...negarse a reconocer la imposibilidad de gobernar una Nación con la colaboración de aquellos cuyo objetivo es destruirla, o es ceguera o es traición.
FORO LIBER@L
Se muestran los artículos pertenecientes al tema otras opiniones.
Joaquim Roglan dedica, en un suplemento de La Vanguardia que no consigo encontrar en internet para reproducirlo, un gran artículo a la diputada del PSC que se vio atrapada por el huracán Katrina en Nueva Orleáns
Resulta que la señora en cuestión, al parecer, desoyó las instrucciones de la administración americana para evacuar la ciudad, acabó viéndose atrapada y finalmente tuvo que ser trasladada al ya famoso estadio o polideportivo que acogió miles de refugiados. Ni corta ni perezosa, la servidora del pueblo hizo valer su condición de diputada española para que la embajada se movilizase y finalmente la parlamentaria y su familia fuesen rescatados por la Guardia Nacional de entre los miles de damnificados.
Desde entonces, la hasta ahora ignota diputada catalana se ha aficionado al protagonismo mediático y a las cámaras y tertulias, y no se cansa de hacer declaraciones con una única constante: la crítica inmisericorde a la administración americana, y por supuesto a Bus. Incluso su marido, sin duda de la misma ganadería progresista, llegó a decir que lo que habían visto era un auténtico ¡genocidio! Adornado todo ello, claro está, con sesudos cálculos sobre lo que podrían haberse elevado los diques de Nueva Orleáns... ¡si no se hubiese invadido Irak!
Toda esta aversión a la administración y el ejército estadounidenses no le ha impedido, como hemos dicho, recurrir a todas sus influencias para zafarse, ella y solo ella, de la dramática situación de los miles de refugiados.
Ejemplar comportamiento el de la diputada catalana. Socialista, por más señas.
Y por cierto... la gran catástrofe con que se relamía la prensa progresista, de 10.000 muertos bajo las aguas, ha quedado finalmente en unos modestos 800. Dramático, sin duda, pero al final tal vez resulte que las cosas tampoco se hicieron tan mal, dadas las circunstancias de la naturaleza desatada.
Germont
Entre los economistas nacidos en el Estado español, su nombre ha sido el más citado en las revistas especializadas internacionales durante la última década. Xavier Sala i Martin es una de las máximas autoridades mundiales en cuestiones de desarrollo y crecimiento económico. Su obra Economic Growth, escrita conjuntamente con Robert J. Barro, es el libro de texto sobre el tema más utilizado en el mundo. Su enfoque es muy empírico y abordando los efectos de la tecnología, la difusión tecnológica y la convergencia entre economías. Es lo que suele llamarse "un neoliberal" aunque él preferiría llamarse a sí mismo simplemente "neoclásico". Hoy os presentamos un articulo suyo
Al despertarse Alicia, su hermana estaba sentada allí, con los ojos cerrados, y casi creyó encontrarse ella también en el País de las Maravillas. Pero sabía que le bastaba volver a abrir los ojos para encontrarse de golpe en la decepcionante realidad: la hierba sería sólo agitada por el viento, y el chapoteo del estanque se debería al
temblor de las cañas; el tintineo de las tazas de té se transformaría en el resonar de unos cencerros, y la penetrante voz de la Reina en los gritos de un pastor, mientras el lejano balar de los rebaños sustituiría los sollozos de la Falsa Tortuga.
Me vino a la cabeza éste, el último párrafo de Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll, 1864) el otro día cuando intentaba describirle a un extranjero cómo funciona en España eso del Estado del Bienestar, institución por excelencia que figura que demuestra la "superioridad" del modelo social europeo. Primero le describí la financiación: de cada 100 euros de salario, le dije, 28,3 euros van a ir directamente al estado en concepto de cotización de seguridad social (23,6 los pone la empresa y 4,7 el trabajador). El resto, lamentablemente, no se los va a poder gastar íntegramente porque va a tener que pagar impuestos sobre la renta –IRPF- en una proporción que va a depender de su situación económica y familiar, pero que típicamente va a estar entre el 20 y el 25%. De los 100 euros que la empresa pagará originalmente, pues, a usted le van a quedar 53,8 euros para gastar. El problema es que, cuando usted vaya a la tienda, le van a cobrar un 16% adicional en concepto de IVA –el tipo del IVA va a depender del producto exacto pero que va a estar alrededor del 16%. Ya
sólo le van quedar 45,2 euros netos. Pero la cosa no acaba aquí porque entonces vendrán los impuestos municipales, las tasas de limpieza, agua y electricidad, los impuestos especiales sobre alcohol, tabaco,
gasolina u otros productos especiales, impuestos que pueden llegar a representar un soberano abuso fiscal. Y si tiene la osadía de comprarse una casa, va a pagar más impuestos –de transmisiones patrimoniales- y, cuando se muera usted, sus herederos van a volver a pagar –donaciones y sucesiones. Total, que de los 100 euros que cobró
originalmente, a usted le va a quedar, más o menos, una tercera parte.
¿Y a cambio? ¿Qué obtendrá usted a cambio? Pues muchas cosas. Por una parte, el estado le proporcionará una serie de infraestructuras… como la Nacional II –una carretera para ir a comerciar con nuestros clientes europeos, famosa por sus quilométricos atascos y por el par de semáforos que tienen en cada pueblo que tiene la mala suerte
cruzarse en su camino- o como el aeropuerto de El Prat –que parece diseñado expresamente por Exin Castillos con el objetivo expreso de que el mundo civilizado se pueda cachondear de nosotros. Además, el estado le va a proporcionar unos hospitales públicos adosados a unas larguísimas listas de espera y cuyos médicos van a estar tan mal pagados que casi todos van a intentar ganar un salario decente en consultas privadas por la tarde –después de quejarse, eso sí, de que por la mañana les obligan a visitar a sus pacientes públicos en menos
de siete minutos por barba.
El Estado también le proporcionará un sistema educativo extraordinario donde las escuelas se van a parecer más a centros lúdicos para aparcar a los niños que a instituciones educativas donde se forma a los ciudadanos del futuro. Los chavales que lleguen a la universidad –esa institución mediocre que penaliza a los profesores que intentan hacer las cosas bien y dedican su tiempo a investigar- van a tener problemas para leer, escribir y expresarse correctamente pero no importa porque van a ser muy felices ya que allí los bares son más grandes que las bibliotecas.
¡Ah! Y no nos olvidemos de las pensiones. Después de estar cotizando a la seguridad social toda su vida, el Estado va darle a usted una pensión más o menos razonable… pero cuando tenga la mala suerte de morirse, su dinero va a desaparecer y su cónyuge va a recibir una pensión miserable que lo situará por debajo del umbral de la pobreza.
Y para administrar todo esto, se va a crear una enorme burocracia plagada de funcionarios que los partidos políticos van a utilizar clientelísticamente para colocar a amigos y familiares, cuya labor primordial parece que va a ser la de entorpecer la libre iniciativa de los ciudadanos y limitar la competitividad de las empresas. De hecho, los burócratas van a hacer tan bien su labor que, en uno de los ránkings que el Banco Mundial hace para evaluar la ineficiencia burocrática de los países, España se situará en el lugar 133, ¡por debajo de la Isla de Tonga!
Lo que nos devuelve a la genial historia de Lewis Carroll: la teoría del bienestar en el estado socialdemócrata de las maravillas es extraordinariamente atractiva. Pero incluso Alicia acaba despertándose de su sueño fantástico y descubriendo que una cosa es la teoría y otra, la decepcionante realidad. Y la realidad es que el estado nos cose a impuestos que limitan severamente nuestra libertad de elegir y nos tortura con su excesiva regulación y burocracia y que todos los ciudadanos que pueden intentan ser miembros de mutuas privadas, llevan
a sus hijos a escuelas no públicas (y los que se lo pueden pagar u obtienen una beca de La Caixa, a universidades americanas), viajan por autopistas de peaje y ponen su dinero en planes de pensiones privados … por si las moscas.
En las grandes ciudades, con la llegada del calor aparecen las cucarachas. No es cuestión de higiene, es que con las altas temperaturas brotan por cualquier resquicio e invaden portales, cocinas y hasta las aceras. Las hay negras y las hay rojizas, grandes y pequeñas, nacionales y de importación.
Pues parece que en la política nacional sucede lo mismo. Las cucarachas asoman cuando por efecto del calor la sociedad parece adormecida, y su presencia puede pasar más desapercibida. Estos días tenemos cucarachas en el País Vasco, donde los separatistas del PNV ya no ocultan en absoluto sus intenciones. Qué tontería: no las han ocultado nunca, más bien es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Por cierto, ¿por qué nos empeñamos en calificar al PNV como "nacionalismo moderado"? Si es moderado el nacionalismo que directamente pide la independencia, ¿cuál será el radical? Otra tontería: es la vieja corrupción del lenguaje. Los radicales son los que matan. Radicales. Qué elegante, qué aséptico.
Tenemos cucarachas, íntimas de las anteriores, en Madrid, donde se reúnen "en secreto" para negociar vete a saber qué. Y digo yo, ¿a qué tanto secreto, qué es lo que negocian que no podamos conocer el común de los mortales? El despotismo ilustrado, pero sin ilustrar, cabalga de nuevo: los ciudadanos no sabríamos apreciar los motivos del diálogo que ha de acabar llevando a los terroristas a la calle, al País Vasco a la independencia virtual, pero pagando España, y el PSOE a una eterna mayoría parlamentaria.
Tenemos cucarachas en el oasis catalán, donde el partido de los que incluso se disfrazan con el color de esos insectos está apuñalando a diestro y siniestro a propios y extraños, a amigos y enemigos, a aliados y contrarios. ¿Por qué? Porque ellos solo tienen una lealtad: "Catalunya". La suprema coartada de los traidores, de los que únicamente son fieles a sí mismos: alegar una lealtad a un ente abstracto que jamás va a reprochársela ni discutírsela.
Lo grave del caso es que, al contrario de lo que haríamos en nuestra vida cotidiana, que es fumigar o pisar a las cucarachas, parece que la sociedad española se está acostumbrando a convivir con su presencia asquerosa, a dejarlas pulular no ya por los portales y cocinas, sino por los salones principales, y a proclamar su dominio del territorio sin que nadie se atreva a expulsarlas.
AJA MIEMBRO DE FORO LIBER@L
- Un armador ruso. Un dominguero madrileño.
- Un buque sin el mínimo mantenimiento. Una barbacoa sin la mínima vigilancia.
- Un naufragio. Un incendio.
- Una catástrofe ecológica marina. Una catástrofe ecológica forestal.
- Ninguna pérdida humana. Once muertos.
- Un gobierno del PP en la Comunidad. Un gobierno del PSOE en la Comunidad.
- Un gobierno del PP en Madrid. Un gobierno del PSOE en Madrid.
- La prensa carga contra el gobierno autonómico y el nacional: falta de reacción porque estaban todos cazando. La prensa pasa de puntillas sobre el hecho de que la Comunidad no pidió ayuda al Estado hasta 28 horas después de iniciarse el fuego.
- Se crea una plataforma "ciudadana" bajo el nombre Nunca Mais para desgastar a los gobiernos populares. Se llora a los muertos.
- Se envían voluntarios y medios de todo el país para cubrir un frente marítimo de centenares de kilómetros. Se rechaza la ayuda de la vecina Comunidad de Madrid, gobernada por el partido rival, para apagar el fuego.
- El partido de la oposición se lanza a capitalizar las lágrimas para desgastar a la derecha. La derecha pide respetuosamente explicaciones por la aparente ineficacia en combatir un incendio iniciado en un solo y muy concreto foco.
Conclusión: Hay dos categorías de catástrofes ecológicas, con independencia de su magnitud y del coste de vidas humanas que reporten: las que ocurren en gobiernos de la derecha y las que no. Las primeras causan alarma social y sarpullido en los actores y ecologistas y progresistas de tronío, mientras que las segundas pasan desapercibidas y responden a causas inevitables.
Posdata: El famoso plan de prevención de incendios que se publicó a todo bombo a mediados de junio, y que garantizaba la coordinación entre las autonomías y ayuntamientos era otro blufff mediático del gobierno...y ¿què?!
Articulo de Carlos Esteban, publicado en el Semanario ALBA
Anoche tuve un sueño. Dialogaban un inmigrante musulmán y un europeo.
- Creo que hay un solo Dios y Mahoma es su profeta. ¿En qué crees tú?
- Creer, creer... Yo no hablaría de "creer", es una palabra muy fuerte.
Digamos que estoy por la tolerancia. Vamos, que me parece prfecto que
creas eso que dices...
- ¿Y en qué crees tú, para que vea si puedo tolerarlo?
- Ya estamos otra vez con esa palabra... Soy un firme partidario de la diversidad, sí.
- ¿Diversidad de creencias? Bueno, veamos en qué eres diverso de mí, dime qué te parece bueno y qué encuentras malo...
- La libertad. Desde luego, estoy por la libertad.
- ¿En general? Pero querrás hacer algo con la libertad, necesitarás conceptos de bien y mal para practicar esa libertad...
- El bien y el mal son subjetivos, no absolutos; lo que hoy puede parecer malo... ¿Adonde vas?
- Me has dicho ya todo lo que quería saber. Habláis de alianza de civilizaciones, pero no puede haber alianza, ni diálogo, entre un credo y una mera duda, entre una fé y un vacío, entre una afirmación y una interrogación. Decís que despreciamos la muerte porque un puñado de los nuestros se inspiran en nuestra fé para morir y matar. Pero
vosotros despreciáis la vida. Los más radicales entre los nuestros justifican matar a los infieles, pero vosotros matáis a vuestros propios hijos en el seno de su madre y ahora estáis maquinando leyes para matar también a vuestros padres.
Consideráis pueril mi fé, pero vosotros os mantenéis en una perpetua adolescencia que os lleva por la vida como plumas a merced del viento.
No tenéis hijos; ¿cómo podéis pensar que sois el futuro? Os creéis casi omnipotentes porque tenéis tecnología, riqueza, sofisticados sistemas. Pero todo eso son juguetes que podemos heredar. Estáis vacíos, estáis huecos.
No quiero perder el tiempo hablando con un cadáver.
Pedro Shwartz Girón es catedrático del Departamento de Análisis Económico de la Facultad de CC. Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid, y profesor visitante del Campus de Madrid de St. Louis University, Missouri. También es presidente del Consejo de Administración de MTS España S.A., así como miembro del Comité Asesor de DMR Consulting España y presidente de la Fundación DMR Consulting. Escribe regularmente en La Vanguardia de Barcelona y en el diario Expansión. Participa en la Tertulia “Primer café” de Antena III TV. También escribe en el diario ABC de Madrid y en el Financial Times y habla con frecuencia del escenario financiero y corporativo español para la BBC.La reacción del Gobierno británico, de su oposición parlamentaria e incluso de la opinión pública de aquel gran país, tras el ataque terrorista del siete de julio, contrasta vivamente con el desconcierto que se apoderó de España en los días después de la matanza del once de marzo hace año y medio. Mientras los londinenses han cerrado filas frente al salvaje atentado, los madrileños ya comenzaron a dividirse durante la multitudinaria manifestade Atocha: eran chocantes los carteles que, llamando asesino a Aznar, pretendían atribuirle la responsabilidad de la matanza por haber apoyado la invasión de Iraq. Luego menudearon los ataques a las sedes del PP y las acusaciones de que el Gobierno popular había mentido deliberadamente en la atribución de la masacre. Por fin, vino la derrota electoral, la constitución de un nuevo Gobierno y la retirada inmediata de las tropas españolas de Iraq. Blair, por el contrario, cuenta con el apoyo de la opinión pública británica y no corre peligro de una derrota en la Cámara de los Comunes. Cambiado el tono de triunfo olímpico por el de dolor contenido ante la masacre, Blair ha confirmado su determinación de no ceder en nada a los terroristas, al tiempo que ha acompañado su firmeza destacando el buen trabajo realizado en la reunión del G-8 en favor de África y del control de la contaminación atmosférica. Sigue vivo en Gran Bretaña el espíritu de Dunkerke. En España, mejor dicho, en la izquierda española y nacionalista, cunde un entreguismo al estilo de Vichy ante los nazis.
En un artículo publicado el 7 de julio en el Financial Times, el presidente del Gobierno de España, Rodríguez Zapatero, se ha distanciado de la postura de pleno apoyo de los líderes del grupo de naciones reunido en Escocia con motivo de la conferencia del G-8. Los españoles no debemos dejar que las ideas y propuestas del presidente de nuestro Gobierno expuestas en ese periódico de alto prestigio y difusión mundial pasen sin someterlas a un cuidadoso examen.
El artículo comienza con una frase involuntariamente reveladora de la actitud del presidente: "la barbarie del terrorismo ha golpeado otra vez al pueblo de Europa". Como aún no hay tal pueblo de Europa, esa expresión es en realidad una forma de distanciarse del sufrimiento de otros pueblos que forman parte de nuestra civilización, especialmente el pueblo de EE.UU. golpeado en Nueva York y Washington, o Australia que tantos ciudadanos perdió en Bali. Incluso deja implícitamente de lado los golpes que está recibiendo la incipiente democracia iraquí a manos de terroristas internacionales. Zapatero no entiende que todo ello forma parte del intento descabellado de un puñado de fanáticos de islamizar el mundo tras destruir cualquier vestigio de cultura occidental, de liberalismo político y de religión que no sea su fanática versión de la fe musulmana. Al ligar el terrorismo islámico con la injusticia global o con conf lictos en Oriente Medio, el presidente olvida que el fanatismo islámico no es sino una reacción frente a la incapacidad de algunos pueblos de costumbres musulmanas para insertarse en la democracia y economía mundiales.
La doctrina fundamental del presidente Zapatero en ese artículo es la que defendió recientemente ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: la alianza de las civilizaciones. Es una postura en apariencia generosa pero que, en realidad, parte de la premisa de que todas las civilizaciones valen por igual. Por civilización occidental no ha de entenderse the American way of life, ni el modelo social de la Unión Europea, ni el sincretismo disciplinado de Japón. Nuestra civilización es ampliamente inclusiva cuando se la interpreta en sus principios fundamentales de respeto de los derechos humanos, democracia política, y libertad económica, principios que hemos conquistado en Occidente a lo largo de siglos y mal que bien difundido luego en el resto del mundo. En este caso, todas las civilizaciones no son equivalentes. Decir otra cosa es caer en un humanismo iluso que no entiende cuánto esfuerzo exige la defensa de nuestras libertades y nuestra prosperidad, y la inclusión del mundo entero en ese espacio de democracia.
Si pasamos de los principios a la práctica, podemos ver cuáles son los graves fallos de la doctrina Zapatero. Su propuesta, aparentemente inocua, es que organicemos la lucha contra el terrorismo sobre la base de "un consenso global", sobre todo a través de las Naciones Unidas. Es una verdad de Perogrullo que el terrorismo islámico, y el etarra, no son fenómenos locales. El combate contra ellos exige acuerdos y colaboración internacionales. Pero el esfuerzo principal ha de ser el de cada país y en ese esfuerzo está fallando el Gobierno de Zapatero como no falló el de Aznar. Parece difícil olvidar la disposición del presidente del Gobierno a conceder a los terroristas islámicos lo que pretendían, a saber, la retirada de las fuerzas de paz españolas de Iraq. Tampoco es fácil pasar por alto su condescendencia hacia los terroristas vascos: ha roto el Pacto contra el Terrorismo y por la Libertad con el PP; ha permitido que un partido pro-etarra entregue el poder al PNV en el Parlamento vasco; ha forzado el voto del Congreso de los Diputados recomendando negociaciones con ETA; y ha iniciado esas conversaciones sin que hayan renunciado ni a la violencia ni a los fines que persiguen con ella. No es éste un caso de hipocresía, sino de aplicación en la práctica de ideas equivocadas y peligrosas.
Isabel Durán Doussinague en este interesante artículo publicado en Libertad Digital analiza el papel de la mujer en el gobierno de ZPLa primera mujer que ocupa la presidencia de una comunidad autónoma es del Partido Popular. ¡Vaya por Dios! Las primeras presidentas de las Cortes Generales, del Congreso y del Senado, pertenecían al PP. ¡Qué contrariedad! El partido de la calle Génova tiene muchas más diputadas y senadoras proporcionalmente que la formación del puño y de la rosa. ¡Qué despropósito! La primera presidenta de una cámara autonómica pertenece a la formación presidida por Mariano Rajoy. ¡Qué dislate! La mayoría “conservadora” eligió a la primera magistrada del Tribunal Supremo a la que un vocal “progresista” calificó de “florero”. ¡Qué contrariedad!
Pero por fin, por vez primera, poseemos el honor de gozar del “primer feminista del país” al frente de la presidencia del Gobierno de España gracias a lo cual tenemos más “calidad democrática”. Fueron palabras de la secretaria de igualdad del PSOE y sólo él se está ocupando, por fin, de poner a la mujer en donde le corresponde. ¡Albricias!
Una debe mirar a su alrededor y pensar, que para eso le pagan. Hay que averiguar cómo resuelven sus problemas las demás y entonces aplicarse el cuento. Me refiero, naturalmente, a nuestras ministras. ¿Dónde guardará tan ingente cantidad de modelos en su solución habitacional la vicepresidenta primera del Gobierno de la Nación, ese paradigma de objetividad y tolerancia que parece que si alzas la mano en las ruedas de prensa monclovitas de los viernes va a mandar a que te detengan antes de volatilizarse en su nave espacial? ¿Y qué decir de los Manolos de la señora ministra doña Pixi Dixi y su artístico y sofisticado vestuario presto para desmantelar el patrimonio nacional a golpe de tacón?
Eso sí, de lo que cabe duda alguna es de que espacio no le falta a la pobre titular de la Vivienda, tan sencilla ella. ¿Y ese dechado de humildad y sencillez de la representante de los agricultores, pescadores y ganaderos de cuyo nombre no puedo acordarme que refracta resentimiento y complejo a primera vista a la vista de la campaña gallega? O de la ministra de las plagas y de la insolidaridad acuosa, que deja morir de sed a media España por capricho de la otra media y cuyo escorzo da tan requetebién entre mantas de pieles. Incluso de la responsable de Sanidad que acaba con los problemas de los fumadores a multazo limpio.
La tropa de las Vogue monclovitas se ha constituido en una factoría de espectáculos francamente bochornosos para la mujer en el primer año de gobierno paritario de la historia. Pero lo que no se puede pasar por alto y excede todos los límites de lo razonable es lo dicho por la ministra de Fomento, la Gran Maleni. Acusar a un diputado de que se empieza por la sarcástica crítica política a su gestión y que se acaba en la violencia y el maltrato a la mujer resulta del todo punto intolerable.
Señoras del Gabinete Zetapé, esto es muy serio, demasiado. Ustedes tendrán Manolos y Pixidixis, helicópteros para las picaduras de avispa o bula entre la izquierda rabiosa y silentemente sectaria ahora, pero más de setenta mujeres han muerto este año a manos de sus parejas y ni una sola de ustedes ha dicho esta boca es mía a su correligionaria del Consejo de Ministros. Ustedes, todas, callaron cuando Maragall afirmó sentirse como una mujer maltratada. Ustedes, en bloque, son un despropósito para la mujer de hoy, trabajadora, luchadora, madre de familia o soltera, con hijos o sin ellos. Esta es la desgraciada realidad. ¿Y esta es la paridad que su Gobierno pretende establecer por ley?
