Desde hace más de una semana se viene debatiendo en diferentes medios sobre la cifra de descenso de espectadores en las películas españolas. Aunque la cifra ha sido cuestionada en determinados círculos, que aconsejan esperar a las estadísticas del Ministerio de Cultura, ha hecho fortuna por su rotundidad y ya todo el mundo la asume.
Como aficionado al cine no me causa extrañeza y como ciudadano que paga impuestos me escandalizo porque los poderes públicos en afán progre están utilizando mi dinero en financiar bodrios y panfletos, que en algunos casos no consiguen cautivar más que a unas pocas docenas de espectadores de pago. Por cierto ¿no deberían hacer grandes colas en los cines semiclandestinos donde se proyectan tan conspicuos filmes los miles de militantes que jalean a tan patéticos autores? (jalear es gratis, claro). Creo que hay muchos más y urgentes proyectos en los que invertir el dinero de los impuestos.
Pero es que mirarse el ombligo y estar tan encantado de haberse conocido siguiendo el modelo ZP parece que es la principal ocupación de nuestros cineastas, no el realizar películas dignas que transmitan valores, sino al contrario, resaltar los valores más viles o groseros, cuando no decididamente sectarios. Como lo ejemplifica uno de los más enaltecidos progres de nuestra cutre galaxia cinematográfica.
He tenido la oportunidad, y el placer, de contemplar una sencilla y maravillosa obra cinematográfica recientemente estrenada. Se trata de Los chicos del coro, coproducción franco-suiza de 2004, dirigida por Christophe Barratier. Una pequeña obra maestra, donde se narra sin recurrir a truculencias ni a concesiones sórdidas una historia que transcurre en un internado de chicos problemáticos o huérfanos, en la Francia de la post guerra.
La inmediata comparación que se puede establecer entre el tratamiento de su núcleo temático con el de la película La mala educación hacen perfectamente descriptibles las posibles razones de los citados tres millones de espectadores desertores y las de los varios millones más que ni siquiera se han acercado en los últimos tiempos a las salas donde se proyectaban películas españolas.
Sensibilidad frente a zafiedad. Ternura frente a crudeza gratuita. Amor frente a sexo sucio y homosexual. Esperanza frente a fatalismo y, sobre todo, una narración cinematográfica naturalista, impecable y magistralmente dirigida e interpretada. Y no estamos hablando del denostado cine americano sino de una cultura tan próxima que está al otro lado de nuestra frontera.
Si un parecido tema y escenario es interpretado de forma tan radical por un lado y tan emocionadamente por otro ¿cómo elegir lo peor si podemos disfrutar lo mejor? A una la dejé decepcionado y asqueado hacia la mitad, no me era posible identificarme con lo que pretendía hacer pasar como lo habitual en determinados tiempos. De la otra he terminado leyendo hasta el último rótulo de los títulos de crédito, con los ojos humedecidos.
No necesito explicar que soy uno de los tres millones.
Es ésta una expresión muy querida por los progres de todo pelaje: las elecciones son "la fiesta de la democracia y la libertad". En mi línea de jugador ventajista que plantea apuestas ganadas de antemano, me apuesto lo que queráis a que no oiremos a nuestros progres celebrar de esa guisa las elecciones de hoy en Irak, que han registrado al parecer una participación superior en torno al 70 %, que ya quisiéramos en Europa. Y eso en medio de masacres reales y anunciadas.
Pues yo, que no soy progre pero sí progresista (consultad el diccionario de la Real Academia y os apuntareis al carro), felicito al pueblo de Irak por el valor que ha demostrado y porque además ha dejado en muy mal lugar a tantos analistas y corresponsales derrotistas que se empeñan en sostener que ese pueblo vive ahora mucho peor que bajo la tiranía de Saddam. Sin duda, solo es un primer paso, y cabe incluso la posibilidad de que los resultados electorales otorguen una catastrófica mayoría a partidos fundamentalistas islámicos. Pero como decía el otro día un lector de La Vanguardia, unas simples votaciones no pueden hacer que Irak se convierta en Suiza. Pero son el primer paso que posibilita que haya un segundo paso.
Y felicito también a Bush y a Blair, que en los tres años transcurridos desde el 11 - S han conseguido sumar dos países, Irak y Afganistán, a la nómina de los estados democráticos. Con todas las carencias que se quiera, pero sin duda más democráticos que antes. Y lo han hecho con la sangre y el sufrimiento de sus compatriotas, jóvenes soldados que han dejado la vida a miles de kilómetros de su casa y su familia por una causa que los progres y los acomodaticios, en su miseria moral, jamás comprenderán.
Y por supuesto, extiendo la felicitación a José María Aznar, que hoy tiene un motivo más para sentirse orgulloso de haber adoptado la valiente decisión de apoyar la política de los antes citados, aunque ello acabó cobrándole una desproporcionada factura.
Y también a los Españoles a los que no nos duele decir que estábamos por la democratización de Irak. De aquellos que entendimos y seguiremos entendiendo que incluso la libertad hay que pelearla. La libertad siempre hay que pelearla. Que hay que derrocar tiranos, sobre todo a aquellos que hacen de su tiranía una forma de intentar extender la opresión.
A todos ellos, a todos los que hoy pueden ver el primer acto de democracia en un país que ha sufrido durante tanto tiempo la dictadura y que esperamos que sea el primero de muchos otros.
Pero sobre todo, a todos aquellos que murieron por lograr ésto. A los ESPAÑOLES, y a todos y cada uno de los que allí fueron. Pero sobre todo, a todos aquellos iraquíes que murieron a manos de los terroristas que quieren impedir la llegada de la democracia, a aquellos que han dado su vida por luchar por su país, por un país libre y que han sido asesinados, masacrados a manos de los que aquí, muchos, siguen llamando aún la resistencia. A todos, enhorabuena.
Ahora hay que trabajar para demostrar que esta situación, que demuestra que es falso el axioma según el cual en el mundo árabe no cabe la democracia, no es un espejismo ni un breve paréntesis. Hay que estimular el contagio.
