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ALIANZA DE CIVILIZACIONES

ALIANZA DE CIVILIZACIONES Almudena Negro, en su columna habitual POLITICAMENTE INCORRECTO publicada en el diario digital SIGLO XXI, escribe una interesante reflexión sobre la popular Alianza de Civilizaciones.



Llevamos meses oyendo hablar acerca de este nuevo invento del talante, pero nadie nos explica en qué consiste. ¿Es la rendición sin condiciones ante los terroristas, tanto islámicos como del nacionalismo vasco? ¿Supone la alianza de civilizaciones tener que aceptar, en nombre de la hipócrita multiculturalidad las ablaciones de clítoris? ¿Alianza con quién y frente a quién? Porque las alianzas siempre se hacen frente a alguien.


Parte el concepto de una premisa falsa: la de considerar que la causa de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, en la escuela de Beslán, el 11 de marzo en Madrid, en Kenia o en Bali es un choque de civilizaciones.

Esto es, la civilización occidental – tan denostada por todos los socialistas de todos los partidos, arrepentidos y avergonzados de su propio éxito, nihilistas de bien- frente a la islámica. Los ricos frente a los pobres. Mentalidad marxista. Burguesía frente a proletariado. La eterna batalla entre liberales y liberticidas.

Naturalmente la culpa reside en las democracias liberales, que han presuntamente humillado y oprimido a los pobres del mundo (siempre imputan a los pobres el terrorismo; siempre imputan a los que triunfan la maldita “suma cero” marxista por la cual para que haya un rico tiene que haber un pobre; falacias enormes). En realidad quienes esto propugnan son los Moore, Chomsky, Zapatero que tanto detestan a la civilización occidental. Que piden perdón por vivir en democracia y en libertad y que odian al que destaca. Y nos venden el apaño de la multiculturalidad, que es un “renuncie usted a su código moral y acepte el todo vale”.

En realidad lo que hay es un choque de tiempos y una rebelión de los fundamentalistas frente al nihilismo tan propiciado por los “progres”. Si a todo eso le sumamos el antiamericanismo, que en realidad es anticapitalismo, reinante, tenemos el cóctel que permite sostener ideológicamente a los terroristas.

Deberían ser los nihilistas y los progres los primeros que entonaran el “mea culpa”, si es que puede achacarse a alguien la responsabilidad que sólo corresponde a quienes asesinan. Es contra ellos la rebelión. Contra su equidistancia moral. Contra su pérdida de rumbo. Y contra la democracia. Democracia que las clases dirigentes, caciquiles y tribales islámicas no quieren. Porque sería su fin.

Nadie debe pedir perdón por su éxito. Tampoco los ciudadanos por disfrutar de un altísimo nivel de vida. Nadie debe avergonzarse de ganar dinero, de “hacer dinero”. Es lo más digno que hay. El esfuerzo, el ahorro, la inversión, el sistema de cooperación social basado en el libre intercambio de bienes entre personas de forma voluntaria, es positivo. Los empresarios no son capitalistas salvajes que explotan a los trabajadores. Son personas que arriesgan sus bienes y que crean empleo. Son los grandes benefactores de la sociedad. A ver si se enteran de una vez.

“La rebelión de Atlas” de Ayn Rand debería ser de obligada lectura en lo que era el antiguo bachillerato. ¡Viva la libertad individual! ¡Viva el esfuerzo! Menos majaderías como “Educación para la ciudadanía” (Espíritu nacional) y menos demagogia, señores. Menos educar a los jóvenes en el fracaso, en el complejo y en la resignación. Porque además en un mundo globalizado, con los jóvenes educados en que la bondad reside en la mediocridad, España y Europa están condenadas al fracaso más absoluto.

Falso y miserable es imputar a la pobreza el legítimo derecho a empuñar las armas y asesinar a inocentes en defensa de los intereses de a saber qué manada o colectividad. O sea, el tan repetido argumento de que “son terroristas porque son pobres”. ¡Cuántas veces no hemos leído esto a periodistas o presuntos intelectuales con respecto al terrorismo palestino!

La solución de Bush es la expresada recientemente por Condoleeza Rice en un artículo publicado en El Mundo: extender la democracia a todo el mundo. A más democracia, a mayor libertad, mejor calidad de vida de las personas.

Pero eso es justo lo que temen los socialistas. Porque sería su fin. Si la democracia liberal se extendiera a todos los países, si el libre mercado se ampliara, las clases medias surgirían como hongos en numerosos países y ellos, los socialistas, se quedarían sin excusa y sin argumentos. Si en Irak triunfa la democracia frente al terrorismo ¿qué nos podrá contar ese que ordenó un domingo retirar las tropas españolas y dejar a los iraquíes a su suerte frente a los terroristas que colocan coches-bomba? ¿Qué legitimidad tendrá aquél que pidió a todos los países que siguieran su ejemplo? ¿Qué rebuznarán aquellos que hablan de insurgencia para referirse a los que ponen bombas al paso de autobuses escolares?

Cuando la democracia triunfe en Irak, y esto es irreversible e inexorable -mera cuestión de tiempo- se extenderá probablemente al resto de países de su entorno. ¿Qué aullarán entonces aquellos que se manifestaron contra las elecciones en Irak?

Pues harán lo de siempre: como el socialismo ha fracasado, como el Estado del bienestar se ha demostrado del malestar, más, más y más. ¡Viva la alianza de civilizaciones!
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