Almudena Negro, en su columna habitual POLITICAMENTE INCORRECTO publicada en el diario digital SIGLO XXI, escribe una interesante reflexión sobre la popular Alianza de Civilizaciones. Llevamos meses oyendo hablar acerca de este nuevo invento del talante, pero nadie nos explica en qué consiste. ¿Es la rendición sin condiciones ante los terroristas, tanto islámicos como del nacionalismo vasco? ¿Supone la alianza de civilizaciones tener que aceptar, en nombre de la hipócrita multiculturalidad las ablaciones de clítoris? ¿Alianza con quién y frente a quién? Porque las alianzas siempre se hacen frente a alguien.
Parte el concepto de una premisa falsa: la de considerar que la causa de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, en la escuela de Beslán, el 11 de marzo en Madrid, en Kenia o en Bali es un choque de civilizaciones.
Esto es, la civilización occidental – tan denostada por todos los socialistas de todos los partidos, arrepentidos y avergonzados de su propio éxito, nihilistas de bien- frente a la islámica. Los ricos frente a los pobres. Mentalidad marxista. Burguesía frente a proletariado. La eterna batalla entre liberales y liberticidas.
Naturalmente la culpa reside en las democracias liberales, que han presuntamente humillado y oprimido a los pobres del mundo (siempre imputan a los pobres el terrorismo; siempre imputan a los que triunfan la maldita “suma cero” marxista por la cual para que haya un rico tiene que haber un pobre; falacias enormes). En realidad quienes esto propugnan son los Moore, Chomsky, Zapatero que tanto detestan a la civilización occidental. Que piden perdón por vivir en democracia y en libertad y que odian al que destaca. Y nos venden el apaño de la multiculturalidad, que es un “renuncie usted a su código moral y acepte el todo vale”.
En realidad lo que hay es un choque de tiempos y una rebelión de los fundamentalistas frente al nihilismo tan propiciado por los “progres”. Si a todo eso le sumamos el antiamericanismo, que en realidad es anticapitalismo, reinante, tenemos el cóctel que permite sostener ideológicamente a los terroristas.
Deberían ser los nihilistas y los progres los primeros que entonaran el “mea culpa”, si es que puede achacarse a alguien la responsabilidad que sólo corresponde a quienes asesinan. Es contra ellos la rebelión. Contra su equidistancia moral. Contra su pérdida de rumbo. Y contra la democracia. Democracia que las clases dirigentes, caciquiles y tribales islámicas no quieren. Porque sería su fin.
Nadie debe pedir perdón por su éxito. Tampoco los ciudadanos por disfrutar de un altísimo nivel de vida. Nadie debe avergonzarse de ganar dinero, de “hacer dinero”. Es lo más digno que hay. El esfuerzo, el ahorro, la inversión, el sistema de cooperación social basado en el libre intercambio de bienes entre personas de forma voluntaria, es positivo. Los empresarios no son capitalistas salvajes que explotan a los trabajadores. Son personas que arriesgan sus bienes y que crean empleo. Son los grandes benefactores de la sociedad. A ver si se enteran de una vez.
“La rebelión de Atlas” de Ayn Rand debería ser de obligada lectura en lo que era el antiguo bachillerato. ¡Viva la libertad individual! ¡Viva el esfuerzo! Menos majaderías como “Educación para la ciudadanía” (Espíritu nacional) y menos demagogia, señores. Menos educar a los jóvenes en el fracaso, en el complejo y en la resignación. Porque además en un mundo globalizado, con los jóvenes educados en que la bondad reside en la mediocridad, España y Europa están condenadas al fracaso más absoluto.
Falso y miserable es imputar a la pobreza el legítimo derecho a empuñar las armas y asesinar a inocentes en defensa de los intereses de a saber qué manada o colectividad. O sea, el tan repetido argumento de que “son terroristas porque son pobres”. ¡Cuántas veces no hemos leído esto a periodistas o presuntos intelectuales con respecto al terrorismo palestino!
La solución de Bush es la expresada recientemente por Condoleeza Rice en un artículo publicado en El Mundo: extender la democracia a todo el mundo. A más democracia, a mayor libertad, mejor calidad de vida de las personas.
Pero eso es justo lo que temen los socialistas. Porque sería su fin. Si la democracia liberal se extendiera a todos los países, si el libre mercado se ampliara, las clases medias surgirían como hongos en numerosos países y ellos, los socialistas, se quedarían sin excusa y sin argumentos. Si en Irak triunfa la democracia frente al terrorismo ¿qué nos podrá contar ese que ordenó un domingo retirar las tropas españolas y dejar a los iraquíes a su suerte frente a los terroristas que colocan coches-bomba? ¿Qué legitimidad tendrá aquél que pidió a todos los países que siguieran su ejemplo? ¿Qué rebuznarán aquellos que hablan de insurgencia para referirse a los que ponen bombas al paso de autobuses escolares?
Cuando la democracia triunfe en Irak, y esto es irreversible e inexorable -mera cuestión de tiempo- se extenderá probablemente al resto de países de su entorno. ¿Qué aullarán entonces aquellos que se manifestaron contra las elecciones en Irak?
Pues harán lo de siempre: como el socialismo ha fracasado, como el Estado del bienestar se ha demostrado del malestar, más, más y más. ¡Viva la alianza de civilizaciones!

Escribe
Tomás Cuesta para la Razón.
En Cataluña, el «compromiso » intelectual ha sido, hasta tiempos bien recientes, un complemento del ático en Pedralbes y la masía ampurdanesa. Conscientes de que papá se había puesto las botas durante la ominosa dictadura a fuerza de no sacar los pies del tiesto, los hijos de papá quisieron matar al padre y matar el gusanillo al mismo tiempo aplicándose una pomada leninista en las escoceduras de la mala conciencia. «El señoritu se ha hecho comunista », decía, con un punto de aprensión, la «minyona » gallega. «No se preocupe, Engracia, está en la edad, ya sentará cabeza », le respondía, «amb molt de seny », la señora, acomodándose las perlas, cual Mariona Rebull, camino de Liceo. Después pasó que a algunos - como fue el caso del pobre niño rico Jaime Gil de Biedma- no les dejaron ingresar en el Partido no por burgueses sino por mariconcetes. Otros se patearon la herencia familiar, fundaron la «gauche divine » y, como entonces no existían oenegés, instituyeron la orden de «Bocaccio » para la redención de obreros. Hasta que se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó parar. Sólo que en vez de Fidel era Pujol el que implantó el toque de queda en los cerebros: «Silencio en la noche, ya todo está en calma. El músculo duerme y la ambición descansa ». Ni tan siquiera un tango: una canción de cuna capaz de amodorrar al más despierto. Un cuarto de siglo de nacionalismo a troche y moche, de camelancias «Up & Down », de comeduras de coco a derechas y a «esquerras », ha convertido a Cataluña en un erial en el que no crecen más flores que las de invernadero. Por eso, el sonoro «¡Basta ya! » que un grupo de escritores catalanes - con el cómico más serio que ha dado este país, Albert Boadella, a la cabeza- no sólo resulta pertinente sino que le ha sentado al tripartito como una patada ahí donde más duele. «Tu també, fill meu? », podría haber exclamado Maragall, en el papel de César «casolá », al asomarse al filo del ya famoso manifiesto. «Lejos de nosotros la funesta manía de pensar », le dijeron a Fernando VII en la Universidad de Cervera y, hoy por hoy, en la abulia del oasis catalán, el pensar te hace reo de penas severísimas y suscita coacciones muy diversas. No te pegan un tiro, eso es verdad, pero te ningunean. Y los que anteayer mismo se atrevieron - bien por desesperación, bien por decencia- a dar un paso al frente, saben muy bien lo que les espera. Serán tildados de submarinos del PP, de compañeros de viaje del Imperio, de tontos útiles y, al cabo, de fascistas a los que habría que despenar en las cunetas. Tanto da que se proclamen izquierdistas, liberales, mediopensionistas o internos. En este país, como se sabe, el progresismo se impone por decreto. El tiempo establecerá cuál es la hondura y la extensión del movimiento. Si es un camino que conduce a alguna parte o es un gesto al estilo de Pavese. La prueba del algodón, en cualquier caso, será saber si un arquitecto tiene bemoles para sumarse al pataleo. Con uno solo que hiciera de hombre justo sería suficiente. Entonces, Maragall, estás jodido: el tripartito se queda sin cimientos.
El Sr. Rodriguez, nos ha obsequiado hoy en el Senado, con un verbo insólito y es que refiriéndose a las condiciones para iniciar el diálogo con ETA ha dicho que si "contrasta" que ETA tiene voluntad de dejar las armas no dudará en dialogar con los asesinos.
Curiosa la utilización del verbo "contrastar" referido a este supuesto. Contrastar es un verbo lleno de subjetivismo. Pero aplicado a "voluntad" aún adquiere mayor nivel de imprecisión. Así formulado: "contrastar voluntades", resulta cuanto menos desconcertante, pero es que además "contrastar la voluntad de una banda de asesinos" ya resulta para echarse a temblar.
¿A qué contraste se refiere el sr. Rodríguez al del rojo de la sangre sobre el gris del asfalto? ¿Ó al contraste entre el silencio de los cementerios y el ruido de las bombas? ¿Ó a algún otro en el que ahora no atino?
Pero es que además el sr. Rodríguez se erige en "el contrastador", y mire Vd., por ahí si que no podemos pasar, ¿cómo vamos a dejar que algo tan subjetivo como "contrastar voluntades" quede en manos de alguien que miente día si y otro también? Sin ir más lejos, de alguien que ha quedado hoy mismo en evidencia cuando los Tedax contradicen la versión que dio en la comisión del 11-M sobre el coche bomba de ETA en Santander, por citar la más reciente mentira en que ha sido pillado y que hubiera debido significar la apertura de una investigación independiente.
Empleando, con la misma tranquilidad que el Sr. Rodríguez, dicho verbo: queda contrastado que es el peor Presidente de Gobierno desde la transición, que ha roto la unidad de los demócratas frente al terrorismo, que sigue una estúpida política exterior, que es un mediocre disfrazado de arrogante y que desagraciadamente y como resumen estamos contrastando cada día como su política nos lleva al caos. Aunque en este párrafo más que contrastar se debería haber empleado otro verbo más contundente tal vez comprobar, verificar, confirmar.
Tome nota Sr. Rodríguez, lo único que debe "contrastar" es uno de estos dos supuestos: Rendición o derrota, algo que no solo decimos aquí, sino que es un clamor en muchos sectores de su propio partido. Grábeselo bien: Rendición o Derrota. Nada más.
"PECES BARBA PODRÍA HABER INCURRIDO EN INFRACCIÓN GRAVE DE LA LEY DE INCOMPATIBILIDADES (Minuto Digital)
El Alto Comisionado de las victimas del terrorismo, Peces Barba podría estar violando la Ley 12/1995, de 11 de mayo, de Incompatibilidades de los miembros del Gobierno de la Nación y de los Altos Cargos de la Administración General del Estado.
El cargo que desempeña Peces Barba tendría la categoría de Secretario de Estado, comprendido en el ámbito del art. 1. 2 a) de la mencionada Ley, o en todo caso en el apartado h) del precepto "Asimismo, los titulares de cualquier otro puesto de trabajo de la Administración General del Estado, cualquiera que sea su denominación, cuyo nombramiento se efectúe por decisión del Consejo de Ministros".
Según el art 2 de la Ley "Los altos cargos comprendidos en el ámbito de aplicación de esta Ley ejercerán sus funciones con dedicación absoluta y no podrán compatibilizar su actividad con el desempeño, por sí, o mediante sustitución o apoderamiento, de cualquier otro puesto, cargo, representación, profesión o actividad, sean de carácter público o privado, por cuenta propia o ajena, y, asimismo, tampoco podrán percibir cualquier otra remuneración con cargo a los presupuestos de las Administraciones Públicas o entidades vinculadas o dependientes de las mismas, ni cualquier otra percepción que directa o indirectamente provenga de una actividad privada".
Si no nos equivocamos Peces barba sigue ocupando, y cobrando, como rector de la Universidad Carlos III, actividad privada que no se contempla como compatible por el art. 4 del texto legal: "El ejercicio de un puesto de alto cargo será compatible con las siguientes actividades privadas, siempre que con su ejercicio no se comprometa la imparcialidad o independencia del alto cargo en el ejercicio de su función: a) Las de mera administración del patrimonio personal o familiar. b) Las actividades de producción y creación literaria, artística, científica o técnica y las publicaciones derivadas de aquéllas, así como la colaboración y la asistencia ocasional como ponente a congresos, seminarios, jornadas de trabajo, conferencias o cursos de carácter profesional, siempre que no sean consecuencia de una relación de empleo o de prestación de servicios o supongan un menoscabo del estricto cumplimiento de sus deberes. c) La participación en entidades culturales o benéficas que no tengan ánimo de lucro y siempre que no perciban ningún tipo de retribución o percepción por dicha participación.
Según el art. 11 de la mencionada Ley de incompatibilidades "Se consideran infracciones graves: a) El incumplimiento de las normas de incompatibilidad a que se refiere el artículo 2. Las sanciones previstas para este tipo de infracciones son según el art 12 de la Ley 12/95: "1. Las infracciones muy graves y graves serán sancionadas con la declaración y publicación del incumplimiento de la Ley y la publicación de esta declaración en el «Boletín Oficial del Estado». 3. Con independencia de las sanciones que les sean impuestas, los infractores deberán, en su caso, restituir las cantidades percibidas indebidamente, de la forma que se establezca reglamentariamente. 4. Lo dispuesto en la presente Ley se entiende sin perjuicio de la exigencia de las demás responsabilidades a que hubiere lugar. A estos efectos, cuando aparezcan indicios de otras responsabilidades, se ordenará a la Dirección General del Servicio Jurídico del Estado el ejercicio de las acciones que correspondan.
Igualmente el Artículo 13. prevé como consecuencia de la infracción la imposibilidad de ocupar altos cargos. "1. Quienes hubieran sido objeto de declaración y publicación del incumplimiento de esta Ley no podrán ser nombrados para ocupar cargos, de los relacionados en el artículo 1, por un período de entre tres y diez años, si el incumplimiento fuese calificado como infracción muy grave, o, de hasta tres años, si lo fuese como infracción grave".

Interesante artículo de
Gabriel Albiac hoy en La Razón.
Uno debe pagar sus deudas.
Siempre.
Más aún, si son políticas.
Porque, con demasiada frecuencia, lo que en política se juega es la vida o la muerte de los otros. Exactamente lo que se está jugando ahora en el Sahara. El exterminio de una población, que alguna vez fue española, por una de las más negras tiranías del planeta: la del corrupto sultán marroquí, de cuyos amores locos tanto parecen disfrutar los dirigentes socialistas españoles; de González a Zapatero, de Chaves a Moratinos.
El Sahara es el testimonio vivo –puede que ya no por mucho tiempo vivo de nuestra ignominia digo nuestra, porque una ciudadanía que tolera a sus gobiernos comportarse como cómplices sonrientes de eso, no puede revestirse de inocencia. La sangre no sólo mancha a Hasán y a su hijo, no sólo mancha a Rodríguez Zapatero y Moratinos nos envilece a todos, a todos nos aplasta con nuestra pequeña dosis de matanza, corrupción, mugre, cinismo.
¿Qué sórdidos misterios, qué contabilidades opacas, hacen que la diplomacia española tolere a ese tirano cosas que, venidas de cualquier otro, desencadenarían ruptura diplomática instantánea? ¿En función de qué, un turbio déspota de derecho divino pudo insultar a un ex presidente español sin que nadie en el Ministerio de Exteriores moviera una pestaña? ¿Qué amputación anímica hace ahora que Zapatero y Moratinos juzguen estupendo que las autoridades de Marruecos retengan y devuelvan a España un avión en el cual viajaban representantes políticos y periodistas, reos del blasfemo propósito de investigar las condiciones de supervivencia de los nativos de un Sahara bajo ilegal ocupación marroquí desde que fuera deshonrosamente abandonado a su suerte por el ejército español?
España contrajo una deuda con la República del Sahara en 1975. Corrían tiempos muy difíciles aquí, es cierto. Pero eso no exime de nada. Y la deuda de entonces fue, como la deshonra militar, enorme. No sólo deuda moral.
Deuda material también, hacia una población, hasta entonces española, cuya independencia había sido legalmente encomendada a nuestro país por la ONU.
Y nuestro ejército huyó. Sin disparar una bala. Y permitió al teócrata violar leyes internacionales, anexionarse territorio, depurar habitantes. Sin que la potencia descolonizadora moviera un dedo para impedirlo. Se inició, a partir de ahí, un largo, metódico genocidio: los saharauis sobraban, en los designios del descendiente de Mahoma. El tirano necesitaba ese territorio. Por motivos económicos, primero. Más aún, como eficaz coartada frente a su interna miseria: nada tan eficaz como las mitologías nacionales para tapar la boca del que tiene hambre; nada tan eficaz, para que olvide quién le roba. No sólo Hasán, no sólo Mohamed son responsables de este espanto. No se puede abrazar a gente así sin quedar contaminado.
Abogado y periodista Jorge Trias Sagnier fue diputado por Barcelona en la VI Legislatura (27/03/1996 al 05/04/2000) en el Grupo Parlamentario Popular en el Congreso. Este articulo aparece en el ABC Al ver ese expresivo y minúsculo cartel, escrito con letras color rojo sangre, en la manifestación de Madrid contra la negociación con ETA me di perfecta cuenta de la dramática situación que estamos viviendo. Los ciudadanos perciben que el presidente del Gobierno se ha abandonado, y les ha dejado en manos de los nacionalistas catalanes y vascos, que éstos son quienes marcan la estrategia política y los que han impuesto una negociación indigna con los terroristas intercambiando independencia por «paz». Para ello, era necesario dividir a las víctimas. «ETA no es de nuestra competencia», dijeron con cinismo los llamados «afectados». Pero al Gobierno se le había escapado un pequeño detalle: los ciudadanos. Los ciudadanos que el sábado pasado salieron masivamente a recordarle a Zapatero, en la calle, que no negociase en su nombre.
Hay gente bienintencionada, como el obispo Blázquez, que se ha referido en varias ocasiones al perdón. Quizás les vendría bien leerse el artículo que en estas páginas publicó hace unos días Ana Velasco Vidal-Abarca, hija de dos grandes personas, de un militar asesinado por ETA y de la vicepresidenta de la Fundación Víctimas, quien distinguía entre perdón y justicia, recordando al Papa Juan Pablo II, que perdonó a Ali Agca e incluso le visitó en prisión, pero que no se inmiscuyó en la justicia italiana ni pidió que se le eximiese de cumplir su condena o que pudiese redimirla más cerca de «los suyos».
Afortunadamente también hay espléndidos pastores, como nuestro cardenal-arzobispo don Antonio Rouco Varela, que tienen las ideas muy claras y ahí está la Instrucción pastoral sobre el terrorismo como guía para desorientados. No es moral plegarse en unas cuestiones a los dictados del relativismo sociológico y en otras combatirlo. A mí me gustaría que algunos sacerdotes y obispos fuesen más humildes y escuchasen la voz del pueblo que de verdad sufre la injusticia, no el insulto de quienes la provocan.
Sólo un miserable, alguien con el corazón podrido, puede afirmar como lo hizo ese diputado nacionalista vasco, que Aznar, precisamente por ser víctima del terrorismo, no era la persona idónea para afrontar la lucha contra ETA. Nadie como Aznar y sus ministros del Interior, especialmente Mayor Oreja, hicieron tanto por las víctimas, a las que nunca preguntaron por su color político, como ahora se hace, y siempre las antepusieron a cualquier otra consideración. Por esa razón el sábado estuvieron ambos rodeados de cariño en la manifestación. El presidente de la Asociación de Víctimas, José Alcaraz, tuvo el acierto de recordar la petición del Rey en la Navidad de 1987 de que no hubiese ni debilidad, ni temor, ni duda en el rechazo de los asesinos. Ahora es el momento de la política, no de la soberbia. Es el momento de restablecer el Pacto por las Libertades, el momento del acuerdo entre Rajoy y Zapatero, el momento de dejar de jugar a ser zETAp. Todo por las víctimas.
Quizás el exíto "manifiesto"de la concentración del 4J sea la transformación de la ya previa agria sonrisa zETAp, en un rictus nervioso y cansado. Yo que no pude asistir a la manifestación, estuve ingenuamente colgado todo el día frente a la televisión, como si allí fuese a encontrar lo que buscaba. Una vez más el grito por la libertad fue acallado, ya no hablaré de la lucha contra el terror, hablaré de la lucha por la libertad -si, como reza en la portada de nuestro grupo-. Los que asistimos a la clase magistral ofrecida en Barcelona el día 3 de la mano de Convivencia Cívica Catalana, así lo vamos a entender por siempre, pero seguir con esto es adentrarme en las placenteras reflexiones ideológicas que nos animan a seguir en esta lucha, y ahora no es lo que quiero expresar.
La jornada del 4 para mí comenzó echando un vistazo a las portadas de la omnipotente y omnipresente prensa del régimen catalán, ¿Quieren creer que no se hacía mención a la manifestación que se celebraría esa tarde en Madrid?. El País, La Vanguardia, El Periódico de Cataluña, Avui, ... mudos testigos de las mismas voces que tras el atentado del 11M fueron utilizadas para justificar sus siempre oscuras maniobras propagandísticas. Hoy, la bandeja expositora de las distintas publicaciones estaba sembrada de rojo y gualda. Un placer que seguro nos han brindado con retorcijones en sus adentros. Ninguno de ellos hacía el redondeo matemático que todo bachiller conoce, propio de la gente ilustrada, en este caso "al millón de manifestantes", todos estos medios, se han quedado en sus estimaciones, en "algunos cientos de miles". No podía ser de otra forma. ¡ Canallas !.
¿Cuantos millones acompañaron a los de Madrid desde la ceguera informativa?. El 4 de junio se sentaron todas las bases para la beatificación en el terreno profesional del Sr. Urdaci. La televisión pública, casa financiada por todos, hizo el ejercicio de manipulación más vomitivo que haya podido presenciar jamás. No solo en los contenidos y en las formas, también en el seguidismo político.
Por la mañana, el presidente zETAp, "contrainformó" la jornada con la entrega de despachos en la Academia de Guardias y Suboficiales de la Guardia Civil de Baeza. Nervioso, zETAp se refugió en la marcialidad de la benemérita para recordarnos a todos que a pesar de que las víctimas reclaman justicia, el va a seguir apostando por la sucia rendición a los terroristas. Y esto delante de unos 3000 nuevos números. Al menos, su presencia pudo infundir en los garantes de la lucha antiterrorista varias perversiones subliminales: la rendición, la validez del cinismo desde el poder, y la mentira como estilo de mando. ¿Se os ocurren algunas más?. Esta imagen de un zETAp arrinconado, "siguió" a la información de la convocatoria, escasa por no decir nula.
Ya en las horas en que la manifestación estaba en su máximo apogeo, se ofreció en TV1 un "avance informativo", nervioso llamé a toda la familia para que lo presenciaran. Desolador, los acólitos de la Caffarel se regocijaron con eternos primeros planos de unos pocos y separados manifestantes, con brazos caídos, los símbolos a media asta, como si en en Madrid no pasase nada. Y ... ¿Saben con qué continuó lo que como "avance informativo" debería ser una crónica única, veraz, y actual? ... Pues sí, con las imágenes de la entrega de despachos de la academia de Baeza ocurrida por la mañana. ¡ Esto es información imparcial, si señor !