Para los liberales y para los conservadores, y para los progresistas de verdad, hoy es un gran día.
En cuatro años la juventud española que se declara católica practicante se ha reducido a la mitad. En 2000 eran un 28 por ciento del segmento de población comprendido entre los 15 y los 29 años los que iban a misa, que es el ritual que mejor identifica entre nosotros la práctica de la religión católica (la confesión y la comunión son ya para nota); en 2004 el porcentaje ha caído hasta el 14,2 por ciento, o sea, al 50 por ciento. Todo eso lo dice el informe Juventud en España, elaborado por el Instituto del ramo sobre la base de más de 5.000 encuestas.
¿Significa esto acaso que España ha dejado de ser católica, como anunció Manuel Azaña en ocasión desventurada, hace 70 años? No del todo, pero va camino de ello, especialmente si los obispos se siguen posicionando como el miércoles pasado y no como el día anterior. Quiero decir: en contra del uso del preservativo. El "Póntelo, pónselo" no ha tenido éxito porque los jóvenes estén muy predispuestos a secundar las campañas que organizan los adultos, sino que se lo ponen el condón de forma abrumadoramente mayoritaria porque mantienen relaciones sexuales desde edad temprana y no quieren ni embarazos prematutos ni sida. Y el deseo de entablar este tipo de relaciones afecta lo mismo a católicos que a agnósticos, a budistas que a musulmanes. Es más bien universal.
Pretender que no haya más sexo que el destinado a la procreación parece un mensaje dirigido a personajes heroicos, de esos que, por definición, entran unos cuantos en cada millón.
Que no vayan a misa los muchachos no implica necesariamente desafección hacia las actitudes religiosas. Curioso: el porcentaje de los que se declaran católicos (63 por ciento) casi coincide con el de los que están a favor del aborto libre y voluntario (61 por ciento), lo cual quiere decir que sus vivencias de la religión para entendernos, su relación con la divinidad coinciden poco con los mandatos que vienen de la jerarquía de la confesión en la que están encuadrados, mandatos que tampoco sé muy bien si son "naturales" o "históricos", es decir, generados en un momento determinado y para una sociedad bastante distinta de la actual.
No soy quién para recomendarles nada a unos o a otros. Sólo constato la divergencia y sugiero que será creciente. Si uno se asoma a una iglesia un domingo a mediodía comprueba que la afición es poca y, además de poca, de edades extremas: o personas mayores o niños y adolescentes que acompañan a sus padres. En medio hay un vacío espectacular. A los obispos les puede servir tal vez de consuelo que en los partidos políticos y los sindicatos la defección juvenil es igual de intensa o más. Pero deberían reflexionar, todos, porque, en cambio, las oenegés están llenas de jóvenes altruistas que no escatiman energías ni tiempo en apoyo de las causas que creen justas. Claro que en ellas no se exige el cumplimiento de condiciones que desafían la naturaleza humana. Y no se habla del condón, que yo sepa.
Se conmemoran los diez años del asesinato de Gregorio Ordóñez. Con él, la ETA inició un nuevo camino en su estrategia, encaminado a exterminar físicamente a quienes desde los partidos democráticos se oponían a sus designios. Doble resultado, dos por el precio de uno: se mata al líder y se aterroriza a sus seguidores. La conmoción fue general, pero el proceso siguió, y a medida que los cabezas de lista fueron más y mejor protegidos, la diana se fue posando en humildes concejales, señalados a menudo, sin duda, por sus "compañeros" de consistorio.
El PNV se llenó la boca de palabras de solidaridad y de apoyo a sus colegas asesinados, pero nada cambió. Nunca en estos años ha muerto un solo político nacionalista. Nunca un nacionalista ha precisado escolta. El lendakari, como bien recuerda hoy Pedro J. en su carta dominical, ha visto desfilar los féretros de varios de sus más directos rivales políticos.
Pero nada altera el paso firme de los nacionalistas hacia su objetivo común. No hay más que mirar atrás para darse cuenta de lo claro que ha estado todo siempre. Ibarreche no tiene el menor empacho en actuar conjuntamente con la banda que ha eliminado físicamente a sus principales oponentes. Con los representantes de quienes han conseguido que en muchas zonas del País Vasco ni siquiera existan ya candidaturas no nacionalistas. El árbol y las nueces.
¿Ha servido de algo el sacrificio de Gregorio Ordóñez y de tantos otros? Ha servido tan solo para hacer más llamativo y sangrante el contraste entre la dignidad y la infamia, pero para nada más. Estuvo a punto de ser útil el sacrificio de Miguel Angel Blanco, cuando la gente se echó a la calle con la intención, sanísima en mi opinión, de linchar a unos cuantos batasunos, por todos conocidos. Aquella noche cundió el pánico en las filas nacionalistas, porque la apuesta de ETA había sido demasiado alta. Pero la tibieza o la desesperación de muchos y el cinismo y la miseria moral de otros muchos hicieron que, una vez más, el PNV pudiese acudir en auxilio de su brazo armado y evitar su debacle.
Nunca el PNV abandonará a ETA, ni nunca ETA abandonará al PNV. Son las dos caras de la misma moneda, y a cada uno le resulta útil la labor del otro, porque va encaminada al mismo fin. Y todo ello con la aquiescencia del pueblo vasco, de esa mayoría nacionalista privilegiada y fascista que, en el mejor estilo de la Alemania nazi, mira a otro lado cuando al tendero de la esquina le pegan tres tiros. Total, ellos ya no compraban en esa tienda. No era de un nacionalista. No era de uno de los suyos. También son ganas... Con lo bien que se vive en Euskadi, complicarse la vida metiéndose en política. Nosotros no nos metemos en política, nosotros votamos al PNV...
FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB, nos acerca en este artículo a esa Cataluña con miedo a manifestarse en público en contra o al margen de los políticamente correcto, como en el caso de la lengua.
