue general, pero el proceso siguió, y a medida que los cabezas de lista fueron más y mejor protegidos, la diana se fue posando en humildes concejales, señalados a menudo, sin duda, por sus "compañeros" de consistorio.

El PNV se llenó la boca de palabras de solidaridad y de apoyo a sus colegas asesinados, pero nada cambió. Nunca en estos años ha muerto un solo político nacionalista. Nunca un nacionalista ha precisado escolta. El lendakari, como bien recuerda hoy Pedro J. en su carta
dominical, ha visto desfilar los féretros de varios de sus más directos rivales políticos.

Pero nada altera el paso firme de los nacionalistas hacia su objetivo común. No hay más que mirar atrás para darse cuenta de lo claro que ha estado todo siempre. Ibarreche no tiene el menor empacho en actuar conjuntamente con la banda que ha eliminado físicamente a sus
principales oponentes. Con los representantes de quienes han conseguido que en muchas zonas del País Vasco ni siquiera existan ya candidaturas no nacionalistas. El árbol y las nueces.

¿Ha servido de algo el sacrificio de Gregorio Ordóñez y de tantos otros? Ha servido tan solo para hacer más llamativo y sangrante el contraste entre la dignidad y la infamia, pero para nada más. Estuvo a punto de ser útil el sacrificio de Miguel Angel Blanco, cuando la
gente se echó a la calle con la intención, sanísima en mi opinión, de linchar a unos cuantos batasunos, por todos conocidos. Aquella noche cundió el pánico en las filas nacionalistas, porque la apuesta de ETA había sido demasiado alta. Pero la tibieza o la desesperación de
muchos y el cinismo y la miseria moral de otros muchos hicieron que, una vez más, el PNV pudiese acudir en auxilio de su brazo armado y evitar su debacle.

Nunca el PNV abandonará a ETA, ni nunca ETA abandonará al PNV. Son las dos caras de la misma moneda, y a cada uno le resulta útil la labor del otro, porque va encaminada al mismo fin. Y todo ello con la aquiescencia del pueblo vasco, de esa mayoría nacionalista privilegiada y fascista que, en el mejor estilo de la Alemania nazi, mira a otro lado cuando al tendero de la esquina le pegan tres tiros. Total, ellos ya no compraban en esa tienda. No era de un
nacionalista. No era de uno de los suyos. También son ganas... Con lo bien que se vive en Euskadi, complicarse la vida metiéndose en política. Nosotros no nos metemos en política, nosotros votamos al PNV...
25/01/2005 21:18 Enlace permanente. Tema: españa No hay comentarios. Comentar.

JOVENES QUE SE LO PONEN

En cuatro años la juventud española que se declara católica practicante se ha reducido a la mitad. En 2000 eran un 28 por ciento del segmento de población comprendido entre los 15 y los 29 años los que iban a misa, que es el ritual que mejor identifica entre nosotros la práctica de la religión católica (la confesión y la comunión son ya para nota); en 2004 el porcentaje ha caído hasta el 14,2 por ciento, o sea, al 50 por ciento. Todo eso lo dice el informe Juventud en España, elaborado por el Instituto del ramo sobre la base de más de 5.000 encuestas.

¿Significa esto acaso que España ha dejado de ser católica, como anunció Manuel Azaña en ocasión desventurada, hace 70 años? No del todo, pero va camino de ello, especialmente si los obispos se siguen posicionando como el miércoles pasado y no como el día anterior. Quiero decir: en contra del uso del preservativo. El "Póntelo, pónselo" no ha tenido éxito porque los jóvenes estén muy predispuestos a secundar las campañas que organizan los adultos, sino que se lo ponen –el condón– de forma abrumadoramente mayoritaria porque mantienen relaciones sexuales desde edad temprana y no quieren ni embarazos prematutos ni sida. Y el deseo de entablar este tipo de relaciones afecta lo mismo a católicos que a agnósticos, a budistas que a musulmanes. Es más bien universal.

Pretender que no haya más sexo que el destinado a la procreación parece un mensaje dirigido a personajes heroicos, de esos que, por definición, entran unos cuantos en cada millón.

Que no vayan a misa los muchachos no implica necesariamente desafección hacia las actitudes religiosas. Curioso: el porcentaje de los que se declaran católicos (63 por ciento) casi coincide con el de los que están a favor del aborto libre y voluntario (61 por ciento), lo cual quiere decir que sus vivencias de la religión –para entendernos, su relación con la divinidad– coinciden poco con los mandatos que vienen de la jerarquía de la confesión en la que están encuadrados, mandatos que tampoco sé muy bien si son "naturales" o "históricos", es decir, generados en un momento determinado y para una sociedad bastante distinta de la actual.

No soy quién para recomendarles nada a unos o a otros. Sólo constato la divergencia y sugiero que será creciente. Si uno se asoma a una iglesia un domingo a mediodía comprueba que la afición es poca y, además de poca, de edades extremas: o personas mayores o niños y
adolescentes que acompañan a sus padres. En medio hay un vacío espectacular. A los obispos les puede servir tal vez de consuelo que en los partidos políticos y los sindicatos la defección juvenil es igual de intensa o más. Pero deberían reflexionar, todos, porque, en
cambio, las oenegés están llenas de jóvenes altruistas que no escatiman energías ni tiempo en apoyo de las causas que creen justas. Claro que en ellas no se exige el cumplimiento de
condiciones que desafían la naturaleza humana. Y no se habla del condón, que yo sepa.
25/01/2005 22:08 Enlace permanente. Tema: españa No hay comentarios. Comentar.


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