"Yo siempre escucharé a las víctimas, yo siempre estaré del lado de las víctimas, yo no insulto a los manifestantes" , se repitió el discurso ofrecido por la mañana, discurso que de forma profética Ussía transcribió magistralmente en La Razón.
Hoy en los informativos sobre las elecciones gallegas, más de lo mismo. zETAp, cuando te subes a una burra, hasta que no la revientas no paras. Ten cuidado que el pueblo español es un semental pura sangre. ¿ Ya conoces el idioma de los caballos ?.
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Al anterior Gobierno socialista se le hundió la nao "Victoria" y le salió ardiendo la Expo, aparte de otras minucias de Filesa, cal viva, cafelitos, roldanes y cosas así. Convino entonces toda la nación en acordar que en el PSOE había un gafe.
Hoy Jaime Campmany escribe en su columna este esclarecedor artículo. ADMIRADO me tiene el don de la profecía que entre tantas otras virtudes, naturales, sobrenaturales y surrealistas, posee nuestro muy amado presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Realmente, a la vista de un don tan claro, tan extraordinario y tan elevado sobre la generalidad de los humanos, los profetas mayores del judaísmo: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, tendrían que haberle hecho un hueco de honor entre ellos y tenerlo en medio de los cuatro, mimado y contemplado.
Es sabido que hay dos maneras distintas de usar el don sobrenatural de la profecía. Uno, el método directo, que consiste en predecir y anunciar de antemano los sucesos futuros, antes de que ocurran y con más o menos tiempo de anticipación, la adivinación de lo que vendrá mañana o dentro de algunos siglos. Otro, el sistema de la viceversa, o sea, vaticinar exactamente lo contrario de lo que sucederá, de tal modo que, conocido ya el carácter del profeta a la viceversa, se conoce la realidad de lo que traerá el porvenir dándole la vuelta al pronóstico. Para ejemplo clásico de profeta a la viceversa podría valer aquel personaje de un romance de Quevedo que decía de sí mismo: «Como a imagen de milagros me sacan por las aldeas, si quieren sol, abrigado, y desnudo, porque llueva».
Zapatero es, desde luego, un profeta de esta segunda categoría, un profeta a la viceversa. Su vida pública (en la privada ni entro ni salgo) está cuajada de ejemplos elocuentes. La revelación más espectacular de su don a la viceversa lo constituye la predicción reiterada y pública del triunfo de Kerry en las elecciones norteamericanas, que fue anunciado como seguro y felizmente inevitable. Bueno, pues Zapatero consiguió que George W. Bush obtuviera el triunfo más clamoroso de todas las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
Pronosticó insistentemente Zapatero la derrota de Howard en las elecciones australianas. No se había apagado el eco de sus profecías, y ya estaba Howard recibiendo telegramas de felicitación por su reelección. Vaticinó otra derrota que consideraba descontada y fácilmente previsible: la de Tony Blair en las urnas británicas. Blair, como ustedes saben, se encuentra instalado tan ricamente en el número 10 de Downing Street. Cuando Zapatero retiró las tropas españolas de Iraq, invitó a todos los demás países que tenían soldados allí a seguir el ejemplo, y anunció que serían muchos los que le imitarían. Ni uno solo lo hizo.
Más, más. Se arrimó a la sombra ilustre y perdurable de Schröder y Chirac, cuyos triunfos en todos los frentes daba como seguros. El canciller Schröder ha fracasado en Renania y Chirac ha sido aplastado bajo un aluvión de noes en el referéndum de la Constitución europea. En España, anunció una tregua de paz con la banda etarra, que estaba ya una larga temporada sin «hacer ruido», e inmediatamente empezaron a estallar bombazos allí y aquí, en Guipúzcoa, en Bilbao, en Madrid. Además de presidir el Gobierno, que Zapatero presida el Colegio de los Augures.
Juan Manuel de PradaPremio Nacional de Literatura en la modalidad de Narrativa correspondiente a 2004.
COMO todo el mundo sabe, en España se celebran dos tipos de manifestaciones: las que se convocan, auspician o promueven desde la izquierda y las manifestaciones de fachas. Para que una manifestación sea considerada de fachas ni siquiera es preciso que sea convocada, auspiciada o promovida desde la derecha; basta con que la izquierda decida no acogerla bajo su benéfica égida. Naturalmente, si usted participa en una manifestación bendecida por la izquierda se convierte ipso facto en un dechado de virtudes cívicas; si, por el contrario, se le ocurre participar en una manifestación que no cuente con su nihil obstat, engrosa automáticamente la hez social. En una manifestación bendecida por la izquierda, usted puede enarbolar banderas preconstitucionales sin rebozo, puede corear consignas energúmenas y extrañas a la convocatoria; también puede desfogarse vituperando a cualquier político conservador que se le pase por las mientes, apedrear las sedes de su partido y hasta liarse a mamporros con cualquier despistado señor de derechas que pase por allí. En cambio, en una manifestación que no haya sido bendecida por la izquierda dará exactamente igual que usted no enarbole banderas preconstitucionales, dará exactamente igual que se limite a corear consignas respetuosas y congruentes con la convocatoria, dará exactamente igual que se comporte intachablemente y que el vituperio no ensucie sus labios; incluso se arriesga a que a la mañana siguiente le envíen unos policías a casa, acusándole de alguna violencia fantasmagórica. Y es que, por el mero hecho de participar en una manifestación que no ha sido bendecida por la izquierda, usted se ha convertido en un facha irredento, nostálgico de la caverna, a quien conviene señalar con el dedo y colgar el sambenito de indeseable.
De nada servirán los llamamientos de las organizaciones que convocan la manifestación del próximo día 4 de junio: aunque sea más pacífica que la procesión del Corpus (otra manifestación de fachas, por cierto), aunque ninguno de los asistentes ostente símbolos franquistas, no variará su calificación. Será una manifestación de fachas, porque así lo ha decidido la izquierda, que es quien reparte discrecionalmente bulas y anatemas en el cotarro nacional. La izquierda ha logrado investirse de una suerte de supremacía moral casi que nadie discute (y quien se atreve a hacerlo es inmediatamente tildado de facha); o, si se prefiere, ha logrado trasladar sobre quien no se aviene a comulgar con sus postulados (ni siquiera hace falta que se trate estrictamente de un adversario político) una conciencia de pecado original, una «culpa ontológica» que nunca logrará sacudirse, por mucho que se empeñe. Este chollo ideológico de la izquierda, sustentado sobre un maniqueísmo grosero, admite expresiones rocambolescas que no soportan el análisis racional. Así, por ejemplo, para Gaspar Llamazares, el mero hecho de que Rajoy haya decidido acudir a título personal a la manifestación «evidencia que desea rentabilizarla». De nada sirve que la facción política que capitanea Rajoy haya concedido a sus militantes libertad absoluta para participar o abstenerse de hacerlo: al tratarse de una manifestación de fachas, esto es, no bendecida desde la izquierda, se presume que la derecha manipuladora la utiliza para crispar. Por supuesto, las manifestaciones promovidas en fechas recientes desde la izquierda eran muestras espontáneas de la sacrosanta voluntad popular.
Estas son las reglas del juego. Si usted las acepta, se le concederá misericordiosamente la condición de ciudadano respetable; de lo contrario, será expulsado a las tinieblas exteriores. Comulgue con ruedas de molino, hombre, y quédese en casita, mientras los fachas desfilan por las calles.
Alfonso Ussia en este magnifico artículo, publicado en la Razón, interpreta finamente la profundidad de pensamiento de ZapateroBla bla bla, bla bla bla bla bla bla. Bla bla, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla; bla bla bla bla bla bla bla bla. Bla bla, bla bla bla, bla bla: «bla bla bla bla bla bla, bla bla - bla bla bla bla bla- bla bla ». ¿Bla bla bla bla, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla? Bla bla bla bla bla bla, bla bla, bla bla bla, bla bla bla; bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla. ¡Bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla! Bla bla; bla bla bla bla bla bla bla bla. Bla bla, bla bla bla, bla bla: «bla bla bla bla bla bla, bla bla - bla bla bla bla bla- bla bla ». ¡Bla bla bla bla, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla! Bla bla bla bla bla bla, bla bla, bla bla bla, bla bla bla; bla blbla bla; bla bla bla bla bla bla bla bla. Bla bla, bla bla bla, bla bla: «bla bla bla bla bla bla, bla bla - bla bla bla bla bla- bla bla ». Bla bla bla bla, ¿bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla? Bla bla bla bla bla bla, bla bla, bla bla bla, bla bla bla; bla bla bla bla bla bla bla bla.¡Bla bla bla bla, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla! Bla bla bla bla bla bla, bla bla, bla bla bla, bla bla bla; bla blbla bla; bla bla bla bla bla bla bla bla. Bla bla, bla bla bla, bla bla: «bla bla bla bla bla bla, bla bla - bla bla bla bla bla- bla bla ». Bla bla, bla bla, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla, bla Bla bla bla bla bla bla, bla bla, bla bla bla, bla - bla bla; bla blbla bla; bla bla bla- bla bla bla bla bla. Bla bla, bla bla bla, bla bla: «bla bla bla bla bla bla, bla bla - bla bla bla bla bla- bla bla ». Bla bla; bla bla bla bla bla bla bla bla. Bla bla, bla bla bla, bla bla: «bla bla bla bla bla bla, bla bla - bla bla bla bla bla- bla bla ». ¡Bla bla bla bla, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla! Bla bla bla bla bla bla, bla bla, bla bla. la - bla bla bla bla bla- bla bla ». ¡Bla bla bla bla, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla.
La fotografía de Maragall retratando a Carod en actitud de burla hacia la figura de Jesucristo junto al Santo Sepulcro en Jerusalén condensa en una única imagen la magnitud del desastre en el que España se encuentra inmersa desde el 14 de marzo de 2004. El hecho de que el presidente de la Generalitat considere una idea graciosa mofarse públicamente con su socio principal de gobierno de la figura fundacional de la religión cristiana e improvise la bufonada conociendo perfectamente - porque Maragall puede ser un despistado, pero no es idiota- el alcance del gesto y sabiendo que semejante actuación ofenderá profundamente a mucha gente, revela hasta qué punto nos deslizamos cuesta abajo sin que aparentemente haya forma de detener la caída. La patochada blasfema y gratuita de los dos dirigentes catalanes forma parte de un proceso que va bastante más allá de un simple cambio de mayoría en el Congreso. Estamos viviendo, en efecto, una serie de acontecimientos que afectan a los fundamentos de nuestra convivencia en la medida que ponen al descubierto la pulsión destructora de fuerzas oscuras que por primera vez desde 1978 ya no se molestan en disimular su propósito de liquidar los supuestos que han venido garantizando durante el último cuarto de siglo la estabilidad de la sociedad española. La sonrisa entre diabólica y mema de Carod mientras sostiene festivamente una corona de espinas sobre su cabeza encaja coherentemente con su entrevista con ETA, en la que pactó que los asesinatos fuesen geográficamente selectivos, con su obsesión por acabar con la unidad nacional y la solidaridad entre los ciudadanos por encima de los territorios y las identidades, con el abandono por parte de Zapatero del Pacto Antiterrorista y su claudicación ante el crimen organizado, con el disparate de cambiar por ley la naturaleza de una institución tan esencial como la familia, con una política internacional que consiste en jalear a los tiranuelos más impresentables y distanciarnos de la democracia más poderosa de la tierra, con la irresponsabilidad de emprender una reforma constitucional en alianza con los que quieren destruir el espíritu y la letra de nuestro ordenamiento marginando al otro gran partido nacional, y con el avivamiento sistemático de rencores que yacían venturosamente enterrados y que la inmensa mayoría de los españoles de hoy ni siquiera conocen ni recuerdan. Todos los que asistimos alarmados a este espectáculo degradante deberíamos reflexionar muy seriamente sobre los motivos profundos por los que hemos llegado hasta aquí, por qué filólogos de tercera, diputados anónimos pulsadores de botón y arpías semianalfabetas al servicio de la banda disfrutan de tanto poder y pueden torcer sin remedio el camino de uno de los países más desarrollados, antiguos, cultos y civilizados del planeta. ¿Qué nos está pasando, dónde nos hemos equivocado, cuál es la solución?
Hemos abierto un espacio para hablar de este tema, si quieres dar tu opinión pulsa
aquí Su vida ha dado un giro espectacular. Ha pasado de tener una actividad pública frenética a ser un ciudadano de a pie que vive en el centro de Bilbao, va andando a su trabajo y disfruta como nunca de su vida familiar. Pero no oculta su pasión por la política, a la que asiste como militante del PSOE desde una posición muy crítica. (entrevista de ESTHER ESTEBAN)
PREGUNTA.- ¿Qué le parece la ruptura que se ha producido entre su partido y el PP en un asunto de tanta trascendencia como la lucha contra el terrorismo?
RESPUESTA.- Yo he sido partidario siempre del Pacto por las Libertades, que se basa en la derrota de ETA y que no pueden firmar aquellos que piensan que ETA dejará de matar sólo por la vía de la negociación, como Carod-Rovira, el PNV e IU. Pero nosotros estamos en la línea de derrotar a ETA con el Estado de Derecho, y hemos cambiado sustancialmente. Hay que preguntarse por qué.
P.- Puede haber dos motivos: que su partido necesita al PNV y ERC para gobernar y que de verdad hay agua en la piscina, ¿no?
R.- La resolución es una propuesta inútil e innecesaria porque, si con ETA no se va a hablar de política y se hace después de que dejen las armas, significa que no hay espacio para la negociación.Por eso, mucha gente sospecha que hay algo oscuro detrás. Además, el PSOE se sitúa al lado de dos partidos -ERC y PNV- que están dispuestos a pagar un precio político por que ETA deje las armas; incluso algunos de ellos son comisionistas de ETA y van a sacar algo de esa negociación.
P.- ¿A qué intereses espurios se refiere cuando habla del PNV y ERC? ¿Qué cree que van a sacar?
R.- Los nacionalistas nunca han querido que derrotemos a ETA.Saben que si ETA deja de matar, ellos salen perjudicados políticamente.Y además, al final del camino, ellos tienen que sacar tajada política del hecho de que ETA deje de matar; por eso relacionan siempre la paz con objetivos políticos superiores al Estatuto de autonomía vasco.
P.- Pues, de entrada, el Gobierno se da por satisfecho con que Ibarretxe, tras las elecciones, haya renunciado a su plan
R.- Se engaña quien piensa que Ibarretxe ha renunciado a su plan.El plan Ibarretxe, como el pacto de Estella, se basa en dos objetivos: el aumento de la territorialidad, con Navarra, y la capacidad legal de decidir los vascos sin que la Constitución española pueda limitar esa capacidad. En el momento en que Ibarretxe forme Gobierno volverán a su propuesta. La vestirán de otra forma, pero la volverán a presentar y harán un referéndum.
P.- ¿Y cómo intuye que va a terminar el numerito para elegir al presidente del Parlamento vasco?
R.- Yo no creo que vaya a haber un acuerdo consensuado. El PNV es un partido que defiende mucho sus posiciones, porque hace apuestas estratégicas y no cambia. Ellos saben lo que son y lo que quieren, y nosotros cambiamos mucho, porque muchas veces no sabemos lo que somos ni lo que queremos.
P.- Zapatero está convencido de que estamos en un momento histórico para acabar con ETA y que ha de intentarlo como han hecho sus antecesores. ¿Qué hay de malo en eso?
R.- Si alguien dice que lo quiere intentar, hay que dejarle.Pero si dice que lo quiere intentar sólo porque los otros lo han intentado Es la peor equivocación que se puede cometer, porque otros ya se equivocaron. Se equivocó Felipe González.Aznar todavía más, y Zapatero, si sigue así, ni le cuento A mi juicio, sólo hay una posibilidad de enfrentarnos a esto, que es desde la derrota de ETA. Y después, ser inteligentes para administrar la victoria. Parece que Zapatero, o quienes están a su lado, creen que está ya derrotada. Yo no lo creo.
P.- ¿Usted no cree que ETA vaya a entregar las armas?
R.- No. ETA necesita una justificación política para dejarlas . Porque, si no, lo que están diciendo es que sus activistas están en la cárcel por nada.
P.- No se fiaría de una tregua
R.- Hoy puede haber una tregua, pero al final habrá una negociación, que nadie se equivoque, en la que no podremos dar satisfacción a ETA. ETA está marcando los tiempos y nos ha pillado a todos, especialmente a Zapatero, con mucha voluntad y creyendo demasiado en su buena suerte. Pero un gobernante no puede basar su acción política en la suerte, no puede hacer lo que quiere, sino lo que puede y debe hacer.
P.- ¿Peca el presidente del Gobierno de ingenuidad?
R.- No lo sé. Ser ingenuo es distinto de ser bienintencionado.Pero no hay que hablar de las personas, sino de proyectos. En una situación como la de esta legislatura había dos opciones: una era una política de búsqueda de grandes consensos con el PP, y la otra era de acuerdos con los nacionalistas. Por desgracia, hemos optado por los nacionalistas, y se están debilitando preocupantemente los consensos nacionales que se han ido generando desde la Transición y que son imprescindibles.
P.- Pues en boca del presidente, al PSOE ya sólo el une con el PP el dolor por las víctimas, mientras el PP afirma que ustedes han traicionado a los muertos. ¡Mal asunto!
R.- No te une sólo el dolor, te unen los principios, las reglas del juego, la Constitución del 78, te une España. Si alguien piensa que al PP y al PSOE sólo nos une el dolor por las víctimas es que no cree que exista el país. Y desde luego los muertos son de todos, así que eso de la traición vamos a dejarlo.
P.- Usted ha escrito recientemente que el PNV ha sido desleal con todos los gobiernos. ¿Teme que traicione también a Zapatero?
R.- Por supuesto. El PNV traicionará a Zapatero en cuanto no les sirva. Y cuando éste les tenga que decir que no, que se lo tendrá que decir en algún momento, le llamarán traidor, como hicieron con Felipe y luego con Aznar, y entonces el bueno será Rajoy, o quien les convenga. No creen en España ni en la Constitución y cuando llegue el momento, ellos defenderán su gran Euskal Herria y nosotros defenderemos este país.
P.- ¿Usted también cree que Rajoy está escorando el PP a la derecha más extrema, y por eso están tan solos?
R.- Todo el mundo ha dicho que Rajoy es muy moderado y ahora afirman lo contrario. Esto es como lo de la soledad. Yo no sé qué es mejor, si estar como está el PP, solo, o estar como estamos nosotros, acompañados de Carod-Rovira. Mejor solo que mal acompañado.
P.- ¿Usted intuye, como afirman algunos, que Carod sigue viéndose con ETA, y que la información de Zapatero puede venir por esa vía, más que por la del PNV?
R.- No lo sé, pero Carod no está legitimado para hablar con ETA.Lo pueden hacer el Gobierno y Zapatero. Y si se equivoca, se equivoca, y lo pagará electoralmente.
P.- Tampoco lo de Otegi parece tener un pase. Al parecer, va a ser procesado por pertenencia a ETA, es recibido por Ibarretxe con todos los honores e incluso se permite dar moralina sobre los ministros
R.- Otegi está demostrando que tiene una capacidad brutal de influir en la política española. Si al final le terminan procesando, quedará claro que el margen del Estado de Derecho para las negociaciones siempre es muy escaso. Mañana alguien pensará que ha habido dictados políticos, pero es la Justicia la que toma la iniciativa. El Estado de Derecho es lo opuesto a la arbitrariedad.
P.- Usted ahora es un simple militante pero, tal como están las cosas, si sigue diciendo lo que dice, le pueden abrir la puerta y empujarle para que se vaya al PP, ¿no cree?
R.- Yo no soy del PP, soy del PSOE, y nadie me va a echar. Me marché porque consideré que me habían ganado, y al dimitir del todo y quedarme como un simple afiliado, recobré mi libertad.Y nadie me va a tapar la boca.
P.- ¿Habría firmado una carta como la de Rosa Díez y el resto, sobre el trato dado a María San Gil?
R.- No lo sé. Yo firmaría una carta preguntando por qué hemos recibido al PCTV en una ronda que en principio tenía el objetivo de dar confianza para que nos voten para la presidencia del Gobierno vasco. No creo que recibir al PCTV sea necesario, y lo digo con todo el respeto a Patxi López; pero el dato es que, una vez recibido, nosotros no podemos criticar que les den los votos al PNV. Está claro que hemos blanqueado al PCTV. ¡Qué horror!
P.- ¿Y qué le parece que Patxi López invite a Rosa Díez y al resto de firmantes a que se vayan al PP?
R.- Aquí, cuando piensas distinto a lo que piensa la dirección, es 'porque estás con el PP', no porque pueda haber errores en la actuación de la misma. Rosa es un referente nacional, yo la he visto en situaciones dificilísimas, enfrentándose a todos para defender al PSOE. Y ahora, argumentando no sé qué disciplina, la invitan a irse a ella y al resto. Como Maite Pagaza, que es una magnífica expresión de coraje, de valentía y de dignidad.¿Qué es lo que les molesta de ellos, que no han cambiado y otros sí? En los partidos debe haber un grado de disciplina, pero yo prefiero -como Gallardón- que en el mío haya 'versos sueltos'.
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aquí Nicolás Redondo Terreros escribe en el ABC. Voces discordantes en el seno del Psoe. En España siempre ha habido dos posturas anti-ETA: unos creen inevitable un acuerdo para que la banda deje de matar y otros simplemente quieren derrotarla. Los primeros piensan que existe un conflicto político en el País Vasco capaz de explicar las acciones de la banda terrorista, aunque no las compartan; los segundos consideran que no hay justificación posible para sus acciones. Los primeros no han creído nunca en la capacidad del Estado de Derecho para acabar con los terroristas, los otros piensan que sólo la aplicación de la Ley puede conseguir el final de la pesadilla. Una parte de los primeros, todos los nacionalistas, esperan sacar provecho político de una posible tregua; los otros, todos los otros, consideran que pensar en una solución política fortalece a los terroristas y los radicaliza. Unos, los primeros, creen suficiente una tregua indefinida —valga la contradicción de los términos—, el resto, sólo se conforma con la derrota de los terroristas.
La estrategia de los primeros se impuso desde los primeros años de la transición hasta el primer gobierno de José María Aznar. El recorrido tan largo de esta apuesta se debió a que el nacionalismo nos había ganado la batalla política y ejercía su capacidad de liderazgo, de iniciativa y hasta de veto en la lucha contra ETA, con la seguridad añadida de que el Estado de Derecho sería incapaz de ganar a la banda terrorista, por lo que era necesario aprovechar los momentos de su mayor debilidad para negociar; complementariamente se creyó en la imbatibilidad de la organización terrorista. No excluyo ¡cómo lo iba a hacer! las buenas intenciones, preñadas de impulsos morales, de muchos políticos españoles, pero el poder que dimos a los nacionalistas y la poca confianza en nuestras propias fuerzas explicaría por sí sola la gran perdurabilidad de una apuesta que se comprobaba errónea año tras año y asesinato tras asesinato.