Hace tan sólo dos días Miquel Roca Junyent publicó en estas mismas páginas un estupendo artículo en el que ponía de relieve el miedo a manifestarse en público en contra o al margen de lo políticamente correcto. Y añadía: "Mucha gente dice en privado lo que no se atreve a decir en público. Es más, mucha gente dice en público lo contrario de lo que dice en privado". Si ello es cierto, en general, respecto a muchas materias, en Catalunya es especialmente exacto en un campo particular: en la política lingüística.
En efecto, el debate sobre esta materia está estrictamente delimitado: sólo se aceptan las voces que exigen una mayor imposición del catalán y se descalifica con todo tipo de improperios a quien se atreve a discrepar en sentido contrario. Lo genera un clima de temor generalizado que permite a las autoridades ir tomando medidas sin que en la opinión pública tenga lugar, previamente, discusión alguna. En todo caso, lo políticamente correcto consiste en decir que hay un gran acuerdo social en esta materia y que las críticas no son otra cosa que intentos de crear problemas donde no los hay. Ciertamente, alguna razón hay en ello, pero, como solía decir un amigo mío sobre otras cuestiones, la razón que hay es poca y, además, no es aplicable a este caso.
En efecto, la convivencia en nuestra sociedad entre personas que preferentemente hablan en castellano y las que lo hacen en catalán es modélica. Puede haber algunos casos de intolerancia, tanto por una como por otra parte, pero se trata de raras excepciones que no hacen otra cosa que confirmar la regla. En una tienda, un bar o una oficina pública, unos hablan con total libertad en catalán y otros responden con la misma libertad en castellano, o viceversa, y nadie se enfada, como es natural y propio de personas civilizadas y bien educadas. Todo ello viene facilitado por el hecho de que se trata de dos lenguas muy parecidas cuyo conocimiento es común a la mayoría de los ciudadanos: un reciente estudio muestra que en la región metropolitana de Barcelona el 90% de los ciudadanos entiende y habla catalán y castellano. Por tanto, en la sociedad, es decir, en las relaciones entre ciudadanos particulares, el bilingüismo es usual.
Otra cosa, sin embargo, sucede en la esfera pública, en las relaciones entre poderes públicos y ciudadanos. Alegando el hecho cierto de que el catalán es una lengua minoritaria en el mundo y que el castellano es todo lo contrario, en Catalunya se fue creando en tiempos de CiU una legislación y una práctica en las instituciones políticas que casi ha eliminado el castellano de la vida pública, incluida la enseñanza primaria y secundaria.
Con el nuevo Gobierno tripartito, la política lingüística anterior de imposición del catalán en la esfera pública no se ha modificado y, además, se comienza a regular el comportamiento lingüístico de los ciudadanos en el ámbito privado: en especial, en las actividades empresariales y en las relaciones entre comerciantes y consumidores. Veamos.
Por un lado, a fines de año se promulgó un decreto en el que se exige a los proveedores de la Generalitat -los cuales facturarán este año 8.550 millones de euros, cerca de un billón y medio de pesetas- a etiquetar en catalán. Por el otro, en el proyecto de nuevo Estatut que elabora la ponencia parlamentaria, parece que hay acuerdo en obligar a etiquetar en catalán los productos no sólo fabricados, sino también distribuidos, en Catalunya.
Analizar la racionalidad de estas medidas nos llevaría a hacer consideraciones de distinto género: desde la legitimidad de los poderes públicos para regular ciertos ámbitos privados hasta el coste económico de tales medidas y la repercusión que ello tendría en la economía catalana y, por tanto, en el empleo y en el biesnestar de los ciudadanos, pasando por la compatibilidad de todo ello con un mundo diverso y globalizado. ¿Deberá exigir un importador de productos de Extremo Oriente que éstos ya vengan etiquetados en catalán o una vez ya importados deberá efectuar unos gastos adicionales correspondientes para cumplir con la normativa de la Generalitat? ¿Cómo repercutirá todo ello en el coste de la vida y en el ya excesivo diferencial de inflación de Catalunya respecto al resto de España? Más allá de los dogmas fundamentalistas identitarios, a estas preguntas deberían responder nuestros políticos si los controladores de la corrección política no lo impidieran.
Con todo ello, quizás estamos construyendo una sociedad que tiende a una cierta esquizofrenia: MESEGUER a un lado, los ciudadanos en sus relaciones lingüísticas privadas solucionan fácilmente y con naturalidad sus problemas de comunicación mediante el libre acuerdo; y, al otro lado, los poderes públicos están creando un sistema legal para que no sólo en la vida pública, sino también, cada vez más, en las actividades privadas se actúe de una manera muy distinta. ¿No hay algo de irrazonable en todo ello? Sobre todo si tenemos en cuenta que cada año aparecen datos estadísticos que muestran cómo decrece el uso social del catalán. ¿No será que la tendencia a imponer coactivamente una lengua es equivocada y resultaría mucho más provechoso para la salud del catalán dejar que aquello que es real en la calle -es decir, la libre opción lingüística- lo fuera también en las instituciones y en la normativa sobre el uso de la lengua?
Pero de todo esto no se habla en público: la corrección política catalana lo impide.
FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB
¿Esta pactando Zapatero con ETA? ¿Son rumores sin fundamento? Desearía que estas reflexiones no fueran mas que un mal sueño.
Un escalofrío ha recorrido mi espalda cuando he escuchado y visto la intervención de Cesar Alonso de los Ríos en el informativo nocturno de Telemadrid. Según su criterio, contrastado, según ha dicho, con otros colegas periodistas testigos de la entrevista a ZP, de sus manifestaciones se evidencia que se está negociando con ETA y que esa negociación tiene como objetivo fundamental conseguir como sea que ZP cumpla su promesa de que en su gobierno ETA se acabaría. Y, como podemos deducir facilmente de la experiencia en la forma de conseguir anteriores promesas, no le importa el precio que haya que pagar con tal de conseguir la foto.
De la misma forma César ha confirmado que se sabe que miembros del PSE ya vienen teniendo contactos con la banda al otro lado de los Pirineos desde hace meses.
De hecho ha indicado que una hora y media antes de la entrevista y a pesar de desconocerla todavía, fiándose de su información y de su instinto, había enviado su colaboración al ABC del jueves, con un premonitorio titular; "Paz por territorios".
Tenemos aquí la explicación de las cuatro horas de entrevista con Ibarreche.
Ahora encaja el inesperado giro en el PP y su oferta "incondicional y sin fecha de caducidad" (como ha repetido esta misma tarde Rajoy después de la representación teatral de la mesa del Congreso).
Se explica que dicha mesa se haya pasado por la piedra una sentencia del Tribunal Supremo que hace ilegales los tres votos de ETA que han permitido la aprobación del plan, con lo que tenían servido en bandeja el asidero jurídico para rechazar el trámite sin entrar en el fondo del asunto.
Se entiende que López Aguilar se apresurara "en caliente" a dejar claro que en ningún caso se recuriría al constitucional ni se haría ejecutar el mandato del supremo para que Atucha cumpliera la ley (y consiguientemente quedara anulada la votación por vicio de forma, independientemente de la prevaricación cometida).
Se ve claro por qué Montilla ha podido tranquilizar a sus socios.
Quizá ese haya sido el motivo real de la reunión a tres con el Rey.
Los primeros plazos del pago ya se están pagando.
Los siguientes serán algunas triquiñuelas y pases hipnóticos en el trámite parlamentario en el que ¡espero equivocarme! habrá sorpresas e inverosímiles cambios en el voto porque nada es lo que parece y nadie está diciendo la verdad.
¿Y el precio total? Seguramente dejar a su suerte a un considerable número de españoles que, siendo también vascos, no renuncian a serlo y despreciar una vez más ¿cuántas van ya? a mil muertos y sus familiares y amigos.
¿Y el premio? "Zapatero el pacificador" y mayoría absoluta por la patria agradecida y deseosa de que no haya mas sangre, aunque sea cayendo en la sima de la abyección (igualito que en el 14 M).
Es más, aplaudo la decisión. La aplaudo porque de esta manera podemos llegar a la solución de los problemas que sacuden la unidad de la Nación Española. Bueno, sobre todo EL PROBLEMA. Que no es otro que la indefinición nacional del PSOE. Porque ese es el verdadero problema.
Muchos en este país, pero sobre todo, los más radicales derechistas, nacionalistas y retrógrados, no hacen más que pensar que el problema son los ibarreches, atuchas o roviras. Pues no. Esos son simplemente los actores de una ópera bufa que se fragua en la rendición de una parte de la derecha social de éste país, acomplejada y timorata, a la hora de la redacción de la muy mejorable, y para mi, necesariamente reformable, Constitución Española de 1978, origen de todos estos males.
Teniendo en cuneta la correlación de fuerzas de aquellos momentos, mayoría absoluta, pero absoluta del todo de los partidos nacionales (como ahora) en el Congreso (sumemos AP, PDP, UCD, PSOE, PSP, PCE y algún otro que se me quedará por ahí) se cedió ante ellos por las debilidades de unos y de otros.
Ahora, pasado el tiempo podemos comprobar cómo la derecha, PP, tiene clara la idea de España (eso espero) y el PSOE está preso de sus indefiniciones y de sus complejos pactictas y progres, verdadero cáncer para la unidad Española.
Pues bien, si entendemos que el diálogo es mejor que la confrontación, siempre habremos de dialogar. Porque dialogar no es ceder, es plantear cada uno sus cuestiones y sus ideas, confrontarlas y si se Llega a una conclusión en común, bien, y si no, pues a otra cosa mariposa. Y esa cosa puede ser la derrota parlamentaria, la derrota en las urnas del PNV y el separatismo vasco en las elecciones vascas (con lo cual después caería Cataluña), o incluso la celebración del referéndum y dejar así que el pueblo vasco se exprese sobre la unidad con España.
Y
Otro igual en España para afirmar la forma en que todos los españoles queremos estar unidos.
¿O es que pensáis que es bueno mantener unido un matrimonio que se llevan a matar? ¿O es que pensáis que el dar la oportunidad al pueblo de que se manifieste es negativo? ¿Qué clase de demócratas seríamos si no contempláramos esa posibilidad?
¿Qué sería ilegal? Pues si, igual que un improbable (desgraciadamente) referéndum que se celebrara promovido por los ayuntamientos de las ciudades gobernadas por el PP sobre el aborto, la eutanasia o la clonación y el uso de embriones humanos para la investigación. Si la Constitución Española contemplara una más ágil y menos enrevesada manera de celebrar refrendos, podríamos haber planteado esa posibilidad y dar la responsabilidad sobre esos temas y otros a los ciudadanos. Y de esa manera los políticos no estarían todo el día interpretando lo que dicen los ciudadanos sobre temas específicos usando para ello encuestas hechas a medida sobre muchas de las cosas sobre las que nos dan lecciones.
Por otro lado, y volviendo al tema inicial, el hecho de que el PSOE acepte hablar con el PP sobre estos temas, nos da a todos la posibilidad de decir lo que pensamos sobre cómo se están llevando las cosas. Y podríamos plantear las siguientes cuestiones:
1º.- No aceptamos imposiciones de adhesión.
2º.- No aceptamos diferencias ente españoles ni por lengua, ni por historia, ni por situación económica o geográfica.
3º.- Exigimos la defensa del español en todas las comunidades españolas así como el derecho a elegir la lengua en qué dirigirse al Estado en cualquier parte del territorio.
4º.- Exigimos al gobierno que no ceda más competencias a las autonomías, recupere aquellas que inicialmente se cedieron de las no asignadas en exclusividad al estado, e incluso.....
5º.- Se haga una reforma constitucional que elimine de raíz cualquier referencia a diferencias territoriales algunas, máxime si dichas referencias pueden llevar aparejadas diferencias en las relaciones entre comunidades y el Estado.
Y 6º.- que en la reforma de la constitución o en la ley electoral se aminore la importancia de los territorios con una lista nacional o con distritos unipersonales para acercar al candidato a los ciudadanos y poder elegir directamente a nuestros representantes sin listas cerradas y en dos vueltas. Esto es una coda.