Desde el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, se inició en España, y muy especialmente en el País Vasco, un movimiento que proponía la derrota de ETA, defendiendo que sólo la victoria por aplicación de la Ley podía garantizar a medio plazo una convivencia no sólo pacífica sino en libertad. Fue en aquel momento cuando empezamos a tener confianza en nosotros mismos y en el Estado de Derecho de nuestro país, a la vez que inevitablemente el nacionalismo iba perdiendo su posición de privilegio, su capacidad de iniciativa en ese aspecto. Estos tres factores condujeron al PNV a una negociación «in extremis» para evitar la derrota de ETA, de la que nació la Declaración de Estella. Nosotros, por el contrario, fuimos directamente hacia el Pacto por la Libertad.
El Acuerdo propuesto por José Luis Rodríguez Zapatero a instancias de los socialistas vascos tenía carácter nacional: se realizaba entre quien gobernaba en aquel momento y quien podía llegar a gobernar, el PSOE dirigido ya por el actual presidente del Gobierno; estaba dirigido a derrotar a ETA y aseguraba una continuidad en la apuesta estratégica contra la banda etarra gobernara quien gobernara.
Los nacionalistas, los que siéndolo no lo saben y los nostálgicos de la transición se opusieron a este Acuerdo porque ponía punto final a la posición privilegiada del PNV en su capacidad de iniciativa y veto en la lucha contra el terrorismo, porque rechazaba una solución basada en la negociación con la banda etarra y porque el Acuerdo, al ser considerado por su naturaleza y ámbito como nacional, redefinía a la baja, la influencia de los nacionalistas en la política española.
La nueva apuesta, basada en el ejercicio de nuestra responsabilidad y en la confianza en la legitimidad para utilizar con toda la contundencia posible el Estado de Derecho contra la banda terrorista, ha llevado a ETA, y parece que esto es reconocido por todo el mundo, a su peor momento. Esta situación, dramática para ETA pero feliz para nosotros, debe ser aprovechada para apuntillarles. No podemos, cuando por fin estamos a punto de ganar, dejar de pisar el acelerador y cambiar la apuesta de hace cuatro años. Quienes han vuelto a proponer la negociación, el acuerdo con la banda terrorista, parece que están ganando de una manera alarmante terreno en la política española. Se esconden ante conceptos indiscutibles a su juicio como el de la «unidad de los demócratas». ¿Unidad?, depende para qué. La unidad debe darse entre los que piensan igual, entre los que hacen la misma apuesta, es decir, entre los que creen en la derrota de los terroristas o entre los que aplauden una negociación. Porque la unidad de todos, la de los unos y la de los otros, nos llevaría a la parálisis, a la ineficacia en la lucha contra ETA y al renacimiento de sus posibilidades criminales.
El distanciamiento en los diagnósticos y las soluciones entre el PSOE y el PP fortalece a las fuerzas políticas partidarias de la negociación (PNV, ERC e IU), y presta a la banda terrorista una capacidad de influencia en la política española como pocas veces ha tenido, paradójicamente, en sus momentos de mayor debilidad. Son reveladoras en este sentido las declaraciones del siempre bienintencionado Ramón Jáuregui cuando dice que no cree «que cualquier atentado rompa la esperanza»; y como no serán suficientes las llamadas del diputado vasco a restar importancia a las futuras y posibles acciones de ETA, nos queda acogernos a la proverbial «buena suerte» del primer ministro o, para los creyentes, rezar porque no ocurra nada que ponga todo patas arriba.
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aquí La eurodiputada socialista Rosa Díez, reflexiona vivamente sobre las paradojas sociales y políticas que se dan, hoy en día, en el País Vasco. Tremendas paradojas a las que nos hemos ido acostumbrando, aunque, expuestas con toda crudeza, provocan asombro y vergüenza: la convivencia de la democracia con el terrorismo; de la opulencia con el terror; la farsa de las elecciones, reducidas a una mera contabilización de votos.... Todo ello en la actualidad diaria en que vivimos.
Para Rosa Díez sólo hay un camino capaz de conducir las cosas al terreno de la cordura y de la razón: la unión de los dos partidos constitucionalistas, uno de izquierdas y otro de derechas. Un camino que posibilitará expulsar del País Vasco la indignidad arraigada y recobrará los derechos básicos y fundamentales que disfrutan los paises occidentales.
Desde la perspectiva europea es difícil entender de forma racional las cosas que ocurren en Euskadi. Y no me extraña, porque somos un país único en el mundo. «Somos diferentes», suelen decir machaconamente los nacionalistas, coincidiendo así, en el fondo y en la forma, con aquel otro eslogan franquista «España es diferente». Realmente los vascos no somos diferentes del resto de ciudadanos de nuestro entorno, como no lo éramos los españoles de la etapa franquista. Pero las sociedades en las que vivimos o vivíamos, las instituciones que nos gobiernan, sí que son diferentes.
En el País Vasco se dan tantas paradojas que todas ellas juntas constituyen nuestro verdadero hecho diferencial. No es nuestro paisaje, ni la laboriosidad de nuestra gente, ni el desarrollo de nuestra tecnología o la modernidad de nuestras ciudades lo que nos distingue de los demás. Tampoco el hecho de tener un idioma propio, pues es habitual en España y en el resto de Europa la convivencia, en mayor o menor armonía, de dos o varios idiomas en una región o comunidad. Nosotros podemos presentar, sin miedo a coincidir con nadie, otros muchos hechos que sí que nos sitúan como una realidad única e incomparable. Citaré algunos ejemplos.
1. Somos el único país del mundo en el que conviven, de forma cotidiana y a lo largo del tiempo, democracia y terrorismo. Hay ejemplos de democracias que han sufrido ataques terroristas y también países que viven o han vivido enfrentamientos internos entre terrorismos de distinto signo. Pero no conozco ni un solo ejemplo en el que una organización terrorista «de la tierra», que nació en las postrimerías de la Dictadura, se haya perpetuado durante casi tres décadas para combatir el sistema democrático.
2. Somos el único país del mundo democrático en el que conviven opulencia y terrorismo. Cuando alguien hace el discurso sobre «las causas» del terrorismo en mi presencia y cita como elementos comunes y principales de su florecimiento la pobreza y la ausencia de democracia, yo les cuento lo del País Vasco. Y noto que me miran raro.
3. Somos el único país del mundo democrático en el que los terroristas atacan, persiguen, amenazan y asesinan sólo a los miembros de los partidos de la oposición. O a los periodistas, jueces y/o profesores que «no comulgan» con las tesis de los gobernantes.
4. Somos el único país del mundo democrático en el que es la oposición la única que necesita escoltas.
5. Somos el único país del mundo democrático en el que, cuando se convocan elecciones, lo que se celebra de veras son votaciones. Porque una parte de la ciudadanía tiene proscrito su derecho activo y pasivo a participar en aquéllas en igualdad de condiciones con quienes apoyan o van en las candidaturas de los partidos que están en el Gobierno. Por tanto, se vota, pero realmente no se puede elegir libremente.
6. Somos el único país del mundo democrático en el que su Gobierno hizo un pacto con la organización terrorista que lleva más de 30 años sembrando de víctimas nuestra tierra, para asegurar la exclusión política de quienes no somos de su misma ideología (más o menos el 50 por ciento de la sociedad).
7. Somos el único país del mundo democrático que tiene un Gobierno que deslegitima desde las propias instituciones las normas que le permiten ostentar el poder político; un Gobierno cuyo «ministro» de Justicia se manifiesta con los que burlan la legalidad, cuyo «ministro» del Interior exige compensaciones para la organización terrorista cuando se detiene a uno de sus miembros. El único país que tiene un presidente que acoge, protege y defiende a una organización que ha sido declarada por los más altos tribunales del Estado como integrante del entramado terrorista.
Podría seguir poniendo ejemplos de lo que constituye nuestro verdadero hecho diferencial. Pero sé que no hace falta. Ustedes ya se han dado cuenta de que el nuestro, a diferencia de otros que por el mundo existen, requiere de la aplicación de políticas excepcionales para su erradicación. Acostumbrados como estamos, en este mundo globalizado, a pedir acciones para preservar la diversidad, en eso también el País Vasco es diferente. Cuando nuestro hecho se conoce, nadie quiere preservarlo, y las voluntades se acumulan para conseguir erradicar esta mancha que ensucia la democracia y que es la gran asignatura pendiente de España y Europa entera. Vamos, que no es diversidad, sino anomalía.
Decía antes que los ciudadanos vascos no nos diferenciamos apenas entre nosotros. Los perseguidos y los verdugos, los cómplices, los consentidores, los beneficiarios del chantaje, los cínicos, los tibios, los resistentes, los héroes anónimos, los chivatos... en la calle, en el taller o en la universidad, en un concierto o en un restaurante, todos somos bastante iguales. Bueno, lo correcto sería decir: todos éramos bastante iguales. Hasta el extremo de que tuvieron que empezar a amenazarnos, a perseguirnos, a asesinarnos, para que dejáramos de ser iguales. Y ahora sí, ya somos diferentes. Lo curioso es que en Euskadi los «diferentes» no son los que reivindican el hecho diferencial del pueblo vasco y su historia milenaria, generadora, según ellos, de derechos tribales. No, aquí los diferentes somos los que siempre supimos que éramos iguales que los demás: entre nosotros y respecto al resto de los españoles. Aquí, la Estrella de David que nos marca son nuestros escoltas, nuestra forma de vida, no tener costumbres fijas ni horarios habituales, no poder ir con tranquilidad a determinadas zonas de tu propia ciudad, no poder llevar a los niños al parque, ni pasear sola por la playa o ir al monte solo con amigos. El terrorismo y el nacionalismo cómplice y/o complaciente nos han hecho visibles, distintos. Han conseguido, sí, que seamos diferentes.
No hace falta que les diga que ésta es otra de nuestras paradojas: los que reivindican la diferencia viven igual que el resto de los españoles, amparados por la Constitución, ejerciendo todos los derechos que ésta nos reconoce, desde el derecho a la vida hasta el derecho a la libre expresión, a la participación en los procesos electorales y a la libertad de movimiento o pensamiento. Y quienes nunca quisimos ser diferentes seguimos reivindicando esa Constitución que protege los derechos que disfrutan -otra paradoja- quienes la quieren liquidar.
Yo he explicado a mis colegas europeos que el 17 de abril tuvimos en Euskadi una nueva oportunidad para homologarnos con ellos. Les he contado que ha habido elecciones y que es posible que esta vez mandemos a la oposición a quienes durante 22 años han gobernado para mantener unos hechos diferenciales que avergüenzan a cualquier demócrata. Les he explicado que en el País Vasco hay dos partidos autonomistas y constitucionalistas -uno de izquierdas y otro de derechas-, y que juntos pueden conseguir que los gobernantes actuales no tengan la oportunidad de mantener esa indignidad. Les he explicado que esos dos partidos compiten cada cuatro años para lograr la mayoría y formar el Gobierno de España; que representan dos opciones ideológicas y que contraponen sus modelos en lo cultural, educativo, de vivienda o empleo. Y les he dicho que en Euskadi sólo será posible provocar la alternativa si ambos partidos nos lo planteamos como un objetivo de Estado y sumamos fuerzas para que dentro de unos años podamos contraponer, también aquí, nuestras propuestas políticas y disputar con normalidad en las urnas.
Me entendieron perfectamente. Porque los europeos tienen memoria. Y saben que ante situaciones extraordinarias se requieren medidas excepcionales. Mi propuesta les pareció bastante más normal que las cosas que ocurren cotidianamente en el País Vasco sin que al parecer a nadie le llamen la atención. Por eso espero que los votos que los ciudadanos han depositado en apoyo de las opciones constitucionalistas se utilicen bien. Y que quienes tienen la obligación de gestionarlos y pueden impulsar un Gobierno de cambio pongan por delante de sus opciones personales, de sus cálculos políticos o de sus ensoñaciones históricas, la dignidad y el sentido de Estado. Y espero que los dirigentes de mi partido no hayan olvidado las palabras que Pilar Ruiz le dirigió a Patxi López el día que se cumplía el segundo aniversario del asesinato de su hijo Joseba Pagazaurtundúa: «Cuando tengas que tomar decisiones, pon en un lado de la balanza lo más importante: la vida, pero también la dignidad. En el otro lado pon entonces el poder y el interés del partido. Y sabrás si tu decisión es correcta o no. No te olvides de que quien pacta con los traidores se convierte en un traidor».
Por ROSA DÍEZ. Diputada socialista al Parlamento Europeo
Artículo publicado en la Tercera del ABC el 6 de Mayo de 2005
La escenografía impecable. El protagonista también. Jose Luis Rodriguez Zapatero ha dado anoche una lección inolvidable de dialéctica política. Y lo digo sin ninguna ironía. En Ferraz tienen que estar muy satisfechos. Hemos visto a un Zapatero sereno, sonriente, conciliador, rezumante de talante, recreado en los propios logros, esgrimiendo una y otra vez sus argumentos, escondiendo sus carencias. En definitiva, para mí ayer, se ha ganado un notable alto.
¿Esperaban ustedes algo más? ¿Titulares? ¿Sinceridad? ¿Autocrítica? No seamos ingenuos. Las cuerdas del poder no se mueven con esos dedos.
Enfrente tenía ayer el Presidente del Gobierno cuatro periodistas y una "moderadora". ¿Cuatro? Veamos:
Vicente Jiménez, de El País, sentado a la diestra de
Pedro J. Ramírez. Un dúo interesante. Con suavidad, desde un tono que invitaba a no dudar de su profesionalidad, Jiménez se limitó a plantear las cuestiones que todos creemos abiertas pero sin recrearse en la suerte.Sin emitir juicios de valor. Estuvo en su sitio y bien.
Ramírez, por su parte, fué el único ayer capaz de sacarle los colores a Zapatero (dos veces!, lo digo en sentido literal) y harto de las generalidades con que nos deleitó el Presidente se atrevió incluso a llamarle demagogo. Rara vez coincido yo con Pedro J., ni en sus juicios, ni en sus argumentos. Pero he de decir que ayer fué el único que se atrevió a hurgar en los puntos débiles de la gestión del Gobierno. Y eso teine su mérito.
Doña Consuelo Alvarez de Toledo llegó incluso a transmitir autosuficiencia. Tal vez la regla de 59′ para quien pregunta, 59 frases (duren lo que duren) para quien contesta y apenas oportunidad de réplica terminaron por desanimarla y llevarla a la desidia.
Intentó, como Ramírez, plantear las cuestiones que más nos preocupan a los españoles y sobre las que ni el Gobierno ni el PSOE se han dignado todavía a darnos una explicación, un plan concreto de futuro.
Había un cuarto periodista…si hombre, como se llama esa chica?…ah! Ya
caigo:
Margarita Sáenz. Se equivocó de plató. Había programado la noche para acudir de claquista a "La Terraza del Gran Wyoming" y cuando le dijeron que el programa ya no existía, y para no perder la ocasión de un viaje a Madrid, decidió quedarse. Pero no cambió el chip. Su ejercicio de adulación permanete reactivaron mis jugos biliares en más de una ocasión. Sobre su ABSOLUTA ignorancia en cuestiones jurídicas no me voy a parar. Sólamente le diría que leyese algunos libros sobre conceptos tales como "complicidad", "incitación al delito" y "responsabilidad por omisión". Dudo que, aún leyéndolos, llegase a antender nada.
Y Don Jose Luis. Qué decir de mi presunto paisano. En su sitio. Abusando de hora y media de mi vida (ojo, por que quise, siempre pude haber apagado la tele) para recitar una vez más los grandes principios de todos conocidos: libertad, igualdad, fraternidad. ¡Talante!
Los españoles somos ciudadanos libres, nos dijo. Claro, hasta que se nos ocurre, en calidad de alcalde o juez no unir en matrimonio a una pareja X, por ejemplo. Somos libres, eso sí, desde la cordialidad. Resulta muy curioso ver con qué facilidad confundimos avenencia con debate cordial. Confundimos seguidismo con opinión. Pero no importa: viva la libertad! Sobre todo la de los míos. Y por supuesto la del amigo Maragall.
Todos somos iguales. No ya ante la ley, que por supuesto. Somos iguales. Todos queremos más impuestos, todos queremos casarnos (si es posible por la iglesia, que las fotos son mejores), los derechos se extienden a quienes no los disfrutaban. Y los conceptos? Son también extensibles los conceptos? Puede la ley, el Estado, "santificar" una unión temporal entre personas? ¿No estamos hablando, tal vez, de regular el derecho de las personas a vivir en pareja? ¿No es éste un derecho regulable sólo porque el Estado se autoarroga la capacidad de decisión sobre temas que no le incumben - herencias -, o no deberían incumbirle - pensiones -?
Todos somos iguales. En la España de ZP más que antes. Por eso, si yo mañana decido trasladarme a Cataluña (España), me encuentro con que los 100.000 Euros que me he gastado en el etiquetado de mis productos son paja mojada. Las etiquetas en español, inglés y francés no valen en MI país. Por eso, si entiendo que mis hijos deben aprender español, inglés y japonés (señores, son MIS hijos, no los de la Generalitat) tengo que buscarme una vivienda en Teruel y viajar todos los días al país vecino a trabajar. Por eso, cuando cuelgo el rótulo de mi empresa (Española de Potingues SA), en MI país seré denunciado por no rotular en un idioma que no es el mío.
Y la fraternidad. Desde arriba, como hermanos mayores que somos, con talante y fraternidad, conseguiremos que los islamistas sean cada vez menos radicales, que respeten los derechos de la mujer y que, en lugar de pegarme un tiro me lancen flores. Porque la nuestra es una cultura superior de la que ellos deben aprender y eso sólo se consigue desde la presión (?) que podamos ejercer dentro de la Alianza de Civilizaciones. Me ha dejado perplejo. Por cierto, conceder el rango de causa a lo que es claramente una consecuencia forma parte de la dialéctica de justificación de lo injustificable. El aumento de protagonismo de la mujer en la vida social y política de las sociedades occidentales no es la causa de nuestra libertad. Es justamente al revés. En la sociedades, cuanto más libres, más conscientes son de ello sus miembros, y mayor es entonces el afán de traslado de esa libertad a todos sus miembros.
En fin. Que seguimos sin saber cómo se va a articular España.
Sobre las mentiras (economía) y frases tendenciosas (pacto antiterrorista), que las hubo, no voy a decir palabra. Que luego resulta que crispo.
Luis I. Gómez
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aquí“El halago popular es uno de los grandes escollos en que naufraga el liberalismo” (Gregorio Marañón)
Muchos votantes del PP se preguntan dónde se han metido estas últimas semanas los dirigentes del Partido en el que confían. Salvo la “machada” de Luis Herrero ante el Parlamento Europeo, denunciando el monopolio informativo que hay en España y luego tímidamente apoyado por Rajoy, nada de nada. Parece cómo si se los hubiera tragado la tierra. Y no por un apagón informativo, en este caso, que también. Ibarreche ya ha dicho que lo que quieren para el País Vasco es un República independiente de España y que convocará consulta popular ilegal. Rajoy missing. El Carmelo sigue hundido y sus damnificados silenciados. Rajoy missing. En Cataluña se habla de comisiones de un 3% en la adjudicación de las obras públicas. Rajoy missing. Las Víctimas del Terrorismo despreciadas por el Gobierno. Rajoy missing. La Ley Polanco y la consiguiente dictadura mediática en ciernes. Y Rajoy, missing. El Gobierno tratando de asfixiar a la Comunidad de Madrid, vía MINTRA. Y Rajoy, missing. La bazofia de ideas que nos venden resulta cada día más esperpéntica. Y Rajoy, missing.
En 1996 Jose María Aznar prometía una regeneración democrática total de una España azotada por la corrupción endogámica, el paro, el terrorismo, la falta de libertades individuales… en resumen, acabar con la “dictadura silenciosa” que denunciaba Federico Jiménez Losantos en su libro así titulado .
Pero pasados unos meses, se rindió al Régimen. ¿Recuerdan cuando no quería entregar los documentos clasificados de los GAL a la Justicia?. Ahí comenzó la rendición incondicional. Sumisión total a los poderes fácticos. Manto de silencio sobre la corrupción.
Basta recordar la responsabilidad del Gobierno del PP en el incumplimiento de la sentencia del Tribunal Supremo acerca del “Antenicidio” o cómo Aznar salvó a Sogecable de la quiebra un mes de Diciembre, otorgándole el monopolio de la televisión digital. O la incomprensible retirada de la reforma del mercado laboral, cuando la Huelga General Política convocada por la izquierda había sido un fracaso. O el incomprensible Pacto por la Injusticia, cuando el PP hablaba de dotar de mayor independencia a los jueces; independencia cercenada gravísimamente mediante la LO socialista de 1985. O lo que tardó el PP en emprender la reforma de la educación. Educación que cada día se encarga de “formar” a mayor número de analfabetos funcionales.
España se cuartea y el Partido Popular, único partido nacional que realmente queda, callado. Callado y vilipendiado. Porque por mucho que se plieguen, la estrategia de destrucción de la Derecha desde los poderes fácticos afectos al Régimen, no cesa. Que si el nieto del primo del abuelo del tío, que si cheques al portador en Madrid, que si el AVE no alcanzará los 350 Km/h… al final nos dirán que la economía durante la etapa Aznar fue un desastre y que el paro estaba por las nubes… y el PP seguirá callado. ¡Pero, tontos, sí van a por vosotros igualmente! ¿Es que no lo entendeis? Aquí hay que imponer el PRI mejicano como sea. Y vosotros no entráis en los planes de quien pretende consolidar la dictadura silenciosa para mantenerse décadas en el poder. Sólo Angel Acebes parece haberlo comprendido y así lo denunció en fechas recientes. Claro, que desde ese momento, Acebes es un “ultra”. Un “ultra” que, por cierto, lleva calladito muchos días. ¿Consejo de algún asesor de esos que cobran una millonada y casi siempre se equivocan?
¿Qué le pasa al PP? Sucede que la Derecha está acomplejada por quienes la tildan de franquista, facha, ultra o fascista –elija el adjetivo a placer y aplíquelo en cualquier ocasión- a cualquier hora y sin motivo alguno, en lugar de denunciar, como debería, que el Régimen sigue vivo y cobrando cada día más fuerza por mano del Gran Caudillo y su Partido Único. Empezó el complejo con la tontería esa del “centro reformista” que, igual algún día, alguien nos explica qué es (Me da a mí que no es más que la expresión política del complejo en cuestión).
La media de edad de los diputados populares ronda los 40 años. Es decir, eran niños durante la dictadura. Sin embargo, se rinden continuamente ante el temor de ser tachados de “nietos de Franco”. Estupideces. ¿Es ZP el “nieto de Stalin”? La batalla por las ideas, Don Mariano. ¿Cuándo la Izquierda española va a condenar los asesinatos de la Izquierda? ¿Cuándo la Izquierda española dejará de mirar con simpatía de “demócratas” de la talla de Fidel Castro? Se pasan el día pidiendo al PP que condene a Franco (y mira que lo ha condenado veces ¿eh? Congreso de los Diputados y durante el Gobierno del PP incluído), pero ellos siguen siendo adoradores de totalitarismos varios. Denúncielo. Denuncie el lenguaje de lo “políticamente correcto”, o sea, de la subversión del lenguaje y el finiquito de la libertad de expresión e incluso de pensamiento. Y denuncie que la izquierda no está ungida de ningún tipo de superioridad moral, aunque se lo crea. De la batalla.