He leído con calma los tres artículos que hoy publican en diarios nacionales Alfonso Ussía, Alejo Vidal Quadras y César Alonso de los Ríos. No puedo evitar sentir una profunda desazón, porque todos ellos, cada uno en su estilo y en su tono, unos más iracundos y otros más melancólicos, destilan una sensación de derrota, de fatalidad, de asistencia impotente al fin de una era, al derrumbe de una nación, al inicio de una incertidumbre y quién sabe si al de un enfrentamiento.
Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, y también que los dioses ciegan a aquellos a quienes quieren perder. Muy mal deben querer los dioses a España y a los españoles cuando los han mantenido ciegos durante los últimos 28 años. Lo que ahora empieza a contemplarse con auténtico terror, como quien ve acercarse una ola gigante contra la que ya no cabe muro de contención ni huida, era algo perfectamente previsible desde el inicio del porceso autonómico para cualquiera que tuviese dos ojos, dos oídos, dos dedos de frente y dos gramos de sentido de Estado más allá de la ambición miserable y de vuelo corto de los políticos que solo viven el día a día.
Nunca, jamás, el nacionalismo ha pretendido otra cosa que el objetivo final de la independencia. Ni por un instante han perdido de vista ese faro en el horizonte que ha guiado su navegación hábil y traicionera. Todo lo demás han sido simples pasos intermedios, con fecha de caducidad, en su camino hacia ese destino que, paradójicamente, no es símbolo de progreso por más que se empecinen en repetírnoslo, sino que está anclado en un pasado que el paso de la historia se encargó de superar.
La tenacidad tiene un premio, y el nacionalismo vasco y catalán está a punto de conseguir sus últimos objetivos. Y todo ello con la colaboración entusiasta de los sucesivos gobiernos españoles. No salvo ni a uno solo, si bien es cierto que hay algunos, como el actual, que están acelerando el proceso hasta extremos que incluso a los más descerebrados nacionalistas les empiezan a parecer increíbles. Otros, en el mejor de los casos, se atrincheraron en sus posiciones y consiguieron simplemente ralentizar algo el avance de la marea. Pero ninguno hizo el más mínimo esfuerzo por denunciar de manera creíble lo que está sucediendo, y menos aún por invertir la marcha de los acontecimientos.
Hoy, los nacionalistas están al timón de la nave que desean hundir. Los zorros guardan el gallinero. Todo empezó con unas demandas de autonomía administrativa, y luego política, enmascaradas de moderación, de proximidad en la toma de decisiones. Hoy se ve claramente que la táctica del café para todos estuvo probablemente inducida por estos propios nacionalistas, puesto que el hecho de igualarles a los demás es precisamente lo que les daba derecho, basándose en su célebre "hecho diferencial", a dar un paso más en su reivindicación. Cada vez que una comunidad de las llamadas "no históricas" consigue legítimamente, por pura razón de igualdad, una competencia de que disponen las históricas, éstas disponen de un trampolín más para exigir otro plus de especialidad, otro trato diferenciado, otro reconocimiento de sus peculiaridades. Y así ad infinitum... o no: simplemente hasta que el único grado posible de distinción sea la soberanía, la independencia.
Estatutos, transferencias, competencias,... son y han sido considerados siempre por los nacionalistas como nuevos instrumentos con los que debilitar más eficazmente al Estado. Lo suyo es intocable, indiscutible, innegociable. Es un derecho ancestral cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. De forma muy adecuada, por cierto: cuanto más perdido esté y más mítico resulte, más difícil será rebatirlo. Una especie de Volksgeist que está por encima de leyes y normas pasajeras, porque entronca directamente con la noción de pueblo, de nación.
Merced a esas competencias transferidas, que para ellos nunca han sido el fin, sino el medio, han ido constituyendo, instaurando y ensayando sus esbozos de estados. Y merced a la más importante de todas ellas, la educación, han conseguido falsear la historia, educar a toda una generación en sus planteamientos separadores, y hacer auténticos experimentos sociales con el único fin de que el verdadero objetivo que siempre han tenido caiga finalmente por su propio peso, como fruta madura, no como resultado de un debate profundo y razonado, sino porque nadie se planteará lo contrario cuando esta generación llegue (ya lo está haciendo) a los puestos de decisión en la enseñanza, en la empresa, en la banca, en la justicia, en los colegios profesionales, en la sociedad civil, en suma. Una generación que solo ha recibido una versión, una información. Una generación sometida a una auténtica Formación del Espíritu Nacional mucho más eficaz que la del franquismo.
Cadenas de televisión y de radio, prensa, entidades clave como clubes deportivos o cajas de ahorro, ... toda una inmensa y rica maquinaria, pagada con los impuestos de todos los españoles, volcada en persuadir de que no somos españoles. Toda una mastodóntica administración autonómica, y la mayoría de la local, dedicada en cuerpo y alma a la creación artificial de un sentimiento nacionalista al que no haya alternativa. Con especial dedicación, claro está a la lengua. ¿Por qué? Porque como muy bien dicen, es un signo de identidad. El signo de identidad, el único, porque en todo lo demás resulta, para su desesperación, que nos parecemos enormemente al resto de España. La lengua es lo que nos ha de hacer diferentes, por decreto, y es por ello que ahí la lucha es sin cuartel. Pero ya hemos dicho que también controlan la educación, con lo cual también es cuestión de tiempo. La demanda de castellano irá disminuyendo, y las empresas se plegarán dócilmente a las exigencias del mercado: si el mercado les pide catalán, catalán tendrá.
Curiosamente, en el caso de España se da algo que va más allá de los cánones habituales en cualquier separatismo. Lo normal en el separatismo es la voluntad de una región, de un territorio, de separarse de un estado. Ni siquiera eso basta ya a nuestros nacionalistas, que se atreven a ir mucho más allá, sobre todo ante la pasmosa ausencia de resistencia visible. Ellos han de destruir el concepto mismo de España. Más aún: negar que jamás haya existido como nación. Ahora, en un gesto de magnanimidad grotesca, nos "conceden" que España sea una "nación de naciones". Nada con gaseosa, en definitiva. O más bien un engaño mastodóntico, que se recrea en jugar incesantemente con las palabras para que, de tan manoseadas, dejen de tener cualquier valor. Ya no es cuestión de "nosotros somos una nación diferente", no. Ahora el lema ya es "nosotros somos una nación, ellos no". Hay que negar la existencia misma de España como nación, como sujeto político con capacidad de decisión.