Además, a cierto sector de la Derecha le faltan convicciones. Demasiada gente acostumbrada a la moqueta que no quiere “quemarse”. Demasiados asesores aúlicos progres. Demasiada termita de salón. Demasiados políticos profesionales sin preparación. Y cuando alguien se desmarca y demuestra tener convicciones, inmediatamente es tachado de “ultra-derecha” no sólo por la izquierda, sino por esos conspiradores y mediocres que sólo aspiran a mantenerse en la poltrona y ascender en sus puestos. Ambiciones desmedidas sin cimiento intelectual alguno. Su coherencia es seguir viviendo del cuento, pase lo que pase. Que nos lo cuenten a los madrileños…
Muchos de los dirigentes del PP son gente sólida, con formación. Sin embargo, los cargos intermedios dejan muchísimo que desear. Son esas termitas que se arrimaron al olor del sillón. Gente mediocre sin convicción alguna. Mejor estar a buenas con la izquierda y aguantar sus tropelías: “Total, yo no tengo ideas políticas, lo mío es mandar y cuánto más mejor”. Al fin y al cabo, son políticos profesionales y si su carrera termina, les esperan las filas del INEM, porque no han dado un palo al agua, fuera de la política, en su vida.
Y cobardía. Porque hace falta mucho valor para enfrentarse a todo un Régimen. Es más cómodo comer en Jockey que tener que ajustar el presupuesto para llegar a fin de mes. ¡Qué defensa de la libertad! Da pavor.
Lo mejor que tiene la Derecha, sin duda alguna, son su base sociológica y sus militantes. Cuando el PP perdió el pasado 14 de marzo las Elecciones Generales, 25.000 personas acudieron a afiliarse al partido con mayor número de militantes de toda España, aunque ahora el desapego entre las bases y los dirigentes se esté agrandando por la inacción de los mandamases.
Afortunadamente, la base social del PP lo tiene claro: fíjense cómo Manuel Cobo no llegaba ni al 10% de apoyo de las bases del PP de Madrid. Fíjense cómo a pesar de la que estaba cayendo, el PP sacó casi 10 millones de votos. Fíjense cómo a pesar de la estrategia de demolición de la Derecha perpetrada por el PRISOE las encuestas dejan claro que no existe derrumbe electoral de la derecha. Está claro que la “mayoría silenciosa” sigue ahí.
Pero Don Mariano, no se aproveche de ello, ni se avergüence de sus votantes. Y actúe en consecuencia.
Almudena Negro.
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Nacido el 6 de junio de 1963 en Madrid.Diputado en la legislatura y VIII.
Casado. Dos hijos. Licenciado en Derecho. Diploma de Graduado Superior en Ciencias Jurídicas (ICADE). Funcionario de la Carrera Diplomática. (1989). Segunda Jefatura de la Embajada de España en Trípoli (Libia) de 1991 a 1993. Segunda Jefatura de la Embajada de España en Ammán (Jordania) de 1993 a 1996. Director General del Gabinete del Ministro del Interior de 1996 a 2000. Miembro del Comité Ejecutivo Regional del Partido Popular del País Vasco.UNA de las características más preocupantes de los momentos más críticos de la historia de la Humanidad, de los puntos de inflexión decisivos, es que se presentan sin avisar, y casi siempre pasan inadvertidos a la mayor parte de sus protagonistas. Tomemos como ejemplo el estallido de la Primera Guerra Mundial, que se hizo inevitable, la carrera armamentística, la estupidez, el nacionalismo exacerbado, y la incapacidad de rectificar. Las ideologías totalitarias a lo largo del siglo pasado lograron anestesiar y amedrentar a la Humanidad para ganar tiempo y margen de maniobra, armarse, conquistar países - en ocasiones sin pegar un tiro, como el Anschluss nazi de Austria-, tratando de presentarse como movimientos pacíficos, deseosos de lograr una paz perpetua y justa, diciendo ser la víctima de conspiraciones malintencionadas, y asegurando que su agresividad era simplemente defensiva. Estos totalitarismos esperaron y siguen esperando, con la paciencia de los depredadores más sanguinarios, a que sus presas confiadas estén a su alcance para darle el tiro de gracia a la libertad. Ésta podría muy bien ser una situación tristemente similar a la que nos encontramos.
Desde los inicios del siglo XXI se vislumbran preocupantes factores de profunda y muy peligrosa inestabilidad, elementos como quizás no habíamos sufrido en los últimos veinte años. Pocas veces la realidad podría llegar a tener unos efectos más perturbadores, disgregadores y destructivos, por la confluencia de algunos de los fenómenos más agresivos y expansivos. Algunos de ellos se han disfrazado exitosamente como pacíficos e inocuos. Otros, por el contrario, no disimulan y son abiertamente hostiles, agresivos, y ya han demostrado su voluntad y capacidad destructora. Entre ellos hay en apariencia poca relación y sin embargo comparten algo fundamental, su anti-occidentalismo, anti-americanismo, anti-globalización, anti-semitismo, anti-cristianismo, además de su mercadofobia. La alianza de los anti es en apariencia endeble, y sin embargo es un eficaz polo de atracción para los movimientos radicales del planeta, que aunque no compartan la totalidad de sus postulados, sí comparten adversarios y enemigos. Los movimientos anti-globalización son una de sus más eficaces plataformas.
El primero de estos elementos peligrosos es el populismo totalitario, represivo, irresponsable, antidemocrático y expansivo que se ha instalado en algunos países de América Latina. El populismo por definición carece de ideología reconocible, su único y verdadero afán es el poder, el dominio, y perpetuarse. Cuando algunos sectores de la izquierda, generalmente los más radicalizados, pero lamentablemente no sólo ellos, aclaman como referente esencial a un personaje vacío doctrinalmente y filofascista en los métodos y en las formas como lo es Hugo Chávez Frías, presidente de Venezuela, es que la sequía ideológica en la izquierda es más grave de lo que los más pesimistas vaticinaron. Chávez es la esperanza blanca del castrismo fracasado, anacrónico y moribundo, que intuye que su continuidad es inviable en la Isla y que sólo es posible a través del presidente venezolano y del MVR (Movimiento 5ª República), su extravagante, radical y heterogéneo movimiento político. Por cierto, que uno de los elementos principales del MVR de Chávez es el PPT (Partido Patria para Todos), uno de los máximos apoyos internacionales de Batasuna, es decir, de ETA. Castro cree que sus tesis podrán por fin dominar el continente a través de Chávez. Además, la gran ventaja de Venezuela es que tiene una muy abundante renta petrolera (que por cierto sólo cubre la mitad del presupuesto venezolano), con la que el caudillo autoproclamado bolivariano financia sin disimulo ni rubor a los movimientos más extremistas del continente, desde el indigenismo boliviano de Evo Morales, escasamente preocupado por la verdadera suerte de los más necesitados de su país, a los piqueteros de Argentina, sin olvidar sus estrechas relaciones con las FARC y el ELN, organizaciones ambas consideradas grupos terroristas por la UE. Por esta y otras razones, el horizonte latinoamericano no puede ser más oscuro e incierto.
El segundo elemento es el islamismo, que en sus versiones no violentas es reivindicado por algunos analistas occidentales como un movimiento reformador y aperturista, e incluso como necesariamente y para ellos positivamente rupturista. No hay conciencia de la diferencia entre Islam político e islamismo, este último ni es ni ha sido ni será nunca moderado. Antonio Elorza ha definido con acierto al islamismo intelectual como islamismo analítico, que trata por todos los medios de presentarse como moderado, víctima de la persecución de Occidente y como corriente legítima de pensamiento, cuando no es otra cosa que la vanguardia del terror, envuelta en las sedas de unas exquisitas maneras que ni pueden ni deben engañarnos. Los máximos representantes de estas corrientes son, entre otros, Tariq Ramadán o el sudanés Hassan Al-Tourabi.
El tercero es la corrección política, la más eficaz censura que se ha conocido en los últimos treinta años. Es un elemento que paraliza y narcotiza a las sociedades democráticas, permitiendo a los elementos más violentos y agresivos ganar terreno. La corrección política nos ha desarmado frente a la agresividad del populismo, de los movimientos anti-globalización y del islamismo militante. Las naciones más avanzadas han abierto sus puertas a una sociedad supuestamente multicultural, que no es otra cosa que una calle de un solo sentido, sin reciprocidad alguna, por mucho que lo trate de dulcificar la progresía de salón. De hecho, confunden a quienes vienen legítimamente en busca de una vida mejor con aquellos que tienen un afán de extender su voracidad de dominio y de opresión a Occidente. Éstos se aprovechan de la buena fe de nuestras sociedades, y la corrección política les abre inmensos espacios de maniobra. La corrección política carga de complejos y paraliza la capacidad de respuesta de las democracias. Un ejemplo triste y lamentable de esto lo constituye el hecho de que una de las escuelas de pensamiento islámico más ultraconservador como la wahabí financia la construcción de mezquitas de su tendencia por todo el mundo, pero no permite la edificación de templos de cualquier otra confesión en Arabia Saudí, aunque sean las monoteístas de «las gentes del libro» reconocidas por el Corán. ¿Cuántas veces no habremos oído a personajes como Evo Morales o Tariq Ramadán reivindicar la que según ellos es una «inmensa deuda» que Occidente tiene para con sus países? ¿Por qué la autocrítica brilla por su ausencia en el populismo y en el islamismo? Simplemente, porque tanto el uno como el otro pertenecen a tendencias en extremo totalitarias.
A todo esto ciertas izquierdas en Occidente, huérfanas ya de todo referente ideológico sólido, han adoptado como adalides a personas que en ningún caso pertenecen a la izquierda tradicional, de una parte un caudillo populista como Hugo Chávez: recibido como un verdadero héroe en el Foro de Sao Paolo, y de otra un centrista liberal como Bill Clinton. Éste es un síntoma de crisis ideológica que debe ser resuelta cuanto antes por el bien de la democracia. Las izquierdas democráticas son esenciales para la estabilidad política y el progreso de las sociedades más avanzadas, pero los sectores que se identifican más con elementos desestabilizadores como el populismo o el islamismo por coincidir esencialmente con sus elementos «anti» son un verdadero lastre para sus correligionarios, además de ser profundamente reaccionarios.
Todas las ideologías democráticas son legítimas; las izquierdas despistadas, y en no pocos casos radicalizadas, deben desvincularse de sus coincidencias con estos elementos peligrosos y agresivos, y todas en general deben por fin reconocer que las derechas democráticas son tan legítimas como las izquierdas democráticas. Lamentablemente, las radicalizadas son ya en gran medida irrecuperables. Esta elemental premisa es fundamental para encarar sin lastres ni complejos los problemas más graves a los que se enfrentarán la democracia y la libertad en el siglo XXI, que son los enemigos comunes de todos los demócratas con independencia de su ideología: el terrorismo, el fanatismo que lo inspira, la proliferación de armas de gran capacidad destructiva y el crimen organizado. Rivales y adversarios seremos aliados en las batallas en pro de la libertad que ya no son de futuro: pertenecen a nuestro muy inquietante presente.
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Confieso que mientras no los conocí, yo fui unos de ellos. Aboné su terreno con mi propia ignorancia. Llegué a creer fanáticamente en la versión victimista de la historia que habían elaborado otros ignorantes como yo, aunque ellos con mayores atenuantes, ya que trabajaban con intereses a plazo fijo.
En ciertos momentos, estuve también deseoso de pasar cuentas con el enemigo natural de Cataluña. Incluso aproveché alguna oportunidad para ello. Un día, puse sobre el escenario un puñado de miembros de la Benemérita metamorfoseados en gallinas y descansando en las barras de su morada avícola.
Obviamente, la juerga invadió la sala. Así, exhibiéndolos para mofa y befa del respetable me sentía compensado de tantos supuestos agravios ¿A ver quien nos devolvía la vida del president fusilado? ¿Y la tortura y la cárcel de Pujol? ¿Y la persecución de nuestra lengua? ¿Y el maldito Felipe V? ¿Y la prohibición de participar en el botín de las Américas? ¿Y el contubernio de Caspe?
Si todo resultaba tan claro y la razón estaba de nuestro lado ¿Quién me mandaba desertar del lugar que me pertenecía por historia, por territorio, por sentimiento e incluso por raza? ¿Cómo pude abandonar aquel calor incestuoso de la tribu? ¡Y pensar que ahora podría estar de ministro de cultura en el tripartito...!
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que solo una auténtica nimiedad fue la causa que arruinó mi brillante futuro tribal.Francamente, se me hacía difícil soportar de mis conciudadanos esta mueca que hacen con los labios y que pretende dibujar una sonrisa cómplice entre la elite patriótica.
Las sonrisas, en esta latitud del Mediterráneo norte no han sido nunca sonrisas relajadas y espontáneas; analizándolas con cierto detalle, da la sensación que mientras se mueve la boca se aprieta el culo. Pero aquellas sonrisitas condescendientes (máxima expresión del hecho diferencial) aquellos guiños de etnia superior, ciertamente, tuvieron la virtud de exasperarme. Son muecas crípticas, reservadas solo a los que ostentan el privilegio de pertenecer al meollo del asunto. Se trata, de una contraseña indicativa de los preconcebidos nacionales y que también, obviamente, compromete al mantenimiento de la omertá general.
Estas sonrisitas, ahora triunfantes, pueden encontrarse hoy al por mayor, y muy bien remuneradas, en las tertulias de la tele Autonómica. Aunque tampoco hay que mitificar sus contenidos.Acceder al código está al alcance de todos, es algo así como:
«Je, je, queda claro que no tenemos nada que ver con ellos, je, je, nosotros somos dialogantes, pacifistas, y naturalmente, más cultos, je, je, je, más sensatos, más honrados, más higiénicos, más modernos, je, je, si no hemos llegado mas lejos, je, je, ya sabemos quienes son los culpables, je, je, je».
También parece lógico que ganándome la vida sobre la escena, fuera precisamente un detalle expresivo el detonante capaz de conducirme hacia otra óptica del tema ¡Pero que sensación de ridículo cuando uno descubre que sin enterarse había estado trabajando gratuitamente para la Cosa Nostra!
Un día, a finales de los años 60, tuve que ir precisamente al templo económico de la Cosa Nostra camuflado entonces bajo el reclamo de Banca Catalana. Intentaba aplazar una obsesiva letra que gravitaba sobre el precario presupuesto de Els Joglars. Miseria naturalmente. Allí, me rebotaban de un despacho a otro, hasta que quizá convencidos de que también nos movíamos en el meollo de la cosa se dignaron acompañarme a la tercera planta donde estaba la madriguera del Padrone Signore Jordi.
Apareció entonces un milhombres bajito y cabezudo, cuyas maneras taimadas culminaban en la más genuina sonrisita diferencial.Parecía todo un profesional de la condescendencia y la mueca críptica. Sin mayores preámbulos, acercó su enorme testa al dictáfono, y pasando de todo recato, ordenó a su secretaria que le trajera el «dossier Joglars». ¡Me quedé petrificado! Media docena de titiriteros dedicados entonces a la pantomima, cuyo único capital consistía en nuestros pantys negros, merecíamos todo un dossier.El asunto se ponía emocionante. ¡Nos tenían bajo control!
Lamentablemente, no tuve tiempo de imaginarme demasiadas fantasías sobre el sofisticado espionaje, porque mientras aquel cofrade catalán del doctor No simulaba examinar atentamente el dossier, uno de sus incontrolados tics hizo resbalar sobre la mesa la totalidad del contenido. Eran dos recortes de prensa sobre nuestras actuaciones mímicas en un barrio de Barcelona. Nada más. Ya jugaban a ser nación con servicio secreto incluido.
Automáticamente, comprendí la magnitud de la tragedia, y algún tiempo más tarde, acabé constatándola cuando aquel notable bonsai del dossier, fue elegido hechicero de la tribu después de atracar el Banco, y endosar el marrón a los enemigos naturales de la patria.
¡Esta era la contraseña esperada por el país! La ejemplar hazaña cundió por todos los rincones, y bajo el lema: «Ara es l'hora catalans», que en cristiano viene a ser: «Maricón el último», los elegidos se lanzaron sin piedad al asalto del erario publico, con un éxito sin precedentes.
Ciertamente, es poco agradable pernoctar cada día en un territorio en el que te sientes cada vez más autoexcluido. Cuando no se tienen recursos suficientes para ser emigrante en la Toscana, quizá lo más sensato, sería pedirle asilo a Rodríguez Ibarra o Esperanza Aguirre. Porque de seguir aquí, al margen de la cosa uno debe imponerse terapias de distanciamiento, de oxigenación, de sarcasmo, de mucho vino, de gritos desaforados en la ducha...en fin, es necesario crear una estrategia de choque para no preguntarse constantemente si vale la pena interpretar el ridículo papel de Pepito Grillo.
En cierta manera los envidio. Debe ser formidable, escuchar diariamente el vocablo «Cataluña» 10, 20, 30.000 veces en los medios provinciales, y en vez de ponerse histérico blasfemando sobre la puta endogamia nacionalista, uno pueda seguir pensando que esta Cataluña a la que se refieren, es la tierra prometida.
Es admirable ser un poder fáctico con el prestigio de los perseguidos.Ser gobierno y oposición a la vez. Es fantástico, ostentar el título de Honorable por ser el más hábil encubriendo expolios.Ser nacionalista y además de izquierdas. Ser... tan... tan humanista-progresista-pacifista que cuando te asesinan a tu padre, como el pobre Lluch, al día siguiente, pides diálogo con los criminales ¡Eso ya es la leche de la exquisitez!
No digamos ya ser del Barça, ser de Esquerra Republicana, ser Cruz de Sant Jordi y reclamar el Archivo de Salamanca... Bueno, y oficializar manchas catalanas y ser Tapies ¡Eso ya es el sumum!
O sea, que vivir en este país y pertenecer a la cosa nostra es lo más cercano a la virtualidad del Nirvana. No tiene riesgo alguno y además, es tan fácil, que hasta los recién llegados en patera se enteran rápidamente de qué va el asunto aquí. Por eso, en mis momentos bajos, sigo preguntándome: ¿Cómo pude ser tan insensato de autoexcluirme del festín? ¡Y todo por una puñetera sonrisa étnica!
Albert Boadella es director de la compañía Els Joglars. El año pasado rechazó la Creu de Sant Jordi que le fue ofrecida por la Generalitat catalana.
Presentamos dos artículos, uno de Juan Manuel de Prada, valiente e inteligente periodista y aportando la otra vision a Mario Vargas Llosa.
LAS IDEAS DE LA IGLESIA Por Juan Manuel de Prada
ESCRIBÍA Chesterton que el catolicismo es «la única religión que libera al hombre de la degradante esclavitud de ser un hijo de nuestro tiempo». Quienes acusan a la Iglesia de no acomodarse a los tiempos no entienden que ser católico consiste, precisamente, en oponerse a la mentalidad dominante, en conquistar un ámbito de fortaleza y libertad interior que, impulsado por la fe, permita nadar a contracorriente. Se repite machaconamente que la Iglesia es una enemiga de las ideas nuevas; machaconamente se la tilda de «carca», «casposa» y otras lindezas limítrofes. Un análisis serio de la Historia nos enseña, sin embargo, que los católicos se han caracterizado siempre por brindar ideas nuevas; y que, por sostener tales ideas, han padecido incomprensiones sin cuento. Cuando San Pablo, y con él las primeras comunidades de cristianos, se oponían a la esclavitud no estaban, precisamente, «acomodándose a los tiempos». Chesterton destaca que los católicos siempre han vindicado ideas nuevas «cuando eran realmente nuevas, demasiado nuevas para hallar apoyos entre las gentes de su época». Así, por ejemplo, el jesuita Francisco Suárez elaboró una lucida teoría sobre la democracia doscientos años antes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Francesa; pero, desgraciadamente, aquella teoría fue formulada con dos siglos de adelanto, en una época en que los monarcas fundaban su tiranía sobre un inexistente Derecho Divino. Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito. Cuando, en nuestros días, se caricaturiza a la Iglesia como una enemiga de las ideas nuevas se quiere decir, en realidad, que es -cito de nuevo al autor de El hombre que fue jueves- «enemiga de muchas modas influyentes y gregariamente aceptadas, muchas de las cuales se pretenden novedosas, aunque en su mayoría estén empezando a ser un pequeño fósil. La Iglesia se opone con frecuencia a las modas perecederas de este mundo; y lo hace basándose en una experiencia suficiente para saber cuán rápidamente perecen . Nueve de cada diez de las llamadas «nuevas ideas» no son sino viejos errores. La Iglesia Católica cuenta entre sus obligaciones principales con la de prevenir a la gente de incurrir otra vez en esos viejos errores No existe ningún otro caso de continuidad de la inteligencia parangonable al de la Iglesia, pues su labor ha consistido en «pensar sobre el pensamiento» durante dos mil años. De ahí que su experiencia cubra casi todas las experiencias; y, en especial, casi todos los errores».
Las palabras de Chesterton resuenan hoy con una renovada clarividencia. El error principal de nuestra época se resume en una forma deshumanizada de hedonismo que niega la intrínseca dignidad de la vida; así, se han fomentado prácticas aberrantes, como el aborto, que hoy son cobardemente aceptadas, pero que dentro de doscientos años provocarán el horror y la vergüenza de las generaciones venideras. La idea de defensa de la vida, que los apacentadores del rebaño tachan de vieja, es rabiosamente nueva; vindicarla es un modo -incómodo, por supuesto, pero por ello más excitante- de nadar a contracorriente. Naturalmente, los apacentadores del rebaño procurarán siempre soslayar el debate de las ideas, sustituyéndolo por un ofrecimiento indiscriminado de «modas influyentes» y perecederas. Frente a polémicas profilácticas con fecha de caducidad que no alcanzan el rango de verdaderas ideas, la Iglesia propone una visión humanista del sexo, encauzado por la responsabilidad y no reducido a un mero ejercicio lúdico, trivial y, a la postre, autista. Defender esta idea nueva condena a la soledad y el ostracismo; es el precio -y el premio- que acarrea liberarse de la «degradante esclavitud de ser hijos de nuestro tiempo».
VARIACIONES SOBRE EL CONDÓN Por Mario Vargas Llosa
Lo que parecía un paso de la Iglesia católica con la bota de siete leguas del gigante del cuento para salir de la caverna y adaptarse a la modernidad ha quedado en agua de borrajas. La declaración de la Conferencia Episcopal Española, transmitida el 18 de enero por su portavoz y secretario general, el padre Juan Antonio Martínez Camino, según la cual el uso de preservativos estaría autorizado a los creyentes en el "contexto de una prevención integral y global del sida", fue rectificada al día siguiente por la autoridad pontificia. El obispo José Luis Redrado Marchite, secretario del Consejo Pontificio para la Salud del Vaticano, recordó en Roma que el condón "es un medio que la Iglesia católica condena" y, poco después de recibir ese jalón de orejas, el propio monseñor Martínez Camino daba marcha atrás, afirmando en un comunicado que el empleo del condón sigue siendo, a juicio de la Iglesia, "inmoral".
Parecía cuando menos difícil, para no decir imposible, que la jerarquía católica de España, la más ortodoxa y leal a Roma, pudiera haberse atrevido a formular una toma de posición de esta índole, sin la anuencia, o por lo menos el conocimiento previo, de las altas instancias vaticanas. ¿Fiel a su proverbial astucia, lanzó la Iglesia un globo de ensayo a partir de la complicada España de nuestros días para el catolicismo -donde un Gobierno socialista con amplio apoyo de la opinión pública aprueba los matrimonios gay, reduce o anula los cursos de religión y promueve campañas a favor del sexo seguro- a favor de un aggiornamiento en una materia en la que su posición intransigente le acarrea más críticas y la aleja más de la realidad contemporánea, sólo para dar un paso atrás al advertir la conmoción que aquel anuncio causó en sus estratos más graníticos?
De todos modos, en su declaración a la prensa, el precavido portavoz de la Conferencia Episcopal había dado a entender, de manera un tanto anfibológica, que no se trataba de un cambio radical de la postura de la Iglesia sobre el control de la natalidad por métodos artificiales, sino, más bien, de algo parecido a una licencia provisional y circunscrita, determinada por la gravísima emergencia que constituye la diseminación del sida en ciertas regiones del mundo, sobre todo en África. Y, citando un número reciente de la prestigiosa revista médica inglesa The Lancet, añadió que la Iglesia coincidía con la estrategia propuesta por esta publicación para combatir el sida combinando el uso de preservativos con la abstinencia sexual y la fidelidad conyugal. ¿Qué pasó exactamente? Ya se sabrá. Lo único que debe descartarse es una simple metida de pata de monseñor Martínez Camino, cura inteligente y astuto si los hay para resbalar de esa manera, y quien, sin duda, no ha sido más que un chivo emisario sacrificado en una operación de alto vuelo que falló.
Sea como sea, y pese a la rectificación, hay que ver en este pequeño amago una resquebrajadura en la sólida muralla de la intolerancia vaticana por la que, más pronto que tarde, acabará por desmoronarse su resistencia feroz a admitir que el transparente e incómodo preservativo intervenga en la vida de la pareja a la hora de hacer el amor y libere a los cónyuges, además del riesgo de contagio de una enfermedad, de una gestación no querida. Porque éste es el fondo del problema. Para la Iglesia, el acto sexual no tiene ni puede tener otro objetivo que fecundar a la madre y traer a este valle de lágrimas nuevas almas que sirvan al Señor. La perpetuación de la especie, el mantenimiento de la vida humana, es lo que santifica a la familia y justifica el acto del amor.
La sola idea de placer ha sido siempre motivo de recelo para la moral católica, y de escándalo y abominación si se trata específicamente de placer carnal. El goce de la pareja sólo es admisible, dentro del matrimonio, como consecuencia no buscada de la razón primera y única del encuentro amoroso: la procreación. Desaparecida esta razón por injerencia del discreto capuchón de plástico, o, en el caso de la mujer, de la T de cobre, los parches anticonceptivos o el anillo vaginal, el acto sexual pierde todo asomo de espiritualidad, deja de ser una acción de servicio a favor de la vida, y se convierte en refocilo animal, mera satisfacción de los bajos instintos y rendición a lo más material y sucio de lo humano. Hacer el amor por el mero deseo de gozar, es fornicar, sucumbir a la concupiscencia, pecar.
Esta concepción de la vida sexual, contrapartida inseparable del culto a la virginidad y a la castidad como virtudes supremas de la conducta humana, tan poco realista, y, en nuestro tiempo, en entredicho tan estruendoso con la liberación de las costumbres y de los parámetros morales reinantes en los países modernos, ha alejado de la Iglesia católica a millones de hombres y mujeres y ha ido convirtiendo la adhesión de un gran número de creyentes a la institución en una hipócrita representación de circunstancias, desprovista de contenido y convicción, en la que las prohibiciones de esta índole son poco menos que universalmente desobedecidas por los creyentes, aunque vayan a misa los domingos y se casen y entierren según los ritos católicos.
No es de extrañar que la cuidadosa y rápida alusión del portavoz de la Conferencia Episcopal española a la posibilidad de autorizar el uso de preservativos para combatir el sida haya provocado nerviosismo y cólera en las intimidades del Vaticano y precipitado un desmentido. Porque en el momento mismo en que se resigne a tolerar la presencia de aquel adminículo en la intimidad sexual, la Iglesia se verá obligada a reconocer esta verdad que siempre ha negado (pero que todos los católicos conocen de sobra): que la incitación primordial para hacer el amor, desde los apareamientos de la caverna primitiva hasta los sofisticados debates amorosos de la permisiva sociedad moderna, en todos los seres humanos sin excepción, ha sido la búsqueda del placer y no la fabricación de descendientes. Cuando el ser humano descubrió que había una relación de causa a efecto entre la cópula y el embarazo habían pasado muchos siglos que las parejas llevaban haciendo el amor y no existe, ni ha existido nunca, espécimen humano capaz de experimentar una erección y producir un orgasmo inflamado sólo por la evangélica idea de fecundar a su cónyuge y engordar con nuevos cachorros a la humana grey.
El rechazo sistemático de la Iglesia a admitir que la búsqueda del placer en el ámbito sexuales una legítima aspiración del ser humano y una de las predisposiciones de su naturaleza, contrasta con la tolerancia que siempre ha mostrado con las debilidades de hombres y mujeres (de aquéllos sobre todo, con éstas ha sido siempre mucho más severa) en otros campos, como los placeres de la mesa, el apetito de poder, de riquezas, de lujo y de dominio, entre otros, y a pasar por alto, en muchas épocas de la historia, abusos y desafueros a veces enormes de tiranos y sátrapas que obtenían su bendición. Pese, y acaso como consecuencia de, esa abjuración y horror del sexo y el placer carnal que ha mantenido, su historia se ha visto plagada de caídas en la tentación tan satanizada y combatida, al extremo de que, paradójicamente, la Iglesia católica sea tal vez la materia prima que más ha enriquecido con sus ceremonias, escenarios, atuendos, príncipes, pontífices, mitrados y pastores a disparar la imaginación erótica -no hay pornografía ni erotismo dignos de ese nombre sin hábitos y conventos- y la institución religiosa que protagoniza, hasta nuestros días, los más sonados escándalos sexuales que registra la historia de las religiones en actividad.
Tengo la convicción absoluta de que el condón y sus equivalentes acabarán por ganar la aquiescencia de la milenaria institución y profetizo que el desenlace de esta antigua guerra ocurrirá en un futuro más bien próximo. Veo en este confuso episodio sucedido en estos días en España el vislumbre anticipatorio de la gran revolución, en la que el Vaticano bendecirá el condón como terminó, a regañadientes al principio, por bendecir la democracia, la libertad, el mercado, que antes anatematizaba en nombre de la fe. El anacronismo que representa la doctrina de la Iglesia católica en materia sexual es tan absoluto en nuestros días que, si Roma no cede y se adapta a la realidad, como le piden tantos católicos convictos y confesos, y como lo ha hecho en tantos otros campos, corre el riesgo de verse poco menos que acorralada y marginada como una reliquia vetusta por otras iglesias, las aguerridas, incansables y aburridas iglesias evangélicas por ejemplo, que de un tiempo a esta parte vienen arrebatándole la adhesión de los sectores más empobrecidos del Tercer Mundo.
Conviene que lo haga y que se adapte a su tiempo, porque nada bueno sobrevendría a la humanidad si, por valetudinaria y reacia al progreso, la Iglesia católica terminara siendo un cascarón vacío, sin audiencia. La religión es importante para encausar la ansiedad y el desasosiego que produce a los seres humanos su condición mortal, su incertidumbre y su miedo frente al más allá, y para embridar aquellos instintos que, dejados en libertad, provocarían hecatombes y podrían retrocedernos a las formas más primitivas de la barbarie, como escribió Georges Bataille. Sólo una minoría de seres humanos puede vivir sin religión, suplantándola por la cultura. Para el común de los mortales, además, la moral sólo es comprensible, admisible y practicable encarnada en los preceptos de la religión. Pero, para poder seguir existiendo como esa fuerza viva y operante que fue en tantos momentos del pasado, cuando representó un progreso intelectual, político, científico y moral sobre los cultos y religiones de la antigüedad, o en la Edad Media, cuando fue prácticamente la sola institución capaz de aglutinar y dotar de un sentido y un orden a una comunidad estremecida por el miedo, la confusión y las guerras, la religión necesita adaptarse a las realidades de la vida y no exigir a sus adeptos lo imposible. ¿Acaso la supervivencia de la Iglesia católica no vale un condón?
Xavier Sala-i-Martin es un economista catalán. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona en 1985, obtuvo el doctorado por la de Harvard en 1990. Desde 1996 es catedrático (full professor) de Economía en la Columbia University y profesor visitante de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). Ha sido profesor también en Yale (1990-1996). Describe en este artículo la educación en España.3, 2, 1… Empieza la última prueba de estas olimpiadas: ¡la maratón! Los corredores ponen en marcha sus cronómetros de muñeca y empiezan a mover lentamente las piernas en dirección al estadio olímpico. Súbitamente, el representante español (parece que lleva boina) sale
disparado, corriendo como si estuviera loco, y deja muy atrás a todos sus adversarios. A los 100 metros cae al suelo, destrozado y exhausto, y abandona la prueba. Se abraza jubiloso con su manager porque, aunque no han ganado la carrera, han conseguido el objetivo para el que
entrenaron durante cuatro años: ¡salir por la tele liderando el pelotón a los 100 metros!
Me ha venido esta imagen a la cabeza después de las muchas críticas que nuestras escuelas, profesores y estudiantes han recibido a raíz del informe del PISA que evalúa la capacidad matemática, de lectura y de resolución de ejercicios de miles de jóvenes de países de la OCDE.
El problema, dicen, es que nuestros niños no quedan demasiado bien.
Lejos de representar un fracaso, yo interpreto los resultados como un éxito espectacular: nuestros estudiantes y educadores han conseguido exactamente lo que los legisladores, hechizados por el papanatismo progre que invadió España durante los ochenta, buscaban con la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE). Como el cómico corredor descrito en la cabecera, la LOGSE no ha servido para ganar la carrera importante, pero ha conseguido los absurdos objetivos que buscaba.
Nuestros líderes políticos quisieron un sistema en el que los niños más listos o más trabajadores no destacaran por encima de los demás – supongo que para no herir sensibilidades con injustos agravios comparativos- y eso es exactamente lo que se ha conseguido: un sistema
educativo en el que todos los niños son igual… de mediocres. Cuando se busca simultáneamente la educación universal y la igualdad de resultados, se consigue la homogeneización a la baja. ¡Si! Es cierto que debemos garantizar la escolarización para todos. Pero no al precio
de bajar niveles e impedir que los más brillantes destaquen, progresen o sobresalgan. El fracaso escolar es malo, pero el fracaso del sistema escolar es todavía peor.
Nuestros legisladores quisieron que los niños no tuvieran que pasar por esos supuestos traumas llamados exámenes y evaluaciones y eso es lo que tenemos: niños incapaces de aprobar exámenes… y por eso quedan de los últimos en los ránkings internacionales. Las evaluaciones deben ser una parte importante de la educación. Primero, porque sirven para ver si el niño aprende lo que se le enseña. Segundo, y más importante, porque el sistema educativo debe preparar para el futuro, un futuro que, nos guste o no, ¡estará lleno de exámenes! En el mundo de evolución constante en que vivimos, los jóvenes tendrán que cambiar de trabajo en infinidad de ocasiones y cada una de ellas representará un exhaustivo examen de sus capacidades y conocimientos. No sólo no ayudamos a nuestros niños a prepararse para ello sino que hacemos exactamente lo contrario.
Nuestros representantes quisieron que el aprendizaje estuviera ligado al juego, a la diversión y a la falta de esfuerzo y que se eximiera a los niños de toda responsabilidad… y eso es exactamente lo que hemos obtenido: niños irresponsables, incapaces de hacer algún esfuerzo que no tenga gratificación inmediata y que no dominan herramientas tan esenciales para ir por el mundo como las matemáticas o la lectura. Un buen sistema educativo debe enseñar que la vida no es una gran casa de Gran Hermano donde analfabetos y vagos pueden ganar fama y dinero sin trabajar, esperando simplemente que se produzca un golpe de suerte.
Los niños deben aprender que, en la vida real, no se pasa de curso sin hacer un esfuerzo.
Todo esto es lo que han querido los políticos y todo esto es lo que han conseguido. El problema es que, ahora que cada vez es más patente que los maestros y los estudiantes hacen exactamente lo que les encargaron los que diseñaron la LOGSE, resulta que los responsables de
aquella patraña sacan pelotas fuera y culpan a las televisiones, al profesorado, a las propias familias o incluso a las consolas Nintendo. Y no sólo eso: muchos tienen la cara dura de pedir un ¡aumento del gasto público en educación!
Pero no, señoras y señores ministros, consellers, parlamentarios, senadores y demás comensales del erario público: nuestra educación tiene un grave problema, y su solución no pasa por dilapidar más dinero en un sistema que no funciona. La solución pasa, primero y ante
todo, por que ustedes se den cuenta de que los experimentos progresistas con los que han castigado a toda una generación de chavales inocentes han sido un ostentoso fracaso. Una vez admitida la derrota, dense cuenta de que el verdadero progreso sólo se puede alcanzar con una educación que permita a las futuras generaciones vivir con garantías en el mundo real y no en el país de las maravillas que dibujan las escuelas lúdico-sostenibles. Acepten que la verdadera justicia requiere que todos los ciudadanos tengan garantizado poder
correr y empezar la carrera en igualdad de condiciones. La justicia no consiste en que todos lleguen a la meta al unísono y en que todos tengan medalla aunque no se la merezcan. Y finalmente, percátense de que la vida es una maratón y que si ustedes insisten en seguir
preparándonos para los 100 metros, no sólo seguirán siendo ustedes unos irresponsables, sino que seguirán condenando a nuestros jóvenes a seguir sumergidos en un mar de mediocridad.
© Xavier Sala-i-Martín, 2005
El estudio de Johns Hopkins sobre el número de víctimas civiles en Iraq está siendo desacreditado por impreciso y tendencioso. Artículo de Xavier Sala i Martín publicado en La Vanguardia el día 17 de noviembre
A principios del 2003 yo estaba a favor de la guerra de Iraq: porque viví en directo el 11 de septiembre en Nueva York y sabía que Saddam financiaba a los familiares de terroristas suicidas en Oriente Medio, porque pensaba -como todo el mundo- que Bagdad tenía armas de destrucción masiva, porque creía (y sigo creyendo) que los países islámicos merecen que los
ayudemos a democratizarse y que un dictador menos es mejor que uno más, porque considero que la ONU es una institución poco útil y corrupta donde los votos se venden al mejor postor y porque sabía que las relaciones entre Francia e Iraq eran incestuosas.
Ahora bien, estoy muy desencantado con el Gobierno de Estados Unidos por cómo ha conducido hasta ahora la guerra contra el terrorismo: subestimó el número de tropas necesarias, no previó correctamente la reacción del pueblo iraquí, tenía que haber castigado más duramente a los responsables de las humillaciones de Abu Graib (es decir, a Rumsfeld) y, sobre todo, no debería haber creado esa cárcel en Guantánamo donde se niegan a los prisioneros los
derechos que una democracia como la norteamericana debe garantizar y defender. La protección de los ciudadanos ante los abusos del Estado es uno de los fundamentos de la democracia liberal y, al violar ese principio, Bush está desprestigiando al sistema de libertades de todo el mundo.
Dicho esto, una de las cosas que el Gobierno americano no ha hecho mal ha sido el intentar minimizar el número de víctimas civiles. Según diversas organizaciones como Human Rights Watch o la británica Iraq Body Count la guerra ha causado sólo entre 14.000 y 17.000 muertos civiles. Esos números no son bajos... pero son muy inferiores a los 100.000 anunciados por un
reciente y publicitado estudio del profesor Les Roberts.
Confieso que en cuanto supe del artículo de Roberts, sospeché de sus resultados. Primero, porque casualmente se publicó cuatro y sólo cuatro días antes de las elecciones a pesar de que el estudio se hizo en septiembre. Segundo, porque no salieron en la revista Lancet a través de los medios normales y el día que tocaba, sino que se difundieron aceleradamente en
internet. Y tercero, porque Roberts (de la Universidad Johns Hopkins, ¡vaya otra casualidad!) es un conocido militante antiguerra y anti-Bush y ya se sabe que el sectarismo está reñido con la honestidad científica.
La metodología utilizada por el estudio es más o menos la siguiente: se buscan 30 puntos aleatorios en Iraq, se escogen 30 familias de cada uno de estos puntos y se les pregunta el número de muertos en esa familia 14 meses antes y 14 meses después de la invasión. Se estima la mortalidad antes de la invasión (unas 5 personas por cada 1.000 habitantes) y la de después (7,9 muertos de cada 1.000). Se extrapola ese aumento a todo el país y se estima
que la guerra ha causado 100.000 muertos.
Un detalle: el hecho de que se tome una pequeña muestra de ciudadanos (y no a todos ellos) hace que los estadísticos no estén muy seguros de sus resultados y, por ello, no sólo den una estimación del número de muertos, sino también un intervalo de confianza que, más o menos, dice: "Con un 95% de seguridad, el número de muertos está entre este mínimo y este máximo".
Pues bien, el intervalo de confianza del estudio va de ¡8.000 a 194.000 muertos! Para entendernos: si una encuesta electoral dijera que en las próximas elecciones ERC sacará entre cero y 135 escaños, la tiraríamos a la basura por inútil y poco informativa. Pues lo mismo pasa con el trabajo del señor Roberts.
De hecho, la muestra es tan poco representativa que el estudio dice que durante el mes de enero del 2003 no murió absolutamente nadie en Iraq y que en los 14 últimos meses del régimen de Saddam, sólo hubo dos (repito, dos) muertes por violencia y ambas ocurrieron en junio del 2002. No es creíble que la muestra sea realmente aleatoria. Es más, las estimaciones no cuadran con los datos de la ONU que indicaban una mortalidad prebélica de entre 6,8
y 8,1. Noten que esos números son muy parecidos al 7,9 de después de la invasión. Es decir, si tomamos los datos de la ONU para el periodo preconflicto, las mortalidades antes y después de la guerra no son estadísticamente distintas. ¿Quiere esto decir que las hostilidades no han
causado víctimas? No. Lo que significa es que la cantidad de muertos que ha generado la guerra es parecida a la que producía el régimen de Saddam antes de la invasión. Y recuerden que el corrupto programa de petróleo por alimentos de la ONU comportó escasez de medicinas y comida y, según se nos decía entonces, causaba centenares de miles de muertos... antes de la
guerra.
En resumen: los datos que tenemos son difusos y no nos permiten saber si las víctimas de la guerra de Iraq superan a las del antiguo régimen. Lo que sí sabemos con certeza es que existen profesores que abusan de su supuesta imparcialidad y publican estudios llenos de manipulaciones estadísticas que intentan influir en las elecciones (este fenómeno se conoce en Catalunya con el nombre de chupacabrismo). Los profesores tienen (¡tenemos!) derecho a
opinar e incluso a votar, pero no tenemos derecho a fabricar datos y farsas con objetivos partidistas. El estudio de la Johns Hopkins está siendo desacreditado -incluso por organizaciones antiguerra como Human Rights Watch- por impreciso, mal ejecutado y tendencioso. Convendría que la prensa europea no volviera a quedarse en fuera de juego y pusiera a ese estudio todos los interrogantes que se merece.
X. SALA I MARTÍN, Fundació Umbele, Columbia University y UPF
www.columbia.edu/%7exs23
Enlace
http://www.lavanguardia.es/web/20041117/51169286211.html
Artículo escrito por Hermann Tertsch el pasado martes día 16. Su autor reflexiona ante las graves consecuencias del radicalismo islamista en la sociedad holandesa tras el asesinato de Theo van Gogh y las amenazas de muerte que pesan sobre Ayaan Iris Alí.
La diputada liberal holandesa Ayaan Iris Alí se ha visto obligada a "pasar a la
clandestinidad". Protegida las 24 horas del día por la policía, recluida en un domicilio secreto, vive acosada por las amenazas de muerte que recibe por haber colaborado con el director de cine Theo van Gogh en el cortometraje Sumisión,considerado ofensivo por el fanatismo islamista.
Desde que Van Gogh fuera asesinado el pasado día 2 en Amsterdam por un islamista marroquí -vinculado a células terroristas en España y Marruecos-, parece claro que las amenazas no son una mala broma. Responden a consignas impunes oídas en mezquitas holandesas que exigen castigo a los "enemigos del islam", que son todos los que osen criticar prácticas extendidas en las comunidades musulmanas y hostiles a la sociedad que les otorgan hospitalidad,
trabajo y, hasta ahora, tolerancia ilimitada.
Ayan Iris Alí tiene motivos para estar enfadada. Le han matado a un amigo y quieren matarla a ella. Y sin embargo, dice sentirse culpable por haber animado a Van Gogh a realizar la película. Condenada a vivir en la Holanda libre poco menos que como Anna Frank durante la ocupación alemana, la diputada se culpa de la suerte de Van Gogh y de la propia. Como los judíos que buscaban desesperadamente en sí mismos o en su comunidad la causa del odio
antisemita nacionalsocialista.
"¿Habremos herido con tanto exceso la sensibilidad de nuestros enemigos como para inducirlos a matarnos?". La respuesta es que obviamente sí. Pero hay otra pregunta: "¿Podemos evitar herir la sensibilidad de nuestros enemigos -y así su molesto deseo de matarnos- sin dejar de ser nosotros mismos?". Las próximas décadas lo dirán.
Europa occidental -Holanda y Alemania en especial- lleva al menos veinte años haciendo todo lo posible por conseguir que la inmigración islámica "no renuncie a su identidad y a su cultura". Cualquier medida que pudiera empañar tan beatífica intención era condenada de inmediato como racista y xenófoba.
Así las cosas, los únicos que se atrevían a exigir un esfuerzo de integración al
inmigrante eran los auténticos racistas y xenófobos.
Los partidos democráticos ignoraban el problema. Los conflictos eran "aislados" y generalizada la convivencia ejemplar. Las élites europeas abogaban por la tolerancia. También hacia los intolerantes. Con el tiempo, decían, se adaptarían a nuestros hábitos y valores. Traían consigo pluralidad cultural, colorismo étnico y exotismo que harían más ricas a las sociedades europeas.
Era, al parecer, necesario este otoño holandés para que se nos hundiera esta gran mentira europea. Ayer volvió a arder una mezquita en Holanda. Son ya veinte los atentados anti-islámicos allí desde la muerte de Van Gogh. En Francia, jóvenes musulmanes son la punta de lanza del antisemitismo en Europa.
Esta semana, el poco sospechoso semanario Der Spiegel publica un demoledor informe sobre maltrato, torturas, secuestros y esclavitud a que son sometidas miles de mujeres por parte de sus familias en Alemania. Hay barrios en países europeos en los que no rige de hecho la Constitución nacional, sino la sharia (ley islámica). Y en infinidad de hogares. Y nosotros, los tolerantes,engañados piadosos.
Sería cruel sugerir que los europeos nos merecemos todas estas nefastas consecuencias de nuestro relativismo. Aunque nuestra culpa es evidente y no está precisamente, como piensa la amenazada diputada holandesa, en ejercer nuestros derechos, sino en no hacerlos respetar. Tantos años diciendo que todas las ideas son buenas, mejores si no son las de nuestra sociedad abierta, que hemos convencido a quienes tienen otros valores -antagónicos a los
nuestros- a los que recurrir.
Y ellos saben matar y morir por ellos. Si la mayoría de los medios europeos han jaleado, con mayor o menor disimulo, a los enemigos de EE UU en Irak, por qué no se van a sentir reforzados en la lucha sus hermanos que odian tanto la sociedad libre europea como la americana. No se puede hoy concluir una reflexión semejante sin jurar que la inmensa mayoría de los inmigrantes musulmanes son buena gente y entre los cristianos hay mucho indeseable.