Lógico, por otra parte: la capacidad de reacción, incluso por la fuerza, de España, quedará reducida a la nada si el problema no se limita a la secesión unilateral de una región díscola, sino que lo que se produce es el estallido total de España para convertirse en una constelación de naciones, nacionalidades, regiones y cantones.
Todo está perfectamente sincronizado.
Y eso para empezar: ya ha advertido Maragall (ése sí sigue siendo Molt Honorable, porque las naciones sí tienen protocolos y símbolos y tradiciones) que, accediendo a sus máximas aspiraciones, se consigue como mucho un par de décadas de calma, pero que el modelo de Estado "no se cerrará nunca". Claro: hasta que España, que ahora dejará de ser nación para convertirse en simple Estado, entidad puramente administrativa, deje de ser necesaria incluso como tal. Pero esa promesa de permanencia temporal probablemente lo que pretenda conseguir sea el silencio de la única institución que teóricamente debería representar a la Nación Española: la Corona. También los reyes son humanos (y el nuestro probablemente más que ninguno, por desgracia) y como cualquier otro quiere asegurar el futuro de sus hijos. ¿25 años más? Suficiente para poder organizar el futuro con cierta seguridad...
No me quiero extender más. Toda esta reflexión venía al hilo de que en los articulistas al principio citados he detectado una rara y aterradora unanimidad en una especie de sentimiento de derrota, de irreversibilidad. Y no es que no tengan razón: es que lo lamentable es que lo descubran ahora. Parece que ha tenido que llegar un gobierno entregado a la voluntad de los separatistas para que se den cuenta de que esto es así cuando, repito, hace 28 años que se podía ver.
Como dice uno de ellos, creo que Alonso, la única esperanza de supervivencia inmediata, de prolongar la resistencia (lo de revertir la situación es mucho más difícil), es una rebelión en el seno del PSOE. Ibarra, Bono, Rosa Díez, Redondo Terreros, Paco Vázquez,... pero unos ya no mandan nada, y los demás mandan demasiado como para dejarlo todo por... ¿por qué? ¿por España? Eso ya no se lleva ni entre la realeza, imaginad entre los políticos...
Pues sí: ERC se ve asaltada súbitamente por un ataque de responsabilidad institucional y se siente en la obligación de garantizar la estabilidad del gobierno de España, y para ello ofrece al PSOE un pacto de legislatura con el doble y confeso objetivo (eso sí, a estos chicos no se les puede negar sinceridad) de arrinconar al PP y de garantizar que el proyecto de estatuto catalán sea aprobado aquí y allí (o sea, en Barcelona y en Madrid).
Bueno. Lo de arrinconar al PP es chocante. Parece que alguien olvida que, pese a todos los avatares que ha atravesado, atesora la nada despreciable cifra de 10.000.000 de votantes. O sea, casi la mitad del censo electoral, "arrinconado" por voluntad de un partidito que tiene 600.000 votantes. Me recuerda aquel chiste de 100.000.000 de chinos jugando al fútbol en una cabina telefónica. Se oye gritar ¡gol!, y al portero que protesta: ¡si es que me dejais solo...! Diez millones de votantes arrinconados... ¡vaya rinconazo!
Pero está claro que, merced a nuestro benemérito sistema electoral, los partidillos como ERC pueden acabar consiguiendo aislar a otros 15 veces mayores que ellos.
Es evidente que ERC hará todo lo que pueda por atar a Zapatero para el resto de la legislatura, tiempo suficiente para que, mandando en Madrid y Barcelona, puedan acometerse cambios irreversibles. Se retorcerá la constitución hasta límites insospechados, se nombrarán magistrados del TC con "sensibilidad autonómica", se liquidarán con cargo a todos los españoles "deudas históricas" como la de la sanidad catalana, etc. En suma, se habrá dado el último empujoncito para que la gran roca supere la cumbre y empiece a descender por inercia el otro lado del monte. Ya nadie la parará.
Creo que el PP desaprovechará una oportunidad de oro si no inicia de una vez por todas una oposición férrea. Y este es un argumento de oro: ERC quiere arrinconar al PP porque es el único partido que puede frenar la desintegración de España, y porque no ve en el PSOE freno alguno a sus ambiciones secesionistas. Este argumento tiene forzosamente que dar réditos electorales en casi toda España, e incluso motivar a los últimos mohicanos que quedamos en los territorios catalán y vasco. Un liderazgo firme que atraiga, con la bandera de ladefensa de la Nación, a intelectuales y políticos que huyan del marasmo del PSOE, a medios de comunicación y a empresarios y profesionales. Se puede conseguir, pero falta un líder.
Es más, yo me lanzaría a tumba abierta a proponer con todo el descaro una reforma constitucional a la inversa. ¿Imposible? Me gustaría ver que piensa el ciudadano si alguien le dice en voz alta que esto hay que frenarlo, que se nos ha ido de las manos. ¿No pretenden los separatistas el máximo? Pues al contraataque, y no a la defensa de cerrojazo. Recordad aquel artículo de Vidal Quadras que un día os cité o transcribí: si la independencia es el 2 y el estado centralista el 0, las negociaciones siempre empiezan en el 1, y siempre avanzan en la misma dirección, con lo cual el final está claro. Primero el 1, luego el 1,2; después el 1,5 porque hacemos ver que nos conformaremos con el 1,8,... y así hasta el ineludible 2. Volvamos a situar las reglas del juego. ¿No quieren romper ellos el consenso constitucional? Pues venga: o todos moros o todos cristianos.
No tuve ni tiempo ni ganas de escuchar al ciudadano presidente. Pero tuve claro que en realidad no comparecía a declarar el presidente del gobierno de España (y de todos los españoles), sino el secretario general del PSOE.
Tuve claro también, porque sí pillé el final, que al menos en ese tramo de la comparecencia Rodríguez y Rubalcaba arrollaron al PP de Zaplana. Ignoro si antes la cosa estuvo más equilibrada, pero puedo asegurar que, desde toda su maldad, Rubalcaba tuvo una última intervención aplastante.
Creo también que les sigue funcionando el asesoramiento de gabinetes creativos o publicitarios que les facilitan frases brillantes, titulares seguros. Marketing puro, pero la frase "engaño masivo" es sencillamente genial. En dos palabras remite por supuesto al engaño mismo (y qué más da que sea real o ficticio, si la gente se queda con la copla), pero también a las armas de destrucción masiva, las Azores, Bush, Irak,... Una sola expresión, estúpida en sí misma, consistente en encadenar dos palabras que en principio no casan, se convierte en un slogan demoledor. Chapeau para el creativo.
El servilismo de los independentistas, por otra parte, pone los pelos de punta. Lógico: han de mimar a este chollo andante que se han encontrado (o han situado) en La Moncloa, porque con él sus avances están asegurados. "Ud. sí que dialoga, Sr. Presidente, Ud. sí que sabe escuchar, qué diferencia, qué respeto,...", y el otro hasta felicitándolos por sus preguntas y por su labor en la Comisión.
Ya solo falta el remate sensible de una comisión de víctimas del terrorismo, a quien nadie se atreverá a enfrentarse porque queda mal abroncar a una viuda o a una madre que ha perdido a su hijo.
El pasado 9 de diciembre, en una entrevista a una revista, ZP manifestó que Don Quijote había sido republicano.
Tamaña afirmación demuestra que ZP no ha leído Don Quijote y, si lo ha leído, no se ha enterado (como le ocurrió tras ver 500 veces la película Bamby)
Don Quijote no fue republicano sino monárquico, como lo demuestra esta afirmación:
Más quiero tener por amo y por señor al rey y servirle en la guerra, que no a un pelón en la corte. (cap. XXIV, parte II)
La evidente confusión de ZP, El Innovador, se debe a lo que ya advirtió el propio Don Quijote:
Los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones (Cap. XLII, parte II)
Es posible que Don Quijote sí fuera republicano, pero no como contrario a monárquico, sino republicano de Bush, pues estas opiniones tenía sobre la guerra:
Esta paz es el verdadero fin de la guerra (cap. XXXVII, parte I)
... las cuales (las armas) tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida (cap. XXXVII, parte I)
... que puesto que han fundado más mayorazgos las letras que las armas, todavía llevan no sé qué los de las armas a los de las letras, con un sí sé qué de esplendor que se halla en ellos, que los aventaja a todos (cap. XXIV, parte II)
De manera que, en su ignorancia, ZP, "El Innovador", es tan mediocre como esos gobernantes de las que ya nos previene Don Quijote:
No es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser uno gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saben leer, y gobiernan como unos girifaltes (cap. XXXII, parte II)
Incluso el mismo Sancho Panza, dijo
...que yo he visto ir más de dos asnos a los gobiernos, y que llevase yo al mío no sería cosa nueva. (cap. XXXIII, parte II)
Y como ZP hace gala de buen talante y humildad, espero que al acabar con su desgobierno sea tan humilde como Sancho Panza cuando dejó el mando de la ínsula Barataria:
¿Y que has ganado en el gobierno?, preguntó Ricote. He ganado, respondió Sancho, el haber conocido que no soy bueno para gobernar (cap. LIV, parte II)
Cada día resulta más terrorífico observar cómo, en efecto, un partido con 600.000 votos, y todos ellos obtenidos de forma prácticamente exclusiva en una sola comunidad autónoma, está encaminando a la política española justamente hacia donde quieren sus dirigentes:hacia el caos total. No despreciemos la fuerza real, que no electoral, de Carod Rovira y su "clan de la avellana": tiene las ideas muy claras y los planes muy bien definidos, y juega con una gran ventaja, y es que cualquier cosa que haga, resulte como resulte, acaba revirtiendo en beneficio de sus propósitos.
ERC siempre tiene un plan A y un plan B, y cualquiera de los dos le resulta igualmente útil. El plan A consiste en que la propuesta de que se trate salga adelante. Que si imposición del catalán en la justicia, que si homologación de una federación deportiva, que si "recuperación" de los archivos de Salamanca, que si eliminación del valenciano como idioma oficial,... Y el plan B consiste en utilizar el fracaso del plan A como excusa para una nueva dosis de victimismo, para unas cuantas manifestaciones de adhesión inquebrantable, para unas cuantas proclamaciones de ira ante la agresión incalificable del imperialismo opresor de España.
Con una consecuencia que llamaríamos C que acaba de adornar el pastel: en cualquiera de los supuestos, se produce en el resto de España un rechazo hacia lo catalán, confundiendo de manera lamentable (pero comprensible, por otro lado) la parte con el todo. Un argumento más para ERC: no nos quieren, nos odian, no nos comprenden, veis como tenemos que marcharnos,...
Ya no basta con ponerse a la defensiva: hay que pasar al contraataque urgentemente, antes de que sea demasiado tarde. La era Aznar consistió, si hacemos el símil futbolístico, en "poner el autocar bajo los palos", o sea, en impedir que entrasen goles colocando a todo el equipo a rechazar balones. Hoy ya no es suficiente con eso, y lo peor es que ni siquiera eso tenemos. Hay que pasar al ataque con medidas legales y con campañas mediáticas que no sé si nadie está dispuesto a encabezar. De poco sirve que la prensa madrileña se desgañite contra el tal Carod y sus comandos subversivos. Eso no solo no tiene eco en Cataluña, sino que el poco que resuena está además debidamente mediatizado y filtrado para conseguir una vez más ese efecto C que mencionaba hace un momento. Hay que hacer algo desde Cataluña, sea con capital propio si es que alguien lo arriesga o con inversión del resto de España.
No os engañeis: en el tema del reconocimiento del patinaje, Carod ha vuelto a ganar. Y es que él siempre juega al rojo y al negro simultáneamente. Y no penséis que la agresión a la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos es una reacción improvisada y precipitada: está perfectamente meditada, hará mucho daño y cosechará importantes apoyos en la sociedad catalana, al menos en la única que tiene acceso a los medios, en la que crea opinión. Y no es una intención nueva: Carod hubiera encontrado la manera de sabotear Madrid 2012 con este o con otro pretexto. Ha de combatir cualquier posibilidad de que el nombre de España se sitúe en el candelero de forma positiva. Y lo hará con una eficacia que ya quisiéramos encontrara en el bando contrario. Arcadi Espada describía el otro día a Carod como un hombre obsceno en sentido etimológico: es decir, sin pudor, sin vergüenza. Ha forjado a su imagen y semejanza un partido impertinente, desafiante, desinhibido, provocador, sin más principio que conseguir su objetivo final, para el que todo vale. Incluso, por ejemplo, patrocinar en el Parlamento español una iniciativa para que el Ceuta y Melilla el bereber sea oficial. ¿Tiene alguna lógica que un partido nacionalista catalán que aspira a desgajarse de España plantee una iniciativa en "defensa" de los intereses de los musulmanes en Ceuta y Melilla? Por supuesto: ERC no se conforma con separar a Cataluña de ESpaña. Ha de conseguir reventar a España por sus cuatro costados.
Supongamos que el PP está en el gobierno de España, y que Trillo sigue siendo ministro de defensa. Un comando de memos dirigido por el memo con mayor graduación decide hacer en pleno centro de Madrid un simulacro de atentado terrorista y de la reacción de los militares ante esa eventualidad, sin avisar a nadie, y en un bar en el que al parecer suele haber con cierta frecuencia escoltas y policías de paisano, con la que podía haberse formado la de Dios es Cristo si en ese momento alguno de ellos saca la pistola y se lía a tiros.
El PSOE, en la oposición, estaría clamando al cielo en todos los foros habidos y por haber, la SER y El País estarían lanzando anatemas contra el gobierno, éste se pasaría el día en el Congreso respondiendo cuestiones parlamentarias de la oposición. Trillo se personaría al día siguiente en el bar escenario de los hechos a pedir disculpas y sería abucheado por la multitud y lo más probable es que sus propietarios se negarán a saludarle y además le pusieran una querella criminal.
Bueno, pues los mencionados memos de uniforme han realizado ese ejercicio tal como se ha descrito, pero quien está en el gobierno es el PSOE y quien está en la oposición es el PP. Ni protestas, ni quejas, ni preguntas, ni insultos. Y Bono en los altares.
Tal vez vivimos en un país muy raro, porque hay unos que tienen bula y otros a los que no se les perdona nada. Pero ante eso podemos lamentarnos o concluir que algo se está haciendo muy, pero que muy mal en el PP.
Sí, lo digo en serio y no me he vuelto loco. Creo que nos equivocamos cuando centramos nuestras iras en algunas actitudes y decisiones del gobierno de ZP. Los criticamos ferozmente cuando, en realidad, no hay motivo para ello: la izquierda es esto, justamente, y es lógico que si tenemos un gobierno de extrema izquierda se comporte como tal. De hecho, estamos gobernados por una amalgama de socialistas, comunistas, ecologistas y republicanos separatistas. Sus decisiones, por tanto, son coherentes con su ideario.
Así, no debe extrañarnos que legislen a favor del "matrimonio" homosexual, de las adopciones por estas parejas, que allanen el terreno para la eutanasia o el aborto, que intenten expulsar a la Iglesia del ámbito educativo, que intenten diluir la influencia de esta institución introduciendo clases de islamismo en las escuelas, que sean furiosamente antiamericanos, que suban los impuestos, que bajen las desgravaciones, que ofrezcan papeles para todos, que se reúnan más o menos en secreto con grupos terroristas, siempre que sean de extrema izquierda y separatistas, que intenten obtener setenta años después la revancha de la Guerra Civil, que aticen el rencor entre españoles falseando la historia,... No tiene nada de particular: ésta es la esencia misma de la izquierda, y no tiene sentido rasgarse las vestiduras clamando contra un gobierno de izquierdas que hace una política de izquierdas.
Nuestra tarea, la de quienes no comulgamos con esa ideología y consideramos que llevará a España a la ruina, es más bien la de poner a la gente ante la evidencia de que eso es la izquierda. No olvidemos que hay cientos de miles de personas, todos conocemos a unas cuantas, que votan a la izquierda simplemente por eso, proque ellos jamás podrían votar a la derecha. Y les preguntas insistentemente porqué y no tienen más respuesta. Bien, la tarea pedagógica ha de ir por la vía de situarles frente a la realidad de lo que significa la izquierda.
¿No es cierto que más de uno y más de dos izquierdistas que conoceis os dicen, cuando les hablais por ejemplo de la adopción por homosexuales, "ah, bueno, es que con eso yo tampoco estoy de acuerdo"? Y sin embargo, seguirán votando izquierdas porque ven ese desacuerdo como una anécdota, como una pequeña desviación, sin entender que no es así, que realmente todo eso también forma parte del "paquete" izquierdista. Les preguntas igualmente por los papeles para todos, y en general te responden que no les parece bien. Les hablas de Carod y de Perpiñán y se avergüenzan. les hablas de subidas de impuestos y se rebelan. Les hablas de enseñar islamismo en las escuelas y se indignan. Pero luego, oh misterio, les afirmas convencido "entonces tú no eres de izquierdas", y presas del mayor desconcierto te empiezan a alegar que eso no tiene nada que ver, para acabar saliéndose por la tangente con un "es que yo nunca podría votar al PP":
Sugiero, pues, que nos inclinemos más a la pedagogia (lo sé: tarea ingrata y ardua) que a la crítica a un gobierno que, en definitiva,hace lo que le impone su ideología, lo que siempre han hecho los gobiernos de su color: gobernar desde la izquierda radical, con sectarismo.