Pero la tolerante policía holandesa estima que el 5% del millón de musulmanes en Holanda son fanáticos dispuestos a la violencia. Son 50.000. Para empezar no está mal. Difícil es hoy proponer remedios. Quizás un poco más de autoestima de los Estados y sociedades europeas, algo de sentido común, tolerancia tanta como firmeza, e inteligencia para ver que nunca desde el nazismo estuvimos tan amenazados. En fin, instinto de supervivencia.
Carta abierta de un ciudadano anómino en espera de ser enviada a cualquier periódico, dirigida al presidente del gobierno español
Sr. Presidente:
Cada vez más nos damos cuenta que pertenecemos a una minoría extrañísima en España.
Lamentamos reconocer que nuestras familias no son políticamente correctas porque en ellas no hay ningún musulmán, preso, homosexual, cineasta o actor de moda, político, nacionalista, drogadicto, maltratador/a, maltratada/o, inmigrante ilegal, no hay abortos provocados ni eutanasias activas.
Nuestro problema es que vivimos en España,los niños estudian -lo confesamos- en centros concertados y los adultos trabajamos y pagamos los impuestos.
Para empeorar la situación, somos católicos, y casi todos practicantes (ya se sabe la juventud...).
Nos gustaría preguntarle, Sr. presidente del Gobierno, si tiene algún plan para minorías como la nuestra, a la que lo que le preocupa es la seguridad ciudadana, el terrorismo, la justicia, la educación,la sanidad y las infraestructuras y que en lo demás nos dejen en paz.
Como sugerencia, podían empezar por tratarnos al menos como al burro ibérico y crear una Fundación para la Protección de la Familia Autóctona del País, declararnos especie protegida en peligro de extinción.
Atentamente,
un ciudadano anónimo
El sábado pasado, el diario El País publicó en sus páginas de Opinión la siguiente Carta al Director firmada por Rosa Díez, diputada socialista en el Parlamento Europeo, titulada "Carta abierta al Rey".
Ruego disculpe su majestad mi atrevimiento al dirigirle esta carta pública. He reflexionado sobre la conveniencia de introducirla en un sobre y hacérsela llegar discretamente, e incluso he llegado a considerar que de haberlo hecho así la receptividad de su majestad ante mis palabras hubiera sido mayor. Pero, a pesar del riesgo que corro utilizando este método público, he tomado esta opción.
Verá, señor, quisiera explicarle bien el porqué de mi reacción y el porqué de estas líneas. Para nosotros, la figura del Rey, en su calidad de jefe del Estado español, representa aquello por lo que venimos luchando en el País Vasco. Su majestad es, en última
instancia, quien nos asegura que el Estado protegerá nuestros derechos como ciudadanos vascos y españoles. Por eso mismo esa imagen de su majestad con el señor Ibarretxe nos produce tan alto desasosiego.
Sabemos que el lehendakari es, por el hecho de presidir el Gobierno autonómico, el representante ordinario del Estado en el País Vasco. Entendemos que su majestad está "obligado" a compartir mesa presidencial y a intercambiar con él saludo cortés. Es el abrazo caluroso y la risa complaciente de su majestad lo que nos desconcierta. Porque, verá, majestad, el señor Ibarretxe, para nosotros, para nuestra retina y para nuestra memoria -y yo creía que también para la suya-, es algo más que el representante institucional
del Estado español en nuestra comunidad autónoma.
Es ese hombre que, una vez más y ésta ante usted, olvida mencionar a tantos amigos y compañeros que han sido asesinados por defender la libertad y el Estado de derecho, pero lamenta ostentosamente la ausencia en los ayuntamientos de quienes han sido cómplices de los
crímenes. Ese hombre a quien su majestad se abraza es también el que abandonó por la puerta de atrás la iglesia en la que se celebraba el funeral de Fernando Buesa.
Ese hombre es el que "se organizó" una manifestación para que sus fieles le jalearan, en vez de acompañar a la viuda e hijos del portavoz y diputado socialista asesinado. Ese hombre es el que salió elegido lehendakari en el 1998 con los votos de Josu Ternera y los suyos, firmó con los cómplices de ETA una mayoría en el Parlamento Vasco en cumplimiento del Pacto de Lizarra.
Un pacto, le recuerdo, majestad, que fue suscrito para excluir a quienes no somos nacionalistas. Ese hombre no rompió ese pacto cuando asesinaron en enero del 2000 al teniente coronel Blanco. Ni el mismo día de febrero en que asesinaron a Fernando Buesa y a su escolta
Jorge Díez. Ese hombre apoyó a Josu Ternera como miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco.
Ese hombre ha despreciado reiteradamente la memoria de las víctimas, las ha querido acallar, se ha resistido a recibirlas, a reconocerles un espacio público. Paralelamente, subvenciona a los presos terroristas y a sus familias.
Ese hombre impulsa un plan -lo hizo también ante su majestad-, que es inconstitucional y antidemocrático, que tiene como objetivo institucionalizar la diferencia de derechos entre ciudadanos vascos. Ese hombre, majestad, utiliza la institución que preside para
combatir y debilitar la democracia.
Majestad, todo eso y mucho más forma parte de nuestra memoria colectiva. La de miles de vascos que llevamos muchos años -más de 25- resistiendo, defendiendo la Constitución que garantiza nuestras libertades frente a quienes nos amenazan de muerte y también frente a
quienes desde las instituciones democráticas vascas nos amenazan con la exclusión.
Majestad, sabemos que esta batalla la vamos a ganar. Sabemos que con nosotros están todos los demócratas españoles. Pero entiéndanos: somos humanos, flaqueamos, y a veces hay imágenes que nos desalientan, que nos hacen dudar.
¿Será posible que ese hombre al que os abrazáis haya conseguido que se imponga la idea de que "en Euskadi se vive muy bien", tal y como se atrevió a decir a un hijo de José Ramón Recalde mientras éste yacía entubado tras sobrevivir a un atentado?
¿Será posible que sólo nosotros, quienes lo sufrimos, sigamos pensando que en esta situación de falta de libertad que padecemos hay culpables -los que pegan tiros, ponen bombas y extorsionan-, pero también hay responsables políticos dispuestos -como el hombre a quien
su majestad se abraza- a institucionalizar esta situación y seguir sacando ventaja política?
Yo, señor, ni por asomo creería que su majestad se encuentra entre aquellos en que ese espejismo ha podido prender. A mí, señor, nunca se me ocurriría creer que su majestad piensa que es la hora de rendirse. Aunque bien es cierto que si se pensara así, deberíamos ser
los primeros en enterarnos.
Más que nada para saber por qué nos jugamos la vida. Su majestad sabe que no nos rendiríamos aunque no tuviéramos a nadie que nos cubriera las espaldas. Pero sé que no es el caso. No tengo dudas respecto a la firmeza de sus convicciones. No obstante, señor, quiero que sepa que
esa imagen de afectividad con el hombre que añora la presencia de los verdugos mientras olvida a las víctimas, ese abrazo, le fortalece a él y a su causa.
Y nos debilita a nosotros. Y eso, majestad, eso sí que no podemos permitírnoslo.
Disculpe mi atrevimiento, pero tenía que decírselo.
CONFERENCIA DE JOSE MARÍA AZNAR
Queridos amigos, muy buenos días a todos.
Quiero darles las gracias a todos por su presencia esta mañana. Para FAES como Fundación, y para mí personalmente, éste es un acto muy importante y por supuesto también lo es saber que ha despertado el interés de todos ustedes. Muchas gracias.
Gracias también a la Universidad San Pablo CEU que nos prestan su valiosa colaboración y que hoy son nuestros anfitriones. Gracias también a Ana Palacio y José María Lassalle que me han precedido tan acertadamente en el uso de la palabra.
La Fundación que presido se creó para pensar. Para pensar juntos la libertad. Las ideas son la base del futuro de la vida en común. Y las ideas son poderosas. Porque con ellas como guía se pueden alcanzar los objetivos más difíciles.
Fue el caso de la guerra fría. Hace quince años, hubo personas que quisieron ganarla. Porque querían que la libertad se impusiera a la tiranía. Y el arma más poderosa de esas personas fueron sus ideas. Su convicción de que los derechos de las personas están por encima de cualquier otra consideración.
Y aquellas personas querían que su idea de libertad se impusiera a otra idea, la del comunismo. Una idea que tenía a sus espaldas la muerte de millones de personas, la peor tiranía de la historia. Tenía prisioneras tras un muro a cientos de miles de personas. Las tenía silenciadas y sin derechos políticos básicos. Y además las condenaba a la pobreza por la radical ineficacia de su sistema económico.
La libertad tiene un precio muy alto. Muchas personas pagaron con su propia vida por no resignarse a vivir bajo una dictadura sanguinaria. Pero su sacrificio personal, y el compromiso de muchos otros, consiguieron derribar aquel muro y derrotar la tiranía comunista.
Con el muro de Berlín se hizo añicos también la utopía colectivista. La fatal arrogancia del socialismo, como la llamó Hayek, que planificaba las vidas de millones de personas porque creía tener al alcance el conocimiento absoluto.
Y las ideas que vencieron aquel día de noviembre de 1989 fueron las de la responsabilidad y la libertad individual. Las ideas que han permitido, más que ningunas otras, que sociedades enteras avancen hacia la prosperidad. Las que, más que ningunas otras, han permitido la movilidad social de cada ciudadano. Vencieron las sociedades abiertas y democráticas.
El camino no ha sido fácil desde entonces. Ni la libertad ni la democracia tienen poderes mágicos. Lo que se destruyó concienzudamente durante 45 años no se vuelve a edificar ni siquiera en 15 años. Y eso incluye tanto lo material como lo que probablemente sea más difícil: lo que afecta al ánimo de un pueblo, a sus ganas de esforzarse individualmente y a su sentido de la responsabilidad personal. Pero espero que todos estén de acuerdo conmigo: quienes hablan como si con el Muro se viviera mejor son demasiado crueles.
El camino de la servidumbre tiene menos curvas que el camino de la libertad. En el siglo XX el mundo, y muy especialmente Europa, sufrió el terror de las peores dictaduras. Llegaron casi sin que nadie se diera cuenta. Y para derrotarlas se necesitó luego mucha voluntad, determinación y firmeza.
Quienes derrotaron al nacionalsocialismo de Hitler no lo hicieron contemporizando con él. Algunos lo intentaron y no sólo fracasaron, sino que dejaron una situación aún peor cuando tuvieron que ceder el testigo a quienes no estaban dispuestos a pactar con el tirano. Quienes derrotaron a los nazis y fascistas fueron quienes lucharon en las playas de Normandía o en las laderas de Monte Cassino, liderados por Churchill y Roosevelt.
Quienes derrotaron al comunismo fueron igualmente quienes se dieron cuenta de que merecía la pena luchar por la libertad. Quienes creían en la superioridad moral de las democracias sobre las tiranías y se negaron a ceder terreno. Quienes lucharon desde más allá del muro como Vaclav Havel, Lech Valesa o Andrei Sajarov. Quienes lucharon con sus ideas desde fuera de él, como Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Helmut Kohl o el Papa Juan Pablo II. Y sobre todo, quienes entregaron sus vidas, pero nunca su dignidad, en los cientos de Gulags de Rusia, China, Camboya o Cuba.
No sería justo dejar de mencionar a Mijail Gorbachov. El último líder soviético tuvo la inteligencia de reconocer que su sistema se había derrumbado. Y la generosidad de no hacer esfuerzos estériles, pero que habrían podido ser terribles para todos, para defender lo ya indefendible.
Permítanme recordarles las palabras que pronunció frente a la Puerta de Brandemburgo el Presidente Ronald Reagan: “Mientras esta puerta continúe cerrada, mientras la cicatriz que es el muro siga en pie, no sólo es la cuestión alemana la que permanece sin resolver, sino la libertad de toda la humanidad. Pero no vengo aquí a lamentarme, sino que encuentro en Berlín un mensaje de esperanza. Incluso a la sombra del muro encuentro un mensaje de triunfo”.[1]
El triunfo tardaría sólo dos años en llegar. Y llegó gracias a que Reagan y otros como él fueron consecuentes y acompañaron sus palabras con los hechos.
Queridos amigos,
No podemos dar por descontada la libertad. El respeto a nuestros derechos fundamentales, el que disfrutamos en el mundo occidental y que nos gustaría ver extendido a todo el mundo, es algo demasiado valioso y frágil. Nos engañaríamos si pensamos que no tiene enemigos. La libertad tuvo enemigos en el siglo XX. Y el siglo XXI ha comenzado con un ataque simbólico y brutal contra la sociedad abierta. Si queremos preservarla tenemos que estar dispuestos a defenderla, junto con nuestros amigos y aliados.
En este siglo XXI las amenazas a las libertades no vienen ya de las ideologías derrotadas en el siglo XX. Hoy la amenaza sobre todos nosotros, sobre nuestras democracias, viene del terrorismo.
Quienes odian la libertad hoy utilizan sin escrúpulos el terror para imponer su visión totalitaria de la sociedad. Puede ser una utopía religiosa o nacionalista, étnica o política. No nos engañemos. Todos ellos están unidos por un mismo odio a las libertades y un desprecio profundo a la dignidad de cada persona.
Los terroristas, y más concretamente los terroristas islamistas, tienen la determinación de acabar con nuestra civilización. Hemos visto su poder y su voluntad de destrucción. Ante ese poder tenemos que tener una voluntad aún mayor de derrotarlos. De proteger nuestra libertad y nuestros valores. De defendernos de quienes quieren nuestra destrucción. Lo que está en juego es, ni más ni menos, que nuestra propia supervivencia.
Hoy, igual que ayer, es inútil el apaciguamiento cuando de lo que se trata es de defender los pilares mismos de nuestras democracias.
No se podía transigir con Hitler, aunque algunos lo intentaron inútilmente.
No se podía transigir con Pol Pot, aunque algunos no quisieran ver lo que estaba ocurriendo en su país.
Hoy no se puede transigir con terroristas como Bin Laden, aunque haya quien prefiera fijar su atención en qué los separa de los Estados Unidos, en vez de esforzarse por trabajar conjuntamente contra el terror.
Pero no puedo ser otra cosa que optimista y les invito a que lo sean conmigo.
Hoy debemos hablar de optimismo, y yo quiero hablarles de optimismo.
La gran lección de los ochenta, de aquellos años en los tanto discutíamos los occidentales, es que dependemos sólo de nosotros mismos. Las democracias liberales dependemos sólo de nuestra energía y de nuestra fuerza de voluntad. Si éstas no nos faltan, no hay Muro ni Jihad que aguante indefinidamente.
Estoy convencido de que la libertad triunfará, frente a los desafíos de hoy, de igual manera que triunfó ante las amenazas del pasado. Porque sólo depende de nuestra determinación y nuestra firmeza para conseguirlo. Pero necesitamos convencernos de ello, y ser consecuentes con la magnitud del reto al que se enfrenta Occidente. Tenemos que trabajar juntos sin esperar a que la amenaza crezca aún más fuerte. Debemos trabajar con buen sentido y siendo todos aún más conscientes de la necesidad de una acción común y concertada para derrotar al terror.
Soy optimista porque la historia me empuja a serlo sin ninguna duda. Soy optimista porque creo en la fuerza imbatible de la libertad cuando es consciente de su superioridad moral. Soy optimista porque el odio y el fanatismo no pueden vencer a menos que les dejemos vencer.
Pido a todos que compartan mi optimismo y con él la misma voluntad de que la libertad y la civilización sigan siendo nuestro modo de vida. Con todas sus imperfecciones, con todas sus limitaciones, con todo lo que se quiera decir en contra de ellas. Con todo y con eso, no conozco nada mejor construido en toda la Historia para respetar la libertad y permitir la felicidad de un mayor número de personas.
Si quienes nos precedieron fueron capaces de derrotar a terribles tiranías, nosotros podemos conseguir un futuro en el que no nos amenace el nuevo totalitarismo fanático.
Por eso, porque la Revolución de la Libertad triunfó hace quince años, vamos a recordarla juntos durante los próximos meses. Es muchísimo lo que podemos aprender de aquella victoria. Tanto, que el triunfo que necesitamos ahora incluye que valoremos con justicia lo mucho que debemos a aquellos héroes de la libertad.
Muchas gracias a todos y muy buenos días
CARTA A UN AMIGO AMERICANO
Por MICHEL BARNIER Ministro de Asuntos Exteriores de Francia
Le escribo como ciudadano de un país que ayudó al suyo a conquistar su independencia antes de encontrar en él un aliado fiel y un liberador. Un país que, por mucho que disguste a los adeptos del French bashing, es uno de los mejores aliados de América, por su esfuerzo de defensa, por su compromiso con ustedes en Afganistán y por su ejemplar cooperación en la lucha contra el terrorismo. Y es que, de Yorktown a las playas de Normandía, de las crisis de Berlín o de Cuba a nuestro compromiso común en Kosovo o en Haití, Francia y Estados Unidos siempre han luchado codo con codo por la democracia y la libertad. También le escribo como un simple obrero de la unidad de Europa, que tanto debe a su nación: la liberación de la tiranía nazi, la decisiva contribución del Plan Marshall a la reconstrucción de nuestro continente, la protección, durante décadas, contra la amenaza soviética y el respaldo a la emancipación de Europa central y oriental. Este es el mensaje de un amigo de Estados Unidos que, como
tantos otros europeos de su generación, asocia a ese nombre la libertad, la democracia y la promesa hecha a cada uno de poder mejorar su condición.
Esta es la primera vez desde hace mucho tiempo que los europeos se preguntan por el futuro de las relaciones entre las dos orillas del Atlántico. No se trata de cuestionar el estatus de su país, su visión o la idea que tiene de su futuro. Los europeos harían mal en reprocharle que sea fuerte y dinámico. Sin embargo, cuestionan la opinión que tiene Estados Unidos de Europa y del papel que esta podría desempeñar junto a él en el mundo. Por eso, me gustaría
recordar una serie de hechos y proponer una o dos ideas para los próximos meses.
Primer hecho: nuestras relaciones políticas no reflejan suficientemente nuestra Interdependencia económica. Recordemos que la mayor parte de las inversiones extranjeras en Europa proviene de Estados Unidos, y al revés; y que la mayor parte de los beneficios
realizados en el extranjero por las empresas europeas es en Estados Unidos, y al revés. Y esto genera y mantiene millones de puestos de trabajo tanto en Estados Unidos como en Europa.
Es cierto que hoy en día se habla mucho del crecimiento de las economías asiáticas y de las perspectivas abiertas por el mercado chino. Es normal siempre y cuando se mantenga el sentido de la proporción: en 2003, las empresas estadounidenses invirtieron en toda
Asia apenas más que en la economía holandesa. Y, ese mismo año, las empresas de mi país invirtieron cinco mil millones de dólares en Estados Unidos. Sí, dependemos unos de otros. Sí, el crecimiento estadounidense tira del crecimiento europeo. Sí, cada día, cuando la
economía estadounidense debe financiar su importante déficit en el balance de pagos, encuentra crédito en los inversores europeos. Cabe entonces preguntarse si nuestro diálogo político está a la altura de nuestra interdependencia económica.
El segundo hecho es que la Unión Europea se acerca a su madurez institucional. Desde el Tratado de Maastricht, buscaba una organización adaptada a sus nuevas misiones y a su nueva dimensión geográfica. Es algo que se habrá logrado cuando los pueblos de la Unión aprueben la Constitución Europea.
¿Qué podemos esperar ahora de Estados Unidos sino, según las palabras de John Fitzgerald Kennedy, una asociación mutuamente benéfica entre la nueva Unión de Europa y la vieja Unión americana? En ocasiones, entendemos que la misión de Estados Unidos en el mundo es promover la
democracia. Respalden entonces la construcción de una Europa más fuerte y más unida, porque la Unión Europea atrae hacia ella, y hacia sus valores democráticos, a un número creciente de países que la rodean.
Un último hecho: en las horas más oscuras vividas por su país en el año 2001, pudieron contar con la total solidaridad de la Unión Europea y de sus Estados miembros. Adoptamos medidas concretas contra el terrorismo. Muchos soldados europeos, muchos de ellos franceses y
alemanes, trabajaron -y siguen trabajando- en Afganistán junto a ustedes. Tenemos tantas cosas que hacer juntos... Para promover la democracia, la justicia y el desarrollo. Para luchar contra el terrorismo. Para oponernos a la diseminación de las armas de
destrucción masiva. Para contener las guerras. Para aportar la paz y actuar así sobre las propias raíces del terrorismo.
En Oriente Próximo, para sacar el conflicto entre israelíes y palestinos de la situación en punto muerto en que se encuentra. Hoy por hoy, debido a sus envites y a su alcance mundial, es más importante que ningún otro. Es fuente de otros conflictos y, todavía más grave, a menudo sirve como pretexto a los terrorismos de todo tipo en cualquier lugar del mundo. No lo dejemos sin solución y a Oriente Próximo sin futuro. Retomemos la Hoja de Ruta y el camino que
traza hacia la paz. Reactivemos el Cuarteto. Estemos dispuestos a acompañar todos los esfuerzos en este sentido, incluso enviando una presencia internacional al terreno. La Unión Europea podrá hacer pocas cosas sin ustedes. Y qué duda cabe de que ustedes podrán hacer
todavía más cosas con nosotros. La paz en Oriente Próximo sólo es posible con el compromiso común y determinado de Estados Unidos y de la Unión Europea, que deberán asumir juntos esta responsabilidad histórica. Después, también debemos movilizarnos por África. Más que
ninguna otra, esta «nueva frontera» que constituye hoy en día el continente africano es sin duda alguna una frontera común. Este continente, que es a la vez el más joven y el más pobre, concentra todas las amenazas pero también todos los envites de nuestro mundo contemporáneo: crecimiento, seguridad, sanidad, medio ambiente y gestión del espacio. Sólo con acciones complementarias y coordinadas podremos responder a esos retos, ya se trate de promover un
desarrollo sostenible o de reducir los focos de conflictos o de inseguridad. Y hay muchos otros asuntos, muchas otras regiones que deberían beneficiarse de nuestro nuevo diálogo. Para que no haya un segundo Irak. Para que no haya más crisis en las que se vuelva a cuestionar tan profundamente el derecho internacional, tanto su legitimidad como su utilidad. Tenemos intereses comunes y compartimos idénticos valores: aprendamos nuevamente a forjar ambiciones comunes.
Por eso creo que hay que dar a las relaciones políticas transatlánticas un nuevo impulso que tenga más en cuenta la realidad europea.
Así es, actualmente, en materia de defensa. La Unión Europea se está convirtiendo en este ámbito en un socio creíble en el triple plano de sus capacidades operativas, de sus competencias, que la Constitución europea va a incrementar, y de su compromiso en el terreno. El próximo mes, en Bosnia, tomará el relevo de la OTAN. La cooperación funciona y las complementariedades se afirman por el bien de todos y, en particular, de la Alianza Atlántica.
Pero salta a la vista que, en el plano político, el diálogo entre la Unión Europea y Estados Unidos no es ni suficiente ni lo suficientemente regular. ¿Qué hacer para darle más intensidad y adaptarlo a lo que se han convertido Estados Unidos y la Unión Europea? Propongo que, desde ahora, se reúna un grupo de alto nivel, integrado por personalidades independientes y reconocidas a ambos lados del Atlántico, para trabajar en este proyecto político.
Estados Unidos necesita una Europa capaz y responsable. Y Europa necesita un Estados Unidos fuerte y comprometido en los asuntos del mundo, partidario del multilateralismo que contribuyó a crear en el seno de la Organización de las Naciones Unidas, convencido de que el
mundo necesita reglas, y reglas que valgan para todos. En la historia del siglo XX, el buen entendimiento entre ambas orillas del Atlántico ha sido una condición esencial para la paz mundial. Hoy, en un mundo más inestable, más peligroso y enfrentado a retos considerables, la
alianza política de la vieja Unión americana y la nueva Unión europea no bastará para garantizar un futuro mejor. Pero sin ella, tiene pocas posibilidades de despuntar.
Lunes, 15 de noviembre de 2004 CANALESOCIO SERVICIOS DE COMPRAS
OPINIÓN
Abc la tercera
David GISTAU
Pertenezco a una generación más influida por Homer Simpson y por Zidane, por Corto Maltés y por Bin Laden, que por José Antonio, o la Pasionaria, o aun el Che, todos ellos simples estampas en la enciclopedia, tan pasados como puede estarlo Prim. Una generación que entiende la democracia occidental como su hábitat natural, y no como una excepción o una conquista reciente por la que haya que salir a festejar con globitos una vez al año. Una generación, por lo tanto, que no carga con rencores ni considera la cosa esa de la «memoria histórica» como una razón para tumbarse en el diván del psicoanalista en busca de terapia. Una generación, en suma, enormemente fatigada por la eterna presencia de los espectros guerracivilistas –nuestros fantasmas de Canterville, nuestro «poltergeist» político– en el debate nacional, en una dialéctica de partidos incapaz de renovarse para ingresar por fin en el tiempo actual. Dicho en plata, las batallitas del abuelo son un coñazo, y desde luego no vamos a seguir librándolas nosotros, citados como lo estamos con los desafíos de nuestro propio tiempo, que empieza con la caída del Muro y con los atentados de Manhattan, y emancipados de la galería de retratos de los antepasados.
Ahora hay un intento de conceder importancia en el debate nacional a una estatua de Franco que todavía sobrevive en Madrid. Y que a uno le queda tan ajena, tan lejana, tan pasada como la de Espartero, que ni el interés del tamaño de los huevos del caballo tiene ya, porque creo que se los redujeron o acaso pasé por ahí un día que hacía frío. Que la dejen o que la derriben, esa estatua de Franco, qué más da. Porque la cuestión, al igual que las excavaciones de las fosas o las exigencias periódicas de perdón, no es sino un pretexto para intentar mantener vigente un rencor que no debiera desbordar ya las enciclopedias pero que la dialéctica de los partidos necesita preservar para poder usarlo como arma arrojadiza. Y así, en mi generación se instala la sospecha de que nuestro pensamiento político, sobre todo el de la izquierda, lastrado de anacronismos, incapaz de sustituir por otras las banderas perdidas y las utopías fracasadas, no es capaz de descifrar un tiempo nuevo, el nuestro, el que nos toca sacar adelante.

Artículo de Pérez Reverte, Octubre 2004
Que sí, hombre. Que sí. Me parece de perlas. A ver por qué diablos se han mosqueado algunos carcamales por el hecho de que el cabildo de la catedral de Santiago de Compostela, con buen criterio y admirable visión de la coyuntura, anuncie la retirada de la belicosa imagen del apóstol Santiago escabechando morisma: una talla de madera policromada del siglo XVIII en la que, con absoluto desprecio hacia la realidad multicultural, el respeto a la totalidad de etnias y la verdadera misión de los ejércitos españoles, que es hacer de oenegés y de Beba la Enfermera poniéndole tiritas a la gente cuando se hace pupa, representa al Hijo del Trueno en actitud neonazi, espada en mano, ejerciendo intolerable violencia racial contra el colectivo magrebí que en el siglo IX se buscaba la vida en Clavijo. Ya era hora, aplaudo, de que alguien pusiera coto a esa provocación. Gesto que estoy seguro responde a causas éticas -al fin la Iglesia Católica ha visto la luz, después de tantos siglos pidiendo leña y cajitas de fósforos- y no a la egoísta preocupación ante la posibilidad de que un peregrino chungo llamado Ornar o Ali, por ejemplo, al grito de Alá Ajbar, meta una mochila bomba debajo del botafumeiro y nos fastidie el Jacobeo. Es más. Creo que al hilo de esa admirable iniciativa, el nombre de Santiago Matamoros que figura en tantos textos seculares y en tanto monumento, debe ser reescrito de forma conveniente. Santiago Matamagrebíes suena menos ofensivo y más socialmente correcto. Porque una cosa es explotar a mis primos por cuatro duros y llamarlos moromierdas por la calle, y otra herir su sensibilidad sensible con iconografía fascista. Ojo. Por eso, puestos a mejorar el ambiente, estoy dispuesto a ir más lejos. Para radical, yo. Así evitaré cartas como la última, en la que un lector imbécil me llama de derechas porque hace semanas critiqué la eliminación del yugo y las flechas, sin caer en la cuenta, el analfabeto, de que yo no me refería al emblema falangista, sino al Tanto monta, monta tanto de Isabel, reina de Castilla, y Fernando, rey de Catalunya, antes absurdamente llamado rey de Aragón.
Pero a lo que iba. Decía que lo de quitar a esa mala bestia asesina del apóstol Santiago dando mandobles debe hacerse no sólo en Compostela, sino en todas partes: el palacio Rajoy, la ciudad, el Camino, etcétera. Y puestos a ello, a fin de mantener las sensibilidades musulmanas en estado razonable,sugiero eliminar también las cadenas que figuran en el escudo de España y en el de Navarra, pues conmemoran otras cadenas aciagas: las que rodeaban la tienda del Miramamolín -Al Nasir para los amigos- aquel año 1212 en que los almohades se llevaron las suyas y las de un bombero en las Navas de Tolosa.
En la misma línea sería aconsejable, asimismo, eliminar la granada del escudo español, por razones obvias: ese Boabdil llevado llorando a la frontera entre tricornios de guardias civiles, como el Lute. Y ya puestos a meter mano al escudo, sería bueno revisar las dos siniestras columnas del Plus Ultra, con sus connotaciones de genocidio y limpieza étnica, que a cualquier mejicano o peruano deben de ofenderle un huevo y parte del otro.
Sin olvidar un buen trabajo de piqueta en los escudos imperiales del siglo XVI donde campea el águila bicéfala franquista.
La tarea es vasta, pero necesaria. Esa Rendición de Breda, por ejemplo, donde Velázquez humilló a los holandeses. Ese belicista Miguel de Cervantes, orgulloso de haberse quedado manco matando musulmanes en Lepanto. Esa provocación antisemita de la Semana Santa, donde San Pedro le trincha una oreja al judío Malco en claro antecedente del Holocausto. Y ahora que Chirac nos quiere tanto, también convendría retirar del Prado esos Goya donde salen españoles matando franceses, o los insultan mientras son fusilados. Lo chachi sería crear una comisión de parlamentarios cultos -que nos sobran-, a fin de borrar cualquier detalle de nuestra arquitectura, iconografía, literatura o memoria que pueda herir alguna sensibilidad norteafricana, francesa, británica, italiana, turca, filipina,azteca, inca, flamenca, bizantina, sueva, vándala, alana, goda, romana,cartaginesa, griega o fenicia. A fin de cuentas sólo se trata de revisar treinta siglos de historia. Todo sea por no crispar y no herir. Por Dios.Después podemos besarnos todos en la boca, encender los mecheritos e irnos juntos y solidarios, a tomar por saco.

Los parlamentarios de la Comisión de Libertades han dado al traste con un principio democrático fundamental. No han reprobado a Buttiglione por su gestión política sino por sus ideas. Buttiglione,antes que político fue filósofo. Un filósofo católico, especialista
en Hegel, que no se avergüenza de su fe que durante años se dedicó a la doctrina social. El designado comisario hizo hace unos días unas declaraciones en las que aseguró que la homosexualidad era pecado, unas declaraciones en las que defendió la posición de la Iglesia
sobre el matrimonio. Franqueo la línea de lo políticamente correcto.
Muchos medios de comunicación se le echaron encima señalándole como apestado. Ya es una grave pérdida de libertad que en este comienzo del Siglo XXI el sistema cultural dominante no permita decir determinadas cosas sin ser censurado. Pero esa falta de libertad se
hace intolerable si llega a cambiar uno de los principios fundamentales del sistema político occidental. Democracia significa que nadie puede ser reprobado por sus ideas. Y ha llegado el extraño momento en el que se puede defender cualquier postura ideológica, pero a los católicos le es vedado expresar sus convicciones.
Sólo el clima moralismo asfixiante permite interpretar las palabras de Rocco Buttiglione como una declaración discriminatoria. El filósofo Buttiglione todos los días se confiesa pecador. En la tradición cristiana la palabra pecado siempre se pronuncia junto a la palabra misericordia. Pero eso ya no lo comprende un mundo que sólo incrimina
Por Juan Manuel de Prada
ABC (02/10/04, 08.41 horas)
PARECE que la reforma que se introducirá en el Código Civil para torcer el lenguaje y encajar el llamado -con flagrante oxímoron- «matrimonio homosexual» permitirá a los nuevos contrayentes adoptar niños. De este modo, España, con esa premura propia del cagaprisas o el advenedizo, propone una revolución legislativa que otros países con una más larga trayectoria de reconocimiento de los derechos civiles de los homosexuales no se han atrevido a abordar. España se incorpora así a ese grupo de países pioneros o tarambanas (depende del cristal con que se mire) que se han convertido en laboratorios sociales; países, por cierto, cuya historia reciente está signada por la inanidad y el acomodo al viento que sopla (recordemos, por ejemplo, el pedazo de resistencia que Holanda y Bélgica ofrecieron a la invasión nazi). Convendría especificar que la adopción no es un «derecho de los homosexuales», como algunos analfabetos jurídicos proclaman, ni tampoco de los heterosexuales, sino una institución creada en beneficio exclusivo de la infancia desvalida.
Cuando uno viaja a ciertos países hispanoamericanos y es asaltado por niños huérfanos, rebozados de mugre, atónitos de dolor, que mendigan y merodean la delincuencia y se prostituyen, resulta muy difícil oponerse tajantemente a que los homosexuales adopten niños. Francamente, entre un niño abandonado a su suerte y un niño atendido por una pareja de hombres que le dispensan su cariño, me quedo con la segunda alternativa: es cierto que ese niño nunca tendrá una madre en el sentido estricto y cabal de la palabra; pero del otro modo quizá no tenga futuro, ni posibilidad de redención. Por lo demás, todos sabemos que la legislación actual permite que los homosexuales adopten, siempre que presenten su solicitud en solitario, y no como pareja constituida. Nadie discutirá que lo idóneo para un niño es disponer de un padre y madre de sexos diferenciados; pero entre esa posibilidad ideal y una aciaga condena a la orfandad y el desamparo, prefiero que el niño disponga de dos padres o dos madres. Se trata de un criterio puramente pragmático.
La reforma legal que se nos avecina plantea, sin embargo, algunos dilemas morales y problemas jurídicos irresolubles que delatan la impremeditación con que obra nuestro Gobierno, tan pionero o tarambana. En el orden moral (y utilizo aquí esta palabra en su sentido más etimológico de «relativo a las costumbres»), a nadie se le escapa que la homosexualidad, más allá de sus peculiaridades genéticas, incorpora un componente cultural: aquellas sociedades que, a lo largo de la Historia, se han mostrado más permisivas con su práctica, han sido las que han albergado, a la postre, mayor número de homosexuales. La sexualidad es, por supuesto, un impulso natural y primigenio, pero modelado por el medio cultural. Un niño que se cría entre homosexuales, ¿no está siendo incitado a imitarlos? Promover una reforma legal sin plantearse siquiera esta cuestión ni promover su debate se me antoja insensato. También lo es que el Gobierno no haya reparado en que la inmensa mayoría de niños que se ofrecen en adopción en España proceden de países cuyas legislaciones no admiten que los llamados «matrimonios homosexuales» los adopten. Mucho me temo que esta reforma que el Gobierno se ha sacado de la manga para dárselas de moderno acabe, en su imprevisión, perjudicando a quienes pretendía beneficiar. Quizá las parejas homosexuales, cuando descubran que no pueden adoptar niños porque las legislaciones de sus países de origen no lo permiten, acaben divorciándose por la vía exprés para poder hacerlo. Sería el irónico colofón de una reforma promovida por un Gobierno que -como Baltasar Gracián reprochaba a la mujer- «primero ejecuta y después piensa».
¡Cómo cambian las cosas! DEMOCRACIA Y GUERRA
Artículo de JUAN LUIS CEBRIÁN en "El País" del 23-5-99
Reconozco que me encuentro abrumado por los descubrimientos que algunos comentaristas ponen últimamente de relieve en los periódicos y las radios. A saber: que las guerras matan y que en ellas muere gente inocente. A partir de tan novedosas iluminaciones, no son pocos los que reclaman con urgencia el fin de los bombardeos aliados sobre Serbia y Kosovo, sin condición previa alguna, para dar paso a una solución política o diplomática del conflicto. Algunos de estos predicadores me recuerdan a la imagen del cartujo evocada por Don Quijote cuando señalaba "que los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la tierra, pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden... y como las cosas de la guerra no se pueden poner en ejecución sino sudando, afanando y trabajando, aquellos que la profesan tienen mayor trabajo que aquellos que en sosegada paz y reposo están rogando a Dios favorezcan a los que poco pueden".
En efecto, es fácil, y sale gratis, condenar la inutilidad de los bombardeos, criticar los errores en las operaciones y, como consecuencia, solicitar el inmediato alto el fuego, pase lo que pase después. Pero ésta es una de esas circunstancias en las que nuestras emociones difícilmente casan con nuestros análisis, por lo que nos vemos obligados a una dolorosa elección, bien que la hagamos todos como los cartujos, tranquilamente arrellanados en el sofá de nuestro cuarto de estar, cenando ante el televisor mientras contemplamos horrorizados, entre cucharada y cucharada, el exterminio étnico de los albano-kosovares, la extensión de las plagas en los campos de refugiados, el dolor de los heridos en los bombardeos, la destrucción y el fuego de los ataques de la OTAN, todo ello envilecido por la manipulación política y por nuestra propia facundia de improvisados monjes, dedicados a darnos golpes de pecho ante el altar del televisor.
Al fin y al cabo, podemos pensar, tampoco los soldados de hoy son esos aguerridos y quijotescos caballeros que padecían por "lo más trabajoso y más aporreado, y más hambriento y sediento, miserable, roto y piojoso" de las guerras, sino que se asemejan a los burócratas de cualquier especie. Un piloto de combate de nuestros días es lo más parecido a un oficinista, y he de decir que esta metáfora se la debo en parte a Santiago Carrillo. Se levanta el aviador de buena hora, da un beso a su mujer y lleva los niños al colegio, antes de presentarse en la base. Luego agarra el avión, se da una vuelta por Serbia, lanza unos cuantos misiles, destruye un par de puentes o un pabellón de cualquier embajada amiga, y vuelve a casa para la hora de cenar. De modo que la guerra no es lo que era, salvo en lo que atañe a las víctimas. Ha perdido prestigio, y algunos creen que eficacia. Razones añadidas, piensan muchos, para que ésta se acabe cuanto antes.
Cuanto antes es preciso acabarla, desde luego, pero no como sea. La acumulación de errores de los aviadores aliados, la obstinación de Milosevic, el horror de la sangre vertida, y nuestra voluntad de que no se nos atragante el postre por culpa del telediario no pueden llevarnos a conclusiones precipitadas que sólo sirvan para amparar nuestra buena conciencia de ciudadanos amantes de la paz. El fin de toda guerra es precisamente la paz, pero una paz duradera, estable y justa, antes que nada para los que padecen en su propia carne el conflicto. No vaya a ser que por lograr la paz en los corazones atormentados de los ciudadanos occidentales contribuyamos a la masacre definitiva de pueblos enteros que se juegan, simple y llanamente, su supervivencia física.
Éstas que siguen son algunas reflexiones que, desde la duda y el divorcio moral que a cualquier ciudadano corriente le produce una situación de violencia, me parece oportuno hacer. No son todas las que se me ocurren ni, me temo, servirán gran cosa para despejar el encono de los ánimos. Creo, no obstante, que contribuir a un debate tan delicado como el que la situación demanda es, ya, una obligación cívica, por confusos que nos podamos hallar en muchos aspectos.
1.- La nueva guerra de los Balcanes no ha sido desencadenada por los países aliados, sino por Milosevic. No comenzó hace dos meses, sino hace ocho años, con el programa de limpieza étnica y de creación de la Gran Serbia que el autócrata lanzó, ante la pasividad culpable de las democracias occidentales. La intervención aliada en Kosovo se ha producido después de soportar la amarga experiencia de Bosnia-Herzegovina y de inútiles intentos negociadores, gestiones diplomáticas y pactos imposibles. También se ha llevado a cabo tras las demandas, a veces angustiosas, de líderes intelectuales de la comunidad internacional que se espantaban de la parálisis de Occidente ante las matanzas, violaciones, abusos y vejaciones de todo tipo ejercidas por los nuevos señores de la guerra de los Balcanes: Milosevic, Karadzic, Cosic, Arkan y tantos otros.
2.- Los bombardeos aliados no han podido sorprender a nadie. Durante meses, la OTAN advirtió a Milosevic de que pasaría a la acción si no aceptaba las condiciones mínimas impuestas en Rambouillet, tendentes a garantizar una cierta estabilidad en la zona. No hubo entonces protestas de Rusia, ni de otras potencias, ni los cartujos de turno entonaron sus preces, como también se echaron en falta las manifestaciones, los duelos y los ruegos por el genocidio constante y sistemático de los musulmanes kosovares a manos de las milicias y la policía serbia.
3.- Desde un punto de vista democrático, la neutralidad o la equidistancia no son admisibles en la confrontación, aunque uno pueda rechazar los métodos empleados. No es necesario dividir el mundo entre buenos y malos, ni es eso a lo que me refiero, para aceptar que la intervención aliada se ha hecho en nombre de casi una veintena de países democráticos, defensores de los derechos humanos y de las libertades individuales, con la sola excepción del régimen turco. Este detalle es frecuentemente olvidado por quienes reivindican el protagonismo de las Naciones Unidas y se lamentan por la ilegalidad de la intervención.
El papel de la ONU debe ser potenciado, pero es imposible desconocer sus recientes fracasos como mediadora en los conflictos, la farsa que encierra la vigencia del derecho de veto en el Consejo de Seguridad, la asimetría interna y externa de los regímenes y gobiernos allí representados, y la predominancia en su seno de los comportamientos burocráticos. Las propias carencias puestas de relieve por ACNUR, a la hora de manejar el problema de los refugiados kosovares, permiten dudar de la eficacia de la Organización de las Naciones Unidas para solucionar situaciones como la actual, independientemente de lo deseable de su contribución. El que instituciones todavía menos representativas de la comunidad internacional que la propia OTAN, y no creadas para circunstancias de este género, como es el G-8, hayan sido elegidas como marco de negociación y entendimiento con Rusia es otro hecho expresivo de la necesidad de una reforma en profundidad de la ONU.
4.- La suposición de que la intervención aliada se ha llevado a cabo por motivos no exclusivamente humanitarios -tal y como éstos son comúnmente entendidos- es más que plausible, pero eso no la deslegitima necesariamente. Europa continúa digiriendo con dificultad los resultados de la caída del muro de Berlín y la reunificación alemana. La incapacidad de nuestros gobiernos para establecer una autoridad internacional que garantice la estabilidad en el continente y aporte seguridad y tranquilidad a los países del centro y del sur del mismo, recientemente incorporados a la democracia, es lamentable. Pero nuestras quejas no bastan para poner orden. ¿Cómo garantizar a las minorías, religiosas, étnicas o lingüísticas, su pervivencia en el marco de una Europa democrática frente a la agresión de los nuevos dictadores? En ocasiones sólo el empleo de la fuerza puede disuadir a los criminales de sus acciones, y castigarlos si se obstinan en ellas.
Pero Europa hace mucho que abdicó de ser ella quien administrara esa fuerza en su propio territorio, descansando su empeño en el músculo americano. No se puede anatematizar a éste por su acción y, al mismo tiempo, no dar un solo paso para sustituirlo. Si los europeos somos incapaces de poner orden en Europa, alguien tendrá que hacerlo.
5.- Esta guerra debe acabar cuanto antes y es plausible que no sea con una victoria total de la OTAN, como el propio presidente Clinton declina ya intentar. Pero si la OTAN sale seriamente dañada, en su prestigio, en su operatividad y en su eficacia, frente a las opiniones públicas de los países integrantes de la Alianza, el modelo democrático se verá perjudicado. Son muchos los pueblos que se miran en el espejo de las naciones europeas, como un ejemplo de prosperidad económica, libertades individuales, gobierno de mayorías y respeto a las minorías. Millones de ciudadanos, en Europa y fuera de ella, aspiran a seguir el camino de esos países que, pese a tantas guerras, conflictos y divisiones como han padecido, mantienen la bandera de la tolerancia cívica, el diálogo, el mestizaje y el derecho a la diferencia, en un régimen de igualdad ante la ley.
De la solución que se dé a este conflicto, de cuáles sean las condiciones de la paz, depende no sólo el destino inmediato de millones de kosovares y serbios sino, en gran parte, el futuro de la democracia en el mundo.
Estos son, a mi juicio, algunos puntos, quizá no muy novedosos, quizá en exceso polémicos, sobre los que no me parece innecesaria la insistencia mientras los bombardeos se prolongan. El conflicto de Kosovo posee muchos más perfiles, entre ellos el nada desdeñable del análisis del papel de los nacionalismos en las confrontaciones armadas entre los pueblos. La prudente advertencia, hecha por tantos líderes españoles, de que "aquellos nacionalismos nada tienen que ver con los nuestros" me parece bien desde el punto de vista de lo políticamente correcto, aunque las raíces del nacionalismo sean siempre las mismas: exclusión, discriminación, sometimiento a la tribu. Por lo demás, sea cual sea el desarrollo y conclusión de las operaciones bélicas, ya es seguro que los Balcanes van a albergar durante años una fuerza de ocupación internacional muy superior a la que hasta ahora han recibido. No puede decirse que esto sea un éxito de nadie, aunque puede augurarse que tranquilizará a no pocos millones de centroeuropeos no directamente envueltos en la confrontación.
Hay quien piensa que es exagerada la comparación, por lo demás frecuente, entre Hitler y Milosevic, y que es imposible imaginar que el dictador yugoslavo amenace, como los nazis hicieron, las democracias europeas. Sin embargo, cuando menos podemos concluir que el suyo no es el mejor ejemplo para las democracias nacientes en los países antes gobernados por regímenes comunistas. Por eso, desde la inevitable duda, en medio de la lucha entre razón y sentimientos que la apelación a la fuerza supone para las actuales generaciones de europeos, merece la pena recordar lo escrito por Bertrand Russell en 1941: "Llegó un momento que resultó evidente que Alemania destruiría la independencia de las democracias una por una si éstas no se combinaban en la defensa armada. Desde ese momento, la única esperanza para la democracia era la guerra".
Palabras duras de leer para quienes abominamos de la violencia porque nos recuerdan que, desgraciadamente y hasta hoy mismo, forma parte de la condición